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Los devotos de la panza de burro disfrutan de un verano dispar en Las Canteras

Los vecinos de la capital grancanaria aprovechan el fin de semana para darse un baño en la playa pese a las nubes bajas que se asoman en el horizonte

Benyara Machinea

Benyara Machinea

Las Palmas de Gran Canaria

El verano no empieza en Las Palmas de Gran Canaria hasta que una densa cubierta de nubes bajas se asienta en los tejados de la ciudad y amenaza con arruinar los días de playa de alguna que otra familia. La panza de burro es uno de los grandes protagonistas de este sábado en el norte de Gran Canaria y ha servido a ratos de paraguas para mantener a raya los termómetros. Este fenómeno meteorológico tan frecuente en los meses de julio y agosto no suele ser recibido con los brazos abiertos, pero siempre queda algún devoto que agradece tener un respiro del sol abrasador y de los tumultos de bañistas y toallas.

"¡Qué viva la panza de burro!", exclamaba ayer desde una silla de plástico Santiago Cabrera, un vecino del barrio de Alcaravaneras que aprovecha prácticamente cada día bueno "y no tan bueno" para tomar el sol en la playa de Las Canteras junto a su marido, Sebastián Pérez. Aunque este último es más friolero y le cuesta entrar al agua cuando ve que el día está encapotado, Cabrera agradece "que esté así, nublaíllo" porque hay menos personas en las playas y están "más relajados y tranquilos a la hora de leer". El único problema, añade Pérez, es que esas nubes también dejan pasar los rayos ultravioletas y, cuando vuelven a casa y se miran al espejo, se ven "todos rojos".

"La panza de burro es un buen invento de aquí de Las Palmas de Gran Canaria. Se están sobrevalorando y vendiendo estas playas de una forma con la explotación turística y las viviendas vacacionales que seguramente dentro de muy poco nos veremos como en Benidorm levantándonos a las 5 de la mañana para colocar las sombrillas y conseguir una plaza", expresó Cabrera. El bañista incide en que "esta playa tiene un cupo limitado y no se puede masificar como lo están haciendo ahora".

Algunos locales creen que es "un buen invento" para controlar la masificación

Los termómetros del paseo de Las Canteras marcaban 27 grados a las doce del mediodía y los viandantes paseaban ataviados con gorras y unas gotas de sudor en la frente por la sensación de bochorno, si bien el clima de la ciudad se alejó de las máximas de 35 grados que alcanzaron el sur y las cumbres de la Isla. El tono gris en el cielo hacía que el paisaje se asemejara a una mancha borrosa, pero aun así muchos decidieron plantar sus toallas y aprovechar que la ligera lluvia presente casi toda la semana había desaparecido.

Vista aérea de la panza de burro sobre la ciudad.

Vista de la panza de burro sobre la ciudad. / José Carlos Guerra

"Yo vengo todos los días, aunque llueva, porque hay que mover los pies", aseguró María José, una jubilada que vive a pocos metros de la playa pero prefiere no revelar su apellido porque ahí la "conoce todo el mundo". Nació en Lugo, aunque se considera canaria porque lleva más de 60 años viviendo en las Islas. "Desayuno con gofio. Mi padre tenía aquí la base de su trabajo y, cuando se casó con mi madre, se vinieron para acá y ya no volvieron más", asegura. Junto a un grupo de más de 20 amigos va tan seguido a Las Canteras que tiene un espacio en la arena que es "suyo".

Sustos con el "chispi chispi"

La vecina de Guanarteme asegura que los turistas que vienen por primera vez a Canarias y se encuentran con este fenómeno meteorológico "están todos asustados", especialmente con el "chispi chispi" que ha venido repitiéndose esta semana. "Se agradece que la playa esté más vacía estos días, más tranquila, y no molestas a nadie", añadió.

Entre los que trabajan en la cala también es un alivio contar con unos días de respiro en medio del clima veraniego. "Para trabajar obviamente es más cómodo porque hay menos gente y te gestionas mejor el día. Aquí lo más chungo siempre es el sol y cuando empieza a subir tanto el calor te puede molestar un poco", afirmó Diego Toledo, que trabaja los fines de semana en uno de los puestos de hamacas.

Otros bañistas prefieren el clima del sur y deciden no salir cuando ven el cielo encapotado

Adrián Rodríguez y su familia aprovecharon para apuntar a los más pequeños a uno de los talleres del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en el que aprenden a practicar paddle surf y otras actividades acuáticas: "A ver quién se los lleva después". En su caso, las nubes bajas no le hacen tanta gracia como a otros bañistas y admite que, como vienen desde La Feria, cuando ven "desde arriba que hay panza de burro" no van a la playa.

Contraste con el sur

Los vecinos de Guanarteme están acostumbrados a ignorar el cielo encapotado y darse un baño haga el tiempo que haga, como es el caso de David Antunes. "Si es verdad que el bochorno que hace no es lo más cómodo del mundo y se agradecerían un par de rayitos de sol ahora que estamos de vacaciones, pero la ventaja que tenemos es que si queremos asarnos nos vamos al sur y si no nos quedamos aquí en Las Palmas", indicó el bañista.

Por el contrario, Juan Dimas, natural de Valladolid, conoció por primera vez qué es la panza de burro en este viaje. Se extrañó cuando venía por la carretera del sur con un paisaje despejado y se encontró al llegar a la capital con una manta de nubes, por lo que su pareja, Carmen Rodríguez, se ocupó de explicarle en qué consistía. "Ha hecho muchísimo calor estos días, pero nos ha caído alguna gota cada vez que hemos salido a la calle", aseguró la mujer, que como vecina de la capital está acostumbrada al clima del norte de la Isla.

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