Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Aceras en mal estado, cuestas pronunciadas y plazas de parking ocupadas: los obstáculos diarios de las personas con movilidad reducida

La accesibilidad de la capital grancanaria ha mejorado en los últimos años, pero todavía existen muchos aspectos que limitan el acceso de distintos colectivos a los servicios públicos

La falta de infraestructuras adaptadas condicionan su nivel de socialización, alejándolos de la vida más allá de sus casas y perpetuando una situación de aislamiento y soledad

Adán Ortega Álamo frente a algunos de los desperfectos en el pavimento de Las Canteras

Adán Ortega Álamo frente a algunos de los desperfectos en el pavimento de Las Canteras / Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Las Palmas de Gran Canaria

Guaguas sin plataforma, aceras estrechas, cuestas pronunciadas, falta de pasos de peatón y mucho más: la lista de carencias que impiden a Las Palmas de Gran Canaria ser una ciudad verdaderamente accesible es larga. Sin embargo, la capital sigue siendo la zona de la Isla con más recursos y medidas específicas para atender las necesidades de las personas con discapacidad. Así lo cuenta Fayna Hernández López, trabajadora social en Adissur. También explica que se están haciendo avances positivos en las infraestructuras nuevas, si bien "todavía queda mucho que hacer". Tal y como rememora, ha visto incluso baños adaptados en los que hace falta subir un escalón para poder entrar.

Hay personas que, a fuerza de costumbre y maña, han aprendido a sortear los obstáculos diarios que encuentran por las calles. Es el caso de Mari Ángeles García Villalta, madre de un chico de 15 años llamado Claudio. El joven tiene el síndrome de Angelman, una condición genética que afecta al desarrollo psicomotor y al habla, pudiendo causar epilepsia. Además, Claudio va a rehabilitación tres veces por semana porque fue operado de los pies en 2023 para corregir un desvío en su curvatura. Puede caminar con mucha dificultad y ayuda, por lo que realiza los desplazamientos en silla de ruedas.

Mari Ángeles junto a su hijo Claudio

Mari Ángeles junto a su hijo Claudio / José Carlos Guerra

Antes la usaba solo puntualmente para traslados mayores y para ir a lugares como el centro comercial o el supermercado. Ahora, cada vez que salen de casa, necesitan usar la silla. Por eso, Mari Ángeles se ha vuelto cada vez más consciente de las diferencias entre los lugares que están bien adaptados y los que no: "Esta zona está bien pero si yo viviera en otros sitios como Escaleritas o Schamann, seguro que no saldría tanto a la calle. Tengo mucha suerte de vivir donde vivo".

En cualquier caso, las zonas cercanas a su vivienda tampoco son todo lo accesibles que debieran. Destaca especialmente los bordillos que son demasiado altos, que ya ha aprendido a evitar tomando rutas alternativas, así como la falta de pasos de peatón en algunas calles. "A veces te obligan a ir por la carretera o cruzar por un sitio donde no está permitido", relata.

Cuando ir a la playa se convierte en un reto

A Mari Ángeles le gusta llevar a su hijo habitualmente a la playa para disfrutar juntos en la orilla, en parte porque se trata de una actividad que es beneficiosa para su proceso de rehabilitación, que se está alargando bastante. Ahí también suele encontrar problemas: "Es mentira que las playas de Las Alcaravaneras y Las Canteras están adaptadas. Las Alcaravaneras no está adaptada sino para que te quedes ahí arriba a morirte de calor. Si quieres ir abajo, o tienes mucha fuerza, o vas con otra persona que te ayude, o no puedes. Una vez pedí ayuda a la Cruz Roja para que me ayudaran a tirar de la silla y no me la dieron, me dijeron que no era su competencia".

Para poder bañar a su hijo y llevarlo por la arena, necesita una silla anfibia que solo puede utilizarse con cita previa, en caso de que nadie más la haya solicitado. A ello se suma el hecho de que es complicado encontrar aparcamientos para personas con discapacidad porque hay muy pocos y suelen estar ocupados, muchas veces por gente que no los necesita. Ocurre incluso con la plaza exclusiva que tiene cerca de casa, reservada con la matrícula de su coche. "Hay gente que no tiene civismo, y yo a todos ellos les daba una silla de ruedas por un día completo para que vean las dificultades con las que se encuentran", sentencia.

Quejas que no llegan a puerto

Adán Ortega Álamo es otro usuario de silla de ruedas que reside en Las Palmas de Gran Canaria. Nació con un grado severo de espina bífida, por lo que esta es su única forma para desplazarse con independencia. Ha presentado varias quejas desde el año 2015 al Ayuntamiento de la ciudad que, asegura, han sido desoídas. Concretamente, se manifestó sobre el mal estado del paseo anexo a la playa de Las Canteras que va desde La Puntilla hasta la puerta de El Confital, cerca de su vivienda.

Al igual que Mari Ángeles, Adán reflexiona que esto no solo limita la accesibilidad de las personas que usan una silla de ruedas, sino de muchos otros perfiles, como son las personas mayores. Esta falta de infraestructuras adaptadas condicionan el nivel de socialización de diversos colectivos, alejándolos de la vida más allá de sus casas y perpetuando una situación de aislamiento y soledad, ya que les resulta muy complicado moverse por los espacios públicos.

Tomar otras rutas para evitar riesgos

Adán ha optado por tomar caminos alternativos, a pesar del esfuerzo que le supone, para "evitar peligros mayores". Pero eso no impide que en ocasiones tenga que ir por la carretera debido a la estrechez de las aceras, el "mal estado" de muchas de ellas o la falta de rebajes. Asimismo, son muchas las veces que no ha podido subir a la guagua porque no contaba con plataforma o no funcionaba bien, obligándolo a esperar o tomar un taxi. "Las Palmas de Gran Canaria no solo puede ser accesible una vez al año, que siempre suele ser el 3 de diciembre, día de las personas con discapacidad", enfatiza.

Es consciente de que ha habido ciertas mejoras en las calles de la ciudad durante los últimos años, pero todavía hay muchos aspectos que deben ser intervenidos. Fayna Hernández López, de la asociación Adissur, explica que algunos de los espacios donde mejor se están implementando los cambios son en las construcciones nuevas, poniendo como ejemplo los centros comerciales. No obstante, señala que se centran sobre todo en las discapacidades físicas, dejando de lado a otros colectivos como las personas ciegas, sordas o dentro del espectro autista.

Trabajar la diversidad desde las aulas

En este sentido, considera que es muy importante trabajar la diversidad desde el ámbito educativo, ya que en la niñez "somos como esponjas". Entiende la dificultad que existe a la hora de aprender el lenguaje de signos, si bien no le parece razonable que muy pocas de las personas que se dedican a la atención al público lo conozcan.

Por ello, apunta que una alternativa sería enseñar nociones básicas en la educación obligatoria o, por lo menos, que se sepa trabajar con pictogramas para tratar con personas dentro del espectro autista. Estos símbolos también son útiles para la gente mayor o con un bajo nivel educativo a la que le cuesta entender ciertas palabras.

De cumplir con la normativa a garantizar la accesibilidad

"Es más fácil que desde pequeños nos acostumbren a entender que hay distintos tipos de discapacidades y que cada una necesita ciertas adaptaciones", relata. Y es que no se trata solo de que haya rampas, espacios más amplios o lavamanos bajos para cumplir con la ley, sino de que exista un compromiso efectivo para garantizar el acceso de toda la ciudadanía a los servicios.

Hernández recuerda algunas ocasiones en que Adissur organizó actividades para sus socios, informándose previamente sobre la accesibilidad, pero una vez en el lugar se encontraron con una situación distinta a la esperada. Cuando fueron al Palmitos Park, en Maspalomas, se encontraron con que las cuestas eran largas y pronunciadas "hasta el punto de que era peligroso bajar en silla de ruedas". El jardín zoológico disponía de una silla de ruedas motorizada, pero tenía un coste adicional al de la entrada.

En el panorama actual, la discapacidad está estrechamente relacionada con una cuestión económica porque la mayoría de los recursos son "muy caros", mientras que los públicos y gratuitos tienen unas "listas de espera enormes".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents