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Un timple que sana: Yeray Rodríguez llena de música y alegría al Insular

El timplista canario sorprendió a pacientes y sanitarios con una actuación inesperada cargada de emoción y optimismo

Yeray Rodríguez cautiva al Negrín

La Provincia

Las Palmas de Gran Canaria

Se ha hecho viral un vídeo que ocurrió el año pasado. Los pasillos del Insular-Materno Infantil se llenaron de música, sonrisas y mucha emoción gracias a una visita muy especial. El timplista Yeray Rodríguez decidió llevar su arte a un lugar poco habitual: la planta de Tratamiento Oncológico, donde sorprendió tanto a pacientes como al personal médico con una actuación espontánea cargada de sentimiento.

Acompañado solo por su inseparable timple, Yeray recorrió las estancias de la planta regalando versos improvisados, acordes cálidos y palabras de ánimo. Su presencia fue recibida con gratitud y entusiasmo por quienes cada día enfrentan con valentía el desafío de la enfermedad.

Una sorpresa que tocó el alma

Sin previo aviso, el artista irrumpió suavemente en el ambiente hospitalario, transformando la rutina clínica en una experiencia mágica y reconfortante. Las melodías del timple se entrelazaron con las sonrisas de pacientes, familiares y sanitarios, creando un momento de conexión humana que rompió por un instante la barrera del dolor y el tratamiento.

“Esto no lo olvidaremos nunca”, decía una enfermera visiblemente emocionada. “No todos los días se recibe música en directo mientras se lucha por la vida”.

El gesto de Yeray Rodríguez ha sido ampliamente aplaudido en redes sociales, donde muchos han destacado el valor terapéutico de la música en entornos hospitalarios. Sin duda, su visita demostró que un instrumento tan nuestro como el timple puede ser mucho más que música: puede ser aliento, compañía y esperanza.

Arte que cura, arte que acompaña

A través de esta acción, Yeray ha reafirmado el poder del arte para humanizar los espacios sanitarios, recordando que, a veces, el mejor tratamiento es una canción que te acaricia el alma. Su paso por el Insular no solo dejó una melodía en el aire, sino también un mensaje claro: la cultura también puede curar.

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