Análisis
Parque del Guiniguada: aún estamos a tiempo
Dar marcha atrás a un concurso público es muy complejo, pero si desconvocar no fuera posible, sería factible, al menos, modificar los plazos y alguna de las bases

Vistas de la desembocadura del barranco Guiniguada. | | / Andrés Cruz
Isabel Corral
«Afortunadamente grabamos el murmullo del río antes de
entubarlo»
Andrés Rábago, ‘El Roto’
Muchos aquí también lo grabaron, en su memoria. La recuperación del cauce urbano del Guiniguada, cubierto por el tramo final de la Autovía Gran Canaria 110, es desde hace años objeto de encuentros organizados por el Gabinete Literario con la colaboración, entre otras entidades, de Editorial Prensa Canaria y la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. En la web del Gabinete se pueden consultar detalles de las intervenciones, a las que he sido invitada en alguna ocasión para hablar del ‘Proyecto Guiniguada: la estrategia del parque para la rehabilitación del paraíso’ (Feder Art. 10).
Es imposible en este espacio hacer referencia a todos los artículos publicados sobre el barranco, pero voy a recordar algunos datos y a extractar algunas citas. Por ejemplo, que el Cabildo de Gran Canaria incluyó en el vigente Plan Insular de Ordenación (PIO) la posibilidad de retirar la losa del Guiniguada y que diecisiete instituciones, entre ellas el Colegio Oficial de Arquitectos de Gran Canaria, apoyan la propuesta (LA PROVINCIA/DLP, 24 y 30 de agosto de 2023). Juan Palop, arquitecto y urbanista, afirmó en su momento que «a lo mejor ese barranco abierto ayudará a aminorar los impactos del cambio climático» (LA PROVINCIA/DLP, 26 de agosto de 2023).
El periodista Javier Durán, al hablar sobre el cambio recogido en el PIO, escribió por su parte un «aviso a navegantes para los que se contentan con una idea blanda» (LA PROVINCIA/DLP, 3 de septiembre de 2023). «Un concurso de ideas no es lo más participativo, aspirar a convencer a un jurado no me parece que sea el esfuerzo a realizar», escribía el ingeniero José Francisco Henríquez (LA PROVINCIA/DLP 09-09-23). ‘La herida del Guiniguada: historia de una promesa incumplida’, titulaba el también periodista David Ojeda otra contribución suya en la que incluía unos versos publicados en 1975 en Diario de Las Palmas por Gelucha Iglesias de Molina: «Ya no me alegras la vista barranco del Guiniguada / Tantos años de vecinos y ahora esa sepultura extraña» (Canarias 7, 16 de junio de 2024).
Y con esta sepultura seguimos. Tras la publicación de mi artículo «El parque del Guiniguada» (Canarias 7, 25 de junio de 2024), arquitectos, biólogos, geógrafos, historiadores, periodistas y profesionales de otros campos me han expresado su acuerdo con un contenido que se resume en la solicitud al ayuntamiento de que retire el concurso para el Paseo Guiniguada de la Cultura y de las Artes Canarias. Y debo decir que no me extrañan las adhesiones porque lo esencial ya ha sido bastante mejor dicho por otros. Sea como fuere, si de verdad queremos descubrir y regenerar el cauce urbano del barranco es imprescindible que toda persona u organización que tenga algo que aportar, aunque ya esté dicho, lo exponga públicamente de nuevo. Las circunstancias actuales así lo requieren.
Lo han hecho ya José Francisco Henríquez, quien bajo el título ‘El Paseo de la Cultura y las Artes donde antes estaba el Guiniguada’ escribe que «ese barranco no está solo enterrado sino también tapiado al llegar al mar» (LA PROVINCIA/DLP, 30 de junio de 2024); Octavio Utrera, manifestando que «deben primar la geografía y la ecología, la historia, la identidad urbana y la memoria colectiva», en su artículo titulado ‘Guiniguada, barranco de’ (Canarias 7, 30 de junio de 2024), o Ramón Falcón quien en «Verde que te quiero verde» (Canarias 7, 2 de julio de 2024) habla sobre la futura «alfombra verde de 12 kilómetros» que el ayuntamiento capitalino ha decidido sacar a la luz estos días para «renaturalizar» parte del barranco de Tamaraceite, y que inevitablemente he relacionado con lo que se pretende con el concurso para el Guiniguada.
También merece la pena prestar atención al artículo de Joan Lluis Ferrer, ‘Ciudades que quitan el asfalto para vivir mejor’ (LA PROVINCIA/DLP, 30 de junio de 2024), en el que escribe que «la humanidad parece haberse dado cuenta de que el hormigón y el asfalto a veces dan más problemas de los que solucionan». Es frecuente leer que especialistas en temas ambientales y sobre el cambio climático opinan que levantar el asfalto de cauces urbanos es una excelente opción para ayudar a que la naturaleza acompañe la vida humana. Y en el Guiniguada, la viabilidad de «deshormigonar» debería ser estudiada para poder volver a algún vacío ante tanto lleno.
Lo comenté también en la intervención a la que me invitó Evaristo Quintana en su programa El Drago de la cadena Ser. En ella manifesté una cuestión que creo evidente para cualquier vecino o paseante: ¿por qué no puede verse el mar en la desembocadura del barranco? Ciertamente, el agua ya no corre por el Guiniguada como antaño, pero me hago eco de lo dicho por algunos expertos y puede que en el futuro esté de nuevo presente porque serán las aguas del mar las que entren. Además, cauces urbanos, secos normalmente, pueden seguir albergando un ecosistema con la ayuda de la población y de la cambiante climatología.
Santiago Martín Barajas, uno de los artífices de la renaturalización del Río Manzanares, explica, en el artículo de José J. Jiménez titulado ‘Guiniguada: de paraíso posible a cuarto trastero de Gran Canaria’ (Canarias Ahora, 4 de febrero de 2023), que «en España hay unos 3.000 kilómetros de cauces protegidos. Canarias es la única comunidad autónoma que no cuenta con un solo metro reconocido. Y La Comisión Europea ha preguntado a España el porqué. Con una gestión hídrica consecuente, la recuperación del barranco seria espectacular y mucho más rápida de lo que nos podemos imaginar».
Soy consciente de que dar marcha atrás a un concurso público es muy complejo, a no ser que la administración convocante repare en lo inoportuno de la convocatoria. De ocurrir, antes de cualquier nuevo concurso, lo ejemplar, para dar cabida a una toma de decisiones participativa, sería organizar una exposición «entre puentes» y sacar a la luz pública todo estudio o propuesta que se haya realizado para revertir lo provocado por el atropellado desarrollo de unos tiempos que solo miraban a algún hoy sin futuro.
Pero si desconvocar no fuera posible a estas alturas, ni siquiera porque las fechas y alguna de las condiciones de la convocatoria no son las más propicias para la participación de profesionales locales expertos en el objeto del concurso, sería factible, al menos, ampliar los plazos y modificar alguna de las bases. A este respecto, me atrevo a sugerir lo siguiente:
- 1. Ampliar el plazo de presentación de propuestas hasta finales de septiembre, es decir, pasado el periodo vacacional.
- 2. Dejar abierta la posibilidad de que la propuesta conlleve desenterrar el tramo urbano del cauce, es decir, eliminar el asfalto y naturalizarlo, conectándolo así con el resto de la cuenca del barranco (25 km de cumbre a mar), evitando con ello una «nueva frontera» poco antes del Rectorado de la Universidad de Las Palmas.
- 3. Modificar el ámbito de actuación, directa e indirecta, teniendo en cuenta los barrios y zonas que rodean al Guiniguada, en especial Vegueta, Triana y los Riscos históricos, sin olvidar que en «un paseo agrícola», paisajístico, de poco más de dos kilómetros desde la Catedral de Santa Ana se encuentran las Cuevas de Niz, un enclave singular para algún equipamiento sociocultural contemporáneo.
- 4. Eliminar la propuesta de erradicar el arbolado centenario existente, puesto que los eucaliptos, por ejemplo, solo se incluyen como «invasores» cuando su destino es la explotación forestal, pero no en jardines, plazas, etc.
Tenemos no solo el derecho sino también la obligación de conocer y opinar sobre las alternativas de transformación de la Isla, en este caso de un barranco que cruza, en su desembocadura, el centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria. Por ello, como ya dije en mi anterior artículo, entiendo que el ayuntamiento capitalino debía haber generado un debate ciudadano antes de convocar un nuevo concurso. Considero que, aún, estamos a tiempo de hacerlo.
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