La Luz aprueba los exámenes de sus aguas durante siete años consecutivos
El sedimento de algunas zonas del espacio portuario contiene niveles elevados de fósforo

Dos trabajadores durante un simulacro de vertido en el Puerto de Las Palmas realizado en 2023 / Juan Castro

El agua del Puerto de Las Palmas cumple con los parámetros exigidos por las normativas nacionales e internacionales para certificar su calidad desde 2017, lo que a juicio de la Autoridad Portuaria responde no solo a los buenos resultados de las medidas preventivas, sino a las labores diarias de limpieza y la rápida respuesta que se da a las incidencias que se producen en este recinto.
El jefe de la Unidad de Medioambiente de la Autoridad Portuaria, Guillermo Holm, explica que la Autoridad Portuaria controla desde 2013 la calidad del agua y del sedimento del Puerto de La Luz y de Las Palmas realizando análisis en siete puntos distintos, cuatro veces al año, y mientras que en el primero de los casos los parámetros se han mantenido en los últimos siete años dentro de los límites óptimos, desde el primer análisis hasta ahora se ha detectado un nivel más alto del deseado de fósforo en el fondo, aunque -asevera Holm- no es una cifra lo suficientemente elevada para que sea alarmante.
Primero la empresa Litoral y ahora Ecos, toma cada tres meses muestras del agua y del sedimento del fondo del puerto para analizar sus componentes. Por un lado, en el medio pelágico, que es la columna de agua, se estudian los niveles de 27 componentes, entre los que se encuentran varios tipos de clorofila, nitrato, amonio o metales como el arsénico, cobre, cadmio, mercurio y níquel, entre otros parámetros. Y por otro, en el ámbito bentónico (los sustratos del fondo marino), se analiza la cantidad de carbono orgánico, materia seca, nitrógeno, fluoranteno (derivado del alquitrán), arsénico, mercurio, plomo, zinc, cadmio, cromo, níquel, fósforo y otros elementos que suman 26.
A veces, a la baja
Precisamente el fósforo es el único parámetro que habitualmente da por encima de las cifras establecidas como normales, cuyo valor límite es de 800 miligramos por kilo de masa sólida, ya que hay zonas en las que la media es de 1.026, aunque si se hace la media general de los siete puntos donde se extraen la muestra, da 778,38 miligramos por kilo de masa.

Simulacro realizado a principios de verano en el Puerto de Las Palmas / Andrés Cruz
Holm señala que estos parámetros no han aumentado desde 2013, sino que se mantienen estables desde entonces y varían a la baja dependiendo de las mareas o la estación del año, si bien están localizados en las áreas más interiores del recinto portuario, donde el movimiento del agua es mucho menor.
Los puertos de Las Palmas se rigen por la norma ROM, los planes hidrológicos insulares y por la normativa propia impuesta por la Autoridad Portuaria para garantizar la calidad de las aguas de estos recintos, considerados masas de agua muy modificadas y que, por tanto, no tienen que cumplir requisitos tan exigentes como en las playas. Además, en este espacio se aplican los planes de impacto ambiental de cada proyecto e infraestructura portuaria, garantizando no solo la composición química del entorno marino, sino su turbidez o cómo se modifican los fondos -lo que puede llevar a la obligatoriedad de adoptar medidas compensatorias-, entre otros factores.
Los 'quitamanchas'
Además, la Autoridad Portuaria cuenta con dos equipos del grupo Sepcan para la lucha contra la contaminación en el Puerto de Las Palmas. Uno de ellos se encarga de patrullar en sus embarcaciones cuatro horas al día para detectar posibles manchas de hidrocarburos oleosos o contaminantes y proceder a su limpieza inmediata. No ocurre lo mismo con el gasoil, relata Holm, puesto que «se queda una capa fina en la superficie que se evapora con el sol y lo que se hace es batirlo para que se evapore más rápidamente».

José A. Neketan / Andrés Cruz
Asimismo, estas embarcaciones están prestas a salir en cualquier momento del día si se detecta alguna mancha y si hay una urgencia por un rebose o vertido, activan el protocolo que incluye el despliegue de una barrera y el lanzamiento al agua de las skimmer, unas embarcaciones pequeñas que chupan el agua con combustible y la sueltan una vez filtrada, en el caso de manchas pequeñas, o el barco Pelícano, que hace lo mismo, pero a mayor escala. Cuando el vertido cobra mayores dimensiones, se suma a las labores la Capitanía Marítima, que ha incorporado a su flota el barco Heroínas de Salvora.
Por otro lado, el mismo grupo es el responsable de retirar todos los residuos sólidos que llegan por mar al puerto, como plásticos, maderas y otros elementos. En 2022, el último dato que maneja ahora mismo Holm, se recogieron 35.000 kilos de estos residuos.
No obstante, señala Holm, el Puerto de Las Palmas mantiene unas cifras de incidencias muy bajas, «por debajo del 0,01%». En un lugar como este en el que se realizan unas 10.000 operativas, la media de incidentes, la mayoría pequeños, es de tres al año. De un millón de litros de combustibles, apostilla, puede caer al mar unos 1.000.
Recogida en barco
El jefe de la Unidad de Medioambiente de la Autoridad Portuaria explica que junto a todas estas medidas, el Puerto de Las Palmas cobra una tasa a todos los barcos que atracan en sus muelles para recoger toda la basura con la que llegan y la que generan durante el tiempo que permanecen en recinto portuario. Este pago inicial cubre, no obstante, solo los siete primeros días; el resto se paga aparte. Esta medida está afianzada en todos los puertos y si un barco llega 'limpio' a uno de ellos o con menos residuos de los que se presuponen según el tiempo de travesía, se les impone una multa porque eso indica que lo han vertido al mar. En 2023 se retiraron 39.739 metros cúbicos de estos residuos, más de 2.000 más que el año anterior.
Esto no incluye las aguas residuales, que sí pueden verterse a al menos once millas de la costa, previo tratamiento en las depuradoras que cada embarcación debe llevar.
Otra de las iniciativas para salvaguardar el entorno consiste en la recogida de material pirotécnico caducado o estropeado en el muelle deportivo, es decir, todas las bengalas y botes de humo que los barcos deben llevar para anunciar su posición en caso de incidente. Así, se ha dispuesto un contenedor en este espacio para que se depositen estos elementos que luego se guardan en un almacén de seguridad con capacidad para 15 kilos de material explosivo. Cuando la cantidad guardada ronda los 10 kilos, una empresa especializada se encarga de su recogida y gestión.
La última barrera
Por otro lado, Holm avanza que la próxima semana llegará al Puerto de Las Palmas la última de las seis barreras oceánicas que permitirán atajar los vertidos desde cualquiera de los muelles, un elemento que tiene un coste de 200.000 euros y con el que se evita que el elemento contaminante salga del recinto portuario.
Desde 2020, apostilla el jefe de la unidad medioambiental, se ha invertido más de un millón de euros en medidas para garantizar la calidad del agua y del aire, y luchar contra la contaminación acústica «por obligación y por compromiso medioambiental».
Charranes y delfines certificadores de calidad
Más allá de los resultados de los análisis, una prueba de la calidad del agua y el entorno, señala Holm, es la aparición, de vez en cuando de delfines, o el éxito del programa para proteger a los charranes, que en los últimos años ha aumentado considerablemente su número.
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