Fiestas de San Lorenzo | La noche de los fuegos
La magia de San Lorenzo surte efecto
Tras otro año sin fuegos por el riesgo de incendio que sofocó a las Islas el verano pasado, la exhibición de pirotecnia ha vuelto a iluminar el cielo del barrio
Álvaro Minaya
La emoción de los vecinos de San Lorenzo está a flor de piel. Como si de un deja vú se tratara, otro año más, se retoma el espectáculo pirotécnico después de varias complicaciones. Si en 2022 regresaron tras el parón de la pandemia, estas Fiestas Patronales lo hacen tras la cancelación por riesgo de incendió que atemorizó a Canarias el verano pasado.
Tras cuatro cancelaciones desde el inicio de la pandemia del coronavirus, la magia de San Lorenzo volvió a recorrer las calles del pueblo y a iluminar el corazón de todo el vecindario. El acto vandálico de la madrugada del jueves no impidió que los festejos se celebraran.
Nombrados Fiesta de Interés Turístico Regional, los fuegos son, junto con el Carnaval, las celebraciones más importantes de Las Palmas de Gran Canaria. Su trascendencia radica no solo en la cantidad de personas que disfrutan cada edición de su ambiente, sino también en lo que han aportado al legado histórico de la ciudad. Desde mediados del siglo XIX, son muchos los grancanarios que se desplazan al barrio de San Lorenzo para disfrutar de la demostración pirotécnica.

La magia de San Lorenzo surte efecto | JUAN CARLOS CASTRO
Juan José Laforet, cronista de la ciudad, recuerda que el extinto diario local El País, «uno de los primeros periódicos de Gran Canaria», menciona desde bien entrada la década de 1860 la puesta en marcha de «los tradicionales fuegos de San Lorenzo». «La costumbre de celebrar con fuegos de artificio no es invento moderno, sino muy antigua», afirma. «Es lógico que la costumbre se introdujera recordando el martirio y muerte del patrón del pueblo». Laforet destaca 1939, año en el que el pueblo se une oficialmente al municipio de Las Palmas de Gran Canaria. Poco después, durante la posguerra, «comenzó la moda de los pregones con la Semana Santa, el Día del Pino y los festejos de San Pedro Mártir y de San Juan», hasta llegar a las Fiestas Patronales de San Lorenzo.
Entre las efemérides de la historia reciente de las fiestas, resalta la importancia de Antonio Martel, «un hombre muy dinámico que potenció la fiesta introduciendo las galas» y que fue homenajeado con una calle a su nombre, «al lado de la iglesia».
En 1984, «una fecha memorable», el cronista tuvo el honor de impartir «la lección histórica de la parroquia» por su 300º aniversario. El reconocimiento del complejo parroquiano como templo independiente por parte del obispado de Canarias, «fue una lucha histórica del pueblo».
El aprecio por la historia de esta festividad siempre ha estado presente. Son muchos los mayores que recuerdan con nostalgia su juventud bajo el destello de los fuegos artificales. Mari Carmen Nuez, de 58 años, vive en Siete Palmas y, desde hace 24, viene a casa de su cuñada Sandra Ojeda para disfrutar de los fuegos. «Los vemos desde la misma casa o salimos fuera», aclara. Le impresiona «lo grandiosos que pueden ser al verlos tan de cerca». Se pregunta que «cómo es posible que de algo tan ‘pequeñito’ pueda surgir tanta belleza» en cuestión de segundos.

La magia de San Lorenzo surte efecto
Los más jóvenes tampoco se quieren perder el momento más deseado de las fiestas. Ariel Segura, de 29 años graduado en Composición en el Conservatorio, además de estudiante en Pedagogía Musical, cuenta que vino a San Lorenzo con cinco ‘añitos’. «Todavía me acuerdo de ver los fuegos a esa edad», dice. Para él, ver los fuegos es «algo impresionante e hipnótico, pero que, a la vez, le da respeto. Y es que, al estar tan cerca de la explanada, «los cristales vibran y, a veces, los cascotes caen con fuerza y pueden ser peligrosos».
Otra vecina del pueblo, Sandra, de 51 años, recuerda un incidente que marcó al pueblo en 2009. «Se escuchó aquel día una explosión», asegura. El antiguo almacén de Teror que distribuía los fuegos artificiales de la Gran Quema solo diez días después saltó por los aires. «Los billetes del negocio, salieron volando y la gente de Teror los cogía y los devolvía a la oficina de LaCaixa, donde trabajaba mi sobrina», detalla. A pesar de ese mal sabor de boca, ratifica que «fueron los fuegos más bonitos que había visto nunca». «Fue inolvidable; todo el pueblo nos pusimos a limpiar los cascotes al día siguiente porque nunca habían caído tantos», dice.
El espectáculo pirotécnico fue un momento muy sentido para los vecinos del barrio, tras la dura racha de cancelaciones en los últimos cuatro años. Desde bien entrada la noche, varios grupos se acomodaron en el valle en busca de un lugar donde poder deleitarse con el tradicional show. Algunos vecinos se colocaron frente a la explanada con sus sofás, para mayor comodidad.
Los fuegos sobrecogieron y maravillaron a partes iguales a todos los asistentes que llegaron de diferentes puntos de Gran Canaria. Familias enteras agolpadas en las esquinas de la plaza, abuelos con sus nietos asomados en el alféizar de una ventana o una azotea. Domicilios a pie de calle engalanados con banderines, pequeñas bombillas, y mesas plegables con todo tipo de refrigerios y comestibles.
Las ganas de celebración se sentían allá donde uno pudiera echar a andar entre tanta gente. El valle de San Lorenzo era un constante ir y venir de personas, buscando a toda prisa el mejor lugar para disfrutar de la exhibición pirotécnica preparada por la empresa Pirotecnia Canarias, que una vez más volvió a ser la elegida para llevar a cabo la tradicional suelta de voladores. El taller de pirotecnia, ubicado en Arucas y encabezado por Fran Davila en la actualidad, lleva 28 años creando magia e ilusión en los momentos especiales, con la experiencia adquirida por sus abuelos, tatarabuelos y antepasados.

La magia de San Lorenzo surte efecto
En concreto 471 kilogramos, de los cuales, 383 se emplearán para el castillo de fuegos artificiales tradicional, colocados en el denominado «punto cero», y 89 kilogramos en el volcán de voladores distribuidos en los seis puntos. Las carreteras adyacentes, o incluso el mismo aparcamiento acondicionado para la gran noche, era ideal para esperar con ansias el colofón a una noche de música y pirotecnia como pocas en la isla.
A pesar de que este año La Gran Quema de fuegos artificiales y el volcán de voladores se programó a la 1:00 de la madrugada, no fueron pocos los niños que estuvieron deambulando por el valle con sus familiares y amigos, a pesar de las caras de sueño. Sofía, de 14 años, siempre se queda con la imagen de «las atracciones de feria» que ha disfrutado desde los seis años. Disfruta de los momentos en familia, porque «son recuerdos bonitos para guardar». «Me emociona ver a mi hermano Martín bailando con los papagüevos». «Es algo súper especial porque nadie tiene un hermano pequeño al que le gusten los papagüevos como a él».
Como en ediciones anteriores, la verbena comenzó a las 21:30 horas con los conciertos de dos grupos habituales en las diferentes fiestas de la isla. Para que todo el mundo aguantase hasta la 1:00 de la madruagada sin que caer en la tentación del sueño, los grupos Los 600 y Los Lola amenizaron la velada al ritmo de rock & roll, pop y poprock español.
El público vibró de emoción ante los diferentes éxitos del repertorio pop español que versionaron. Entre el repertorio de versiones de toda la vida y de ahora se pudo escuchar temas de artistas Como Sebastián Yatra o Tacones Rojos, que tocaron en varias ocasiones para regocijo del público, que coreó el estribillo a todo pulmón. También interpretaron temas ya clásicos como Hoy Tengo Ganas de Ti, de Miguel Gallardo y Ni una Sola Palabra, de Paulina Rubio.
No solo hubo espacio para disfrutar de la música en directo. Los puestos de comida rápida saciaron a todo aquel que esperaba con ansias el inicio de la exhibición pirotécnica. Las famosas ‘papas locas’, hamburguesas, pinchitos, churros, algodón de azúcar fueron solo algunos de los productos que no paraban de venderse como pipas.
La víspera de San Lorenzo y la Fiesta Mayor son dos acontecimientos imprescindibles para marcar en el calendario de verano. Para otros, en cambio, ha sido su primera vez. Oriana M., también de 14 años, declara que «es la primera vez que viene a ver los fuegos». A cuatro horas de que dé comienzo la suelta de voladores, espera que «sean muy especiales», pues «me han contado que son unos fuegos muy característicos de la isla».
Estas fiestas producen un efecto especial en quien asiste a ellas. El sentimiento de pertenencia y la nostalgia contagia incluso a quienes no viven en el pueblo. Este año algunos pudieron superar la magua con la retransmisión por internet, que el área de Turismo Las Palmas de Gran Canaria habilitó en sus páginas de Facebook (@LPAVisit) y de YouTube (@TurismoLPA). Pero como quiera que sea, nada puede suplir al disfrute en directo de la explosión atronadora de la casi medio tonelada de pólvora quemada y de ese olor característico a humo de fuego rápido y limpio.
Quienes han vivido la experiencia, saben que con los fuegos de San Lorenzo hay que vibrar, sentirlos correr por todo el cuerpo y disfrutarlos con los cinco sentidos.
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