Humo en el Guiniguada
Carta abierta a Carolina Darias San Sebastián, alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, a propósito del concurso de proyectos Paseo Guiniguada de la Cultura y las Artes Canarias

Vista del Guiniguada. / .
Excelentísima Sra. Dña. Carolina Darias San Sebastián, alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria:
He leído con atención las bases del concurso de proyectos “Paseo Guiniguada de la Cultura y de las Artes Canarias”, que la corporación que preside convocó el pasado 14 de junio, y ello me ha provocado perplejidad, tristeza e inquietud. Señalo de modo preliminar la profusa utilización en ellas de expresiones como “naturalización urbana”, “ciudad sostenible”, “conectividad ecológica”, “criterios de naturalización y restitución de biodiversidad”, “obtención de los máximos servicios ecosistémicos”, “retorno ambiental”, “infraestructura verde”, “incorporación de soluciones basadas en la naturaleza”, “fomento y conservación de la biodiversidad urbana”, “creación de ecosistemas”, “alta cualificación medioambiental”, y, subrayo, “adaptación al cambio climático” y “renaturalización”. Es un hecho que el cambio climático antropogénico compromete seriamente la existencia sobre la Tierra en las próximas décadas de los humanos y otras especies, según viene advirtiendo el Grupo Intergubernamental de Expertos contra el Cambio Climático de la ONU, y es obvio que con tal exuberancia léxica se intenta transmitir la impresión de que el equipo de gobierno municipal ha metabolizado esta amenaza y responde adecuadamente a la misma. Pero estas bases, alcaldesa, no aguantan un mínimo examen crítico, son una absoluta manifestación de ecoimpostura, como tantas con las que nos bombardean constantemente poderes públicos y privados, pero más burda que la mayoría. Veamos:
1. Renaturalizar. El DRAE es claro: “volver a dar carácter natural a algo”. Por ello, en el ámbito de intervención del certamen, desde la plaza Tenor Stagno y Lugar Mercadillos Municipales hasta las calles Juan de Quesada y San Diego de Alcalá con Pintor Arencibia Gil y el tramo del Guiniguada cubierto por la GC-110, renaturalizar pasa indefectiblemente, alcaldesa, por erradicar las cuatro bóvedas de hormigón que entuban el barranco y la losa sobre la que discurre este tramo de la autovía. Solo así, con la recuperación, y revitalización, de su lecho podría decirse que se renaturaliza esta parte del Guiniguada, esto es, que se garantiza que sus servicios ecosistémicos, y en primer lugar el ciclo integral del agua y la función de sumidero de carbono, vuelven a estar al servicio del bienestar de los humanos y otras especies. Pero, así como es ambiguo en otros puntos, en esto el documento es tajante: bajo el epígrafe “Condiciones particulares de la actuación”, su punto 8.1 establece que “hay que mantener el barranco canalizado con las bóvedas de hormigón”, y, así mismo, que se debe “mantener una vía de subida y una vía de bajada, adaptada a los nuevos condicionantes urbanos de la actuación, resolviendo la conexión con el vial existente, que continuará con su trazado actual”. Es curioso: el pasado 13 de junio la web municipal daba noticia de su presentación del logo del paseo (ignoraba que los paseos necesitasen logos) y de que durante el acto habló de “un nuevo espacio urbano asociado a la idea de que la vida llega cuando el tráfico se va”.
2. Los barrancos, accidentes determinantes del relieve radial de Gran Canaria y de la singularidad territorial de Las Palmas, son capitales por su conectividad ecológica. Por ello la demolición de las bóvedas y la losa de la Autovía del Centro es el único gesto, alcaldesa, que acreditaría que nuestro ayuntamiento ha comprendido al fin el peso de los barrancos en la configuración ecosistémica de nuestra ciudad y nuestra isla. No incidiré más en esta cuestión, pero recomiendo dos artículos que han abordado el asunto en este periódico, cuya calidad argumental y dignidad cívica me ha impulsado a escribir este: Parque del Guiniguada: aún estamos a tiempo (13 de julio), de Isabel Corral, y Guiniguada: vendida de moto (4 de agosto), de Javier Durán.
3. Las bases inciden igualmente en la necesidad de recuperar la conexión histórica y urbanística Vegueta-Triana (los Riscos Históricos, como se sabe, nunca han existido), pero nada indican sobre la necesidad de recuperar la conexión histórica y ecológica del mar y el resto del Guiniguada con su tramo final, para que juntos, mar y barranco íntegro, con control de vertidos y limpieza permanente, para que no vuelva a ser el vertedero que también fue, recuperen los servicios ecosistémicos que separados no pueden dar.
No conservo recuerdos de este tramo del Guiniguada antes de que lo sepultase la autovía y soy, además, alérgico a la nostalgia. Por eso soy partidario de una sabia mezcla de memoria e invención que propicie que en este lugar altamente sensible haya una relación más armónica entre naturaleza y cultura. Sabe bien, alcaldesa, que los científicos que asesoran a la ONU proclaman que, para que el planeta no sobrepase letalmente 1’5 °C de su temperatura media actual, urge actuar en las ciudades. Yo, en cambio, ignoro qué es lo que realmente se quiere decir, o dejar de decir, en el punto 10 de las bases, “Objetivos de valoración de los anteproyectos finalistas por el jurado”, donde se afirma que hay que “propiciar la conexión con el propio barranco Guiniguada como elemento natural de conexión verde entre la ciudad y la naturaleza”. Y es que, en esta convocatoria, que promete “convertir” Las Palmas en “una ciudad sostenible, saludable, socialmente cohesionada, inclusiva, atractiva, dinámica y cosmopolita, con una sólida identidad cultural”, hay demasiado humo.
4. Ya he dicho que las bases son ambiguas en algunos puntos. Así, en el 8.2, “Condiciones de jardinería y paisaje”, puede leerse: “Existen 161 ejemplares de árboles y pseudoárboles en la zona, de los cuales se deben conservar 82 ejemplares, debiendo el resto ser sometido a estudio, bien por su mal estado de conservación o por estar dentro del catálogo de especies exóticas invasoras, por lo que sería el momento de considerar su eliminación”. Tales árboles en espera de sentencia son “cuatro jacarandas, treinta y un braquiquitos, treinta eucaliptos, cuatro flamboyanes y diez yucas gigantes o yucas pie de elefante” . Ignoro en qué catálogo de especies exóticas invasoras aparecen porque en el único vigente, el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, no consta ninguno con sus condiciones de contexto. Por lo demás, si finalmente todos fuesen condenados a la tala, se eliminarían 79 árboles o pseudoárboles. Por si fuera poco, el documento añade lo siguiente: “Asimismo, existen 131 individuos de especies palmáceas, de las cuales se recomienda la tala de 3, por su deficitario estado de conservación, la conservación de 76 y la revisión de 52, al ser estas últimas [sic] del género Phoenix spp., y por ser difícil determinar si son de la especie Phoenix canariensis debido a la alta hibridación existente en la zona". De modo que si, además de los tres individuos recomendados, se talasen los 52 cuya revisión se propone (que sumados a los 79 árboles o pseudoárboles referidos darían un total de 134 individuos), se liquidarían 55 individuos de especies palmáceas, entre ellos 52 del género Phoenix spp. Y esto último tan solo por la dificultad de averiguar si son Phoenix canariensis o híbridos en una ciudad, alcaldesa, en la que, mientras no exijan certificados de pureza de sangre para acreditar lo contrario, todo vecino es un híbrido.
5. No soy un conservacionista a ultranza y, antes bien, sostengo que a veces hay buenas razones para eliminar árboles. Dicho esto, no encuentro en la convocatoria indicación alguna del mínimo de ejemplares arbóreos de porte, y rápido crecimiento, que habrán de plantarse en el marco de este concurso. Tampoco hallo en ella nada que disponga que, en lo posible, cada árbol eliminado sea sustituido en el mismo lugar por otro que pueda alcanzar rápidamente su mismo porte y restituir sus servicios ecosistémicos. Por no encontrar no encuentro siquiera nada que garantice los costes de reposición, riego y, subrayo, mantenimiento de los árboles. Subrayo mantenimiento porque me inquieta que con los árboles que queden pueda pasar lo que pasa con el Aula de la Naturaleza de Fuente Morales, esa infraestructura de propiedad municipal emplazada en un tramo superior del Guiniguada. Esta dotación, alcaldesa, que costó un millón de euros y que, a día de hoy continúa en estado de abandono.

Vista del Guiniguada. / .
6. En fin, alcaldesa, permítame llamar su atención sobre otro pasaje de las bases. Se encuadra en el epígrafe 10, “Objetivos de valoración de los anteproyectos finalistas por el jurado”, y reza como sigue: “Asimismo, se integrarán espacios suficientes de sombra que eviten el efecto isla de calor”. Reconozco que aquí el documento les ha quedado realmente eco-friendly. Pero no por ello puedo dejar de preguntarme ¿espacios suficientes de sombra que eviten el efecto isla de calor?, ¿pérgolas?, ¿velas de sombreo? Obviamente, estos y otros son dispositivos útiles para proteger de la radiación solar, pero vuelvo con el logo. Este indispensable símbolo gráfico, sin el cual, a qué decirlo, sería imposible construir el paseo, está resuelto con un esquemático árbol verde y esto dijo usted durante su presentación: “El árbol, naturaleza, verde representa estas áreas urbanas y evoca adecuadamente el espíritu del proyecto. Por eso, el árbol, su color, es la inspiración del logotipo”. Efectivamente, la comunidad científica lo dice atronadoramente: para prevenir los graves daños que el efecto isla de calor puede ocasionar en la salud -entre ellos, señora exministra de Sanidad, problemas respiratorios, riesgos cardiovasculares y hasta mortalidad prematura- no hay nada como disponer de abundantes árboles de porte, no solo por la sombra que proporcionan, sino también porque, más que cualquier dispositivo técnico, generan en su entorno sensibles descensos de temperatura y absorción de dióxido de carbono.
7. Otra cita: “El Paseo Guiniguada de la Cultura y las Artes Canarias tiene la vocación de ser uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad, no solo por los valores que representa (urbanísticos, medioambientales, educativos, etc.), sino por la decisiva participación que tendrá la ciudadanía en su definición”. Participación ciudadana: proceso que casi siempre es despachado con un paripé para dar una pátina democrática a cualquier actuación política. Pero es que aquí, alcaldesa, ni el paripé. Si el concurso se convocó el 14 de junio, ¿cuándo tuvo lugar este proceso? Ah, no, que el certamen se convocó el 14 de junio, ¡pero es que, además, el proyecto ya estaba en marcha! Así, al menos, lo dice la noticia de la web municipal del 1 de julio que da cuenta de su presentación del Plan Director de Infraestructuras Verde-Azul y Biodiversidad: “Este plan –dijo- se desarrollará a través de proyectos de regeneración urbana, algunos ya en marcha como el Paseo Guiniguada de la Cultura y las Artes Canarias”. Para intentar aclararme procedo entonces a consultar en la misma web el contenido del plan, este que incluye al Guiniguada entre sus dieciséis unidades de paisaje, y compruebo que se estructura sobre la base de cuatro “principios socio/ambientales fundamentales”, de los cuáles el tercero es, justamente, “el Principio de Participación”. ¿Debo seguir leyendo?
8. Lo cierto es que, ya no es que las bases no dejan espacio para la participación ciudadana, sino que parece que no se quiere, siquiera, que participen la mayoría de los profesionales. ¿Cuántos habrán desistido de constituir equipos multidisciplinares para presentarse a un certamen sin presupuesto de ejecución? Y el jurado que debe valorar la “viabilidad técnica, económica y constructiva” de los anteproyectos de los equipos que pasen a la segunda fase, ¿será capaz, además, de considerar conmensurables entre sí un anteproyecto técnica y constructivamente viable que estime, pongamos, cinco millones de euros para ejecución y otro, igualmente viable constructiva y técnicamente, que calcule, digamos, cien? Según la Ley de Contratos del Estado, en concursos de este tipo no solo tiene que constar el gasto del proyecto sino también la ficha financiera de ejecución, y ello para garantizar que hay medios y voluntad para materializarla. Otra pregunta: ¿Cómo es qué considera tan importante presentar el logo, pero, una vez que el plazo de presentación de ofertas cerró el 19 de julio, no ha estimado indispensable, en cambio, comunicarnos cuantos equipos se han presentado al concurso? Si esto es cuanto menos impropio de “una ciudad sostenible, saludable, socialmente cohesionada, inclusiva, atractiva, dinámica y cosmopolita, con una sólida identidad cultural”, el silencio sobre este particular de Juan Torres Alemán, decano del Colegio de Arquitectos de Gran Canaria, resulta ominoso.
9. He de reconocer que cuando he dicho que el certamen carece de proyecto de participación ciudadana no he dicho bien, porque lo cierto es que lo tiene. Lo que ocurre es que es uno que no da opción a los administrados para contribuir a mejorar los términos de un concurso de intervención en una zona esencial de su ciudad. Y es que “este amplísimo proceso participativo” es, en realidad, uno reducidísimo que restringe la intervención ciudadana exclusivamente a contribuir a la selección de las obras de arte que representarán en el paseo a “los hombres y mujeres que desde Canarias han contribuido al desarrollo de la cultura y las artes universales”. Apunto solo de pasada que la interacción del arte público con el urbanismo discurre desde hace tiempo por derroteros muy distintos, porque quiero decir también que para que “un amplísimo proceso participativo” sea realmente “un amplísimo proceso participativo” debe, como condición previa y necesaria en un concurso de esta índole, consultar a la ciudadanía si quiere que la cuenca del barranco se recupere en su integridad o si, por el contrario, es partidaria de la inversión de una cuantiosa suma de dinero público en el maquillaje de un gravísimo error histórico del desarrollismo para que quede así a perpetuidad.
10. Para concluir, excelentísima señora doña Carolina Darias San Sebastián, alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, tengo que decirle que me cuesta imaginar que, cuando se las vean a solas con el mundo, las generaciones que nacen hoy y que son o serán vecinas de nuestro municipio, esas que en las próximas décadas serán las más perjudicadas por el cambio climático antropogénico, lleguen un día a tener ganas de erigirle un monumento. Uno, quiero decir, emplazado entre el elenco de relevantes personalidades que serán representadas en el paseo cuando el concurso sea resuelto. Eso si es que, para entonces, la subida del nivel del mar, las cada vez más frecuentes e intensas marejadas y los fenómenos atmosféricos adversos que seguirán incrementándose no han arruinado su Paseo Guiniguada de la Cultura y de las Artes Canarias. Atentamente.
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