El castillo de Las Palmas de Gran Canaria que revive del olvido cuatro siglos de historia
La primera fase de limpieza y excavación del castillo de San Francisco redescubre el conjunto antes de su rehabilitación integral
El edificio, reflejo de los tiempos de corsarios y de la Guerra de Cuba, tendrá un centro de interpretación

De los tiempos de piratas y corsarios a la Guerra de Cuba. Situado en lo alto de la ciudad, el Castillo de San Francisco o del Rey resume entre sus muros de piedra más de cuatro siglos de historia defensiva de Las Palmas de Gran Canaria. Durante años, las malas hierbas, las grietas y la basura han estado apoderándose de la fortaleza, la mayor de Canarias. Hasta ahora. Un equipo de arqueólogos acaba de finalizar la primera campaña de limpieza y excavación tanto en el exterior como en el interior del edificio. Se trata de la primera vez que se realizan unos trabajos de este tipo después de llevar abandonado todo lo que va de siglo XXI. ¿El objetivo? Recuperarlo en campañas sucesivas para su rehabilitación y musealización.
Para comprender la importancia histórica del Castillo de San Francisco habría que remontarse a finales del siglo XVI. «Tras dos ataques, en muy poco tiempo había que dar respuesta a la indefensión que sufría la ciudad», apunta Artemi Alejandro Medina, arqueólogo especializado en el estudio de infraestructuras militares y quien ha dirigido los trabajos realizados en los últimos meses de la mano de Patrimonio Consulting Arqueología SL por iniciativa de la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Canarias, en colaboración con el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
Medina hace referencia a las incursiones de 1595 y 1599 perpetradas por el inglés Francis Drake y el holandés Pieter Van der Does, respectivamente. Y aunque las dos resultaron fallidas, la segunda dejó una ciudad especialmente tocada. Ya en los planos de Leonardo Torriani de 1588 aparece por primera vez el boceto de un castillo coronando la ladera; pero este no sería el que se realizaría finalmente. «Desde esa posición era imposible cubrir todos los frentes», apunta el arqueólogo, además de lo expuesto que habría quedado.
En lugar del cantil, la fortaleza se construiría tierra adentro, justo antes de una pequeña degollada entre los barrancos de Mata y Guiniguada, «así era posible vigilar ambos lados y prevenir posibles incursiones». De hecho, la castillo se conocería durante años como el del «Paso Angosto» por este accidente geográfico.
Reinado de Felipe IV
Las obras comenzaron en 1601 y terminaron en 1627 bajo el reinado de Felipe IV, nombre que aparece en el escudo que corona la entrada al castillo, acompañado de las armas de Castilla y del toisón de oro. La fortaleza incluyó un foso de extremo a extremo para reforzar el carácter defensivo de la construcción, «se trata de una zona de amortiguación para los proyectiles; además, en caso de ataque, tenemos delante una ligera pendiente, de tal manera que los soldados habrían subido cansados y a pecho descubierto, expuestos», explica el arqueólogo.
Precisamente, el foso es una de las zonas donde han realizado excavaciones en los últimos meses. Los arqueólogos han abierto hasta ocho catas en el exterior de la fortaleza con dos objetivos; por un lado, conocer la extensión original de la trinchera y, por otro, el estado de los cimientos de la muralla. «Pudimos ver que iba de un lado a otro del castillo, aunque ahora esté deteriorada», indica; de hecho, en el siglo XX se le adosó una construcción de dudosa calidad en la zona que hoy está más desdibujada, «también miramos junto a los muros para ver hasta dónde llegaban y comprobar cómo le afectó la intervención que hicieron en la Guerra de Cuba».

Anclajes de los obuses instalados en el castillo durante la Guerra de Cuba. / Juan Castro
Y es que el edificio necesitó una exhaustiva intervención a finales del siglo XIX. Por un lado, había que adaptarse a los cambios tecnológicos y a las nuevas técnicas en materia de defensa; por otro, había que hacer frente a la amenaza de los Estados Unidos sobre Canarias ante el temor de una incursión como la perpetrada contra Cuba, Puerto Rico y Filipinas. De esta manera, el castillo de San Francisco formaba parte de un amplio sistema defensivo que vigilaba la bahía de Las Palmas de una posible incursión desde el exterior por vía marítima.
Mientras las baterías de Santa Isabel -hoy desaparecida- y la de San Juan -en proceso de recuperación- cubrían la rada sur de la bahía, el viejo castillo del Rey haría lo propio en el lado norte, de Triana a Las Isletas, además de los barrancos de Guiniguada y Mata. Para ello fue necesario intervenir la estructura original de la muralla del siglo XVII -con unos 300 años de antigüedad a sus espaldas por ese entonces- y adaptarla a las nuevas necesidades. Un «cosido» de piedra da buena cuenta de ello en la fachada frontal, tal y como atestigua el arqueólogo, «la idea era hacer un refuerzo para soportar las nuevas piezas de artillería».
No obstante, «en este tipo de fuertes la defensa no viene solo de la piedra», apunta Medina, también de la tierra. Y es que la parte superior de la muralla se recubrió con material de cantera. Durante esta fase han excarvado una parte de la misma y han encontrado un hallazgo «sorprendete»: moluscos y restos de cerámica de los antiguos canarios; «creemos que el material lo trajeron de El Confital, en esa época Defensa intervino allí; es una zona de marisqueo que tuvo poblamiento aborigen».
Obuses de 21 centímetros
El castillo llegó a tener a raíz de la Guerra de Cuba (1898) dos obuses de 21 centímetros. Este tipo de piezas de artillería de alto alcance se colocaron en los lados norte y sur de la estructura defensiva. Justo esta última acaba de ser redescubierta, «todo esto estaba oculto bajo metro y medio de tierra», señala Medina ante los hierros que habrían hecho de anclajes hace más de 120 años, «el peso de estos cañones fue lo que obligó a hacer un refuerzo en el muro». También ha salido a la luz un piso de callaos que, todo apunta, es anterior a la instalación del ‘avanzado’ armamento decimonónico, «probablemente del XVII o XVIII».
La base de la otra pieza de artillería -la que mira a La Isleta, puesto que la anterior está más orientada hacia Vegueta- sigue oculta bajo una capa mayor de tierra. En este caso, en los 70 se instaló encima una torre de comunicaciones. De hecho, junto a la misma hay unos cuartos hechos con bloques de cemento y unas garitas que previsiblemente serían eliminadas con la necesaria rehabilitación para convertir este espacio en un centro de interpretación.
Y es que el castillo ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de su historia, especialmente en el último siglo y medio. «De la fortaleza original queda principalmente la muralla», apunta el arqueólogo. Una vez traspasado el portón del siglo XVII, el recinto fortificado cuenta con una serie de dependencias de distintas épocas. En mal estado, las adosadas a la parte frontal datarían de los tiempos de la Guerra de Cuba.
Junto a esta zona se encuentra el polvorín, que sí dataría de los inicios de la fortificación, «durante varios siglos fue el único de la Isla», matiza Medina. No obstante, su aspecto actual fue modificado durante el siglo XX. Y es que, con los avances tecnológicos, dejó de albergar munición para convertirse en capilla, aprovechando su techo abovedado, el cual puede recordar al de un lugar de culto. Además se le añadió un altar mediante una intervención del lugar «de muy baja calidad».
Cárcel militar
El resto del castillo está compuesto por una serie de dependencias construidas a lo largo del siglo XX. Las más antiguas, que datan de 1900, corresponden con una cárcel militar. Se trata de un barracón que da al patio de armas principal. Existen otras construcciones posteriores que sirvieron de ampliación de la prisión; además de servicios básicos como el economato, comedor u oficinas. Zonas plagadas hoy de pintadas de los 70 y 80 con referencias a la legión, últimos en pasar por allí.
Tras la retirada de esta y otras unidades militares -también hicieron lo propio del cercano castillo de Mata-, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria tomó las riendas de esta edificación. El Consistorio alcanzó un acuerdo de compra venta con el Ministerio de Defensa en 2004. Desde entonces han pasado dos décadas en las que se ha hecho más bien poco. Los trabajos que ha realizado el equipo de Patrimonio Consulting Arqueología SL han sido los más exhaustivos hasta ahora.
La idea es seguir en fases sucesivas con las excavaciones y con la investigación antes de iniciar un proyecto de restauración de toda la edificación que elimine las construcciones más recientes de mala calidad y de nulo interés histórico; además de revalorizar las más antiguas, pertenecientes a los inicios del castillo y a los tiempos de la Guerra de Cuba. Los trabajos irían a la par con la recuperación de las baterías de San Juan.
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