Vivir en 12 metros de eslora
Levantarse cada día en el mar y ver el cielo azul, la tranquilidad y «la calidad de vida», son tres de los motivos que llevaron a Giuseppe y Kristina a vivir en su velero, y su hija de 14 años no ha conocido otro tipo de vivienda
Ahora se enfrentan al intento de desalojo del Muelle Deportivo e insisten en su derecho a vivir allí

La Provincia
Giuseppe Della Volpe no tuvo que convencer a Kristina Dmijanidis para que lo dejara todo y se fuera a vivir a un velero cuando se enamoraron y decidieron formar una familia, porque ella nació «cerca del mar» y este fue siempre su pasión. Él ya llevaba residiendo en su embarcación muchos años y a pesar de que tienen un piso en Croacia, han elegido esta forma de vivir. Su hija, Martina, ha pasado los 14 años de su vida a bordo del Martigues, uno de los barcos atracados en el Muelle Deportivo del Puerto de Las Palmas que ha recibido una orden de desalojo por parte de la Autoridad Portuaria.
Kristina y Giuseppe son trabajadores autónomos y se dedican al sector náutico, importando y comercializando velas, construyendo otros elementos y realizando reparaciones en embarcaciones, por lo que su día a día transcurre entre pantalanes.
«Lo primero que vemos cuando nos despertamos es el cielo y el mar», señala Giuseppe, que asegura que no cambiaría esta vida por una que se desarrolle en una vivienda tradicional.
«Tranquilidad» y «calidad de vida»
Hace más de 27 años que optó por vivir a bordo de su barco, primero solo, luego con su mujer y más adelante, con su hija. «Aquí tenemos una tranquilidad impresionante y nosotros creemos que la calidad de la vida es muy importante», apostilla.

Familia que vive en un velero en el Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria / José Carlos Guerra
Vivir en un barco, cuentan, es una oportunidad para reducir y evaluar qué es lo importante y necesario. Las limitaciones propias de una embarcación como la suya, que ronda los 12 metros de eslora y 3,6 de manga, obliga a aprovechar hasta el último milímetro para ganar espacio de almacenaje. Debajo de un asiento está la nevera, debajo del otro, un arcón donde guardan sus cosas. También en las paredes del barco hay muebles que se usan para guardar el menaje o como despensa. «Es fantástico; tiene muchísimo sitio donde poner cosas y no se ve nada», exclama Giuseppe.
«Tenemos bastante agua y gasolina, y mucha autonomía para vivir». Además, cuentan con varios paneles solares que les ayuda a no depender tanto de la electricidad que ofrece el muelle. Hasta tienen un espacio para clasificar los residuos y reciclar.

Kristina y Giuseppe sobre la cubierta de su barco / José Carlos Guerra
Espacios propios y compartidos
Los dos dormitorios están situados en la popa y la proa, por lo que tanto la pareja como la adolescente cuentan con un espacio propio. El resto de la vida la hacen en el salón cocina y la cubierta, lo que ayuda a que pasen mucho tiempo en familia.
También contribuye a ello una norma: la limitación del uso de las redes sociales e Internet, salvo para lo estrictamente necesario.
Gran Canaria como elección
En la Dársena de Embarcaciones Menores del Puerto de Las Palmas llevan seis años. Kristina cuenta que han estado viviendo en el norte de Italia, cerca de Venecia, donde trabajaban ambos, y cuando tenían vacaciones iban a Croacia, Grecia y otros países del Mediterráneo. «Luego, cuando Martina nació, decidimos dar la vuelta al mundo, aunque al final fue al Atlántico y el Caribe».
En medio de su travesía hicieron escalas de larga duración en puertos de varios países en los que Martina, que es deportista, toca instrumentos y habla cuatro idiomas, iba a la escuela.
Sin embargo, como cuando estuvieron en Gran Canaria en 2012 se enamoraron del lugar, decidieron regresar para hacer del Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria su puerto base. «Estamos muy bien aquí; nos encanta el puerto, la gente y el clima», agrega Giuseppe.
Una comunidad
Por otro lado, este matrimonio destaca la buena convivencia entre las personas que residen en los pantanales, con quienes se ha creado una comunidad que se apoya entre sí y que se organiza para limpiar el entorno. También se apuntan, de vez en cuando, a limpiar el agua los amigos de Martina cuando van al barco.
Según Kristina, los adolescentes están encantados con la casa de su amiga y han normalizado esta elección de estilo de vida.
Las personas que viven en el Muelle Deportivo «están con pánico»
En los 27 años que lleva viviendo en un barco, es la primera vez que Giuseppe recibe una orden de desalojo de un muelle, algo que no entiende porque, asegura, quienes viven en la Dársena de Embarcaciones Menores cuidan del entorno y mantienen una buena convivencia.
Durante las últimas semanas, afirman, la Autoridad Portuaria ha seguido entregando notificaciones, lo que ha ocasionado que las personas que viven allí estén «con pánico».
Insisten en su derecho a residir allí, el lugar donde están empadronados, y en que esta ha sido su elección de vida. «Llegamos después de seis meses, nos hemos inscrito como residentes extranjeros, tenemos el NIE verde, en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria nos han dado el domicilio aquí legalmente y cotizamos a la Seguridad Social», aseveran.
Están molestos con la Autoridad Portuaria, aunque aclaran que no con los trabajadores de la Marina, en quienes han encontrado un apoyo. Creen que la normativa aprobada y en la que se basa la institución para desalojarlos contradice la Ley estatal y que nadie puede prohibir que vivan en un barco.
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