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Un negocio italiano que fermentó en Canarias: así cambia la forma de comer pasta en la capital

Una propuesta distinta donde la pasta fresca se elige, se prepara y se disfruta al momento

Este es el obrador de pasta fresca que conquista Las Palmas de Gran Canaria

Johanna Betancor Galindo

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

No todo lo que se planea comienza con un plan. A veces, basta con unas vacaciones, con el deseo de respirar nuevos aires y dejarse llevar por otro clima. Así fue como Alessandro y Concetta llegaron a Gran Canaria, con la intención de desconectar unos días, pero la isla terminó conquistando sus corazones y, sin planearlo, sembraron una idea que llevaba tiempo en sus mentes.

“Después de esas vacaciones decidimos quedarnos un año para ver si encajaba con lo que buscábamos”. Y encajó, ya que la isla les ofreció lo que necesitaban. De esta forma, nació Conchita, en Las Palmas de Gran Canaria. Un lugar que no es exactamente una tienda de productos italianos ni un restaurante, pero tiene algo de ambos. Se postula como un obrador de pasta fresca inspirado en los locales tradicionales italianos, pero con un enfoque más flexible y personal.

“Queríamos que el cliente pudiera llevarse la pasta cruda con una salsa aparte y cocinarla en casa, pero también ofrecer la opción de llevársela ya preparada”, explica.

Pasta fresca

Obrador de pasta artesanal / Conchita pasta fresca

La pasta como declaración

Cada mañana comienza el proceso. Se prepara la masa, se eligen los moldes, se combinan formas, rellenos y texturas. Todo se hace al momento, sin reservas masivas ni producciones en cadena. Es cocina a viva voz.

Una de las claves está en la maquinaria. “Usamos moldes de bronce”, explica Alessandro, señalando una de las extrusoras del obrador. “Eso le da a la pasta una textura más rugosa, que permite que la salsa se adhiera mejor y otorgue más sabor”.

La diferencia, más que técnica, es ideológica, pues frente a la producción industrial, homogénea y acelerada, Conchita apuesta por lo artesanal, lo que necesita tiempo, cuidado y manos atentas.

El menú, en constante evolución, reúne más de quince elaboraciones entre pastas rellenas y tradicionales. Hay raviolis de gorgonzola y pera, de queso de cabra con trufa negra, de espárragos con ricotta, propuestas vegetarianas con tofu y champiñones, además de gnocchis, tagliatelle o rigatoni.

Una filosofía tradicional

“La diferencia principal con otros sitios es que nosotros producimos nuestra propia pasta. No compramos al por mayor, no usamos pasta industrial”, explica Alessandro. Esa base hecha cada mañana en el obrador, sin atajos ni conservantes es lo que sostiene todo lo demás.

“Eso no lo puede hacer cualquier restaurante porque necesitas maquinaria, técnica, tiempo y saber manipular bien los ingredientes respetando la calidad”, señala.

En ese equilibrio entre la fidelidad a los sabores de origen y la adaptación al territorio, solo traen de fuera lo que no encuentran aquí, productos como la harina, sémola o guanciale. El resto de ingredientes, como las frutas, las verduras y los huevos son productos locales.

Focaccias

Focaccias / Conchita pasta fresca

Fermentación lenta

La focaccia es otro de sus estandartes, pues es más que un acompañamiento. Tiene el mismo protagonismo que cualquier pasta. Se prepara cada mañana con masa madre y una fermentación de 48 horas, según la tradición del sur de Italia. “Es un producto muy importante en nuestra cultura. Es parecida a la pizza, pero distinta en textura, grosor y carácter”, dice Alessandro.

Las hay de aceitunas verdes, de cebolla caramelizada, de tomate seco o simplemente con aceite de oliva y sal gruesa. “Lo que marca la diferencia son los ingredientes”.

A ellas se suman otros clásicos italianos preparados con el mismo respeto: lasañas de carne o de verduras, canelones rellenos de jamón y provola, berenjenas a la parmesana. Y como broche, postres laureados como un tiramisú cremoso o una crostata con mermelada casera. Sabores sin aspavientos, pero con intención.

Educar el gusto

Cuando abrieron en 2019, no sabían si el público local entendería un formato que no encajaba del todo en ninguna categoría. Y como toda novedad, necesitó tiempo.

“No era un producto muy presente en la cultura alimentaria de aquí. Pero cuando das algo hecho con cuidado y con amor, la gente lo nota, lo siente fuerte, y empieza a apreciarlo".

Hoy, muchos clientes repiten. Algunos ya saben lo que quieren sin mirar el cartel, pero los momentos más emocionantes, dice Alessandro, llegan cuando un cliente de edad avanzada les da las gracias porque "son los que más cuesta convencer y los que menos se atreven a probar cosas nuevas, como mis padres", aclara.

Probar para entender

Hay recetas que parecen intocables, platos que uno repite por costumbre, por seguridad. Aun así, desde el local lanzan una invitación sencilla: “Les invito a que se atrevan a probar cosas nuevas porque muchas veces por temor a lo desconocido no nos sorprendemos con sabores nuevos".

Lo que propone Conchita no es una experiencia exótica ni un viaje gastronómico. Es, más bien, una manera de comer bien sin complicaciones, con ingredientes reconocibles, combinaciones honestas y sabores que buscan quedarse. Una comida sencilla, ligera, con sabor sencillo. Y a veces, como ocurre con los buenos platos, lo más difícil es precisamente eso, hacer que algo tan simple te haga volver.

Se puede degustar en casa

Quienes prefieren llevarse el sabor de Conchita a casa pueden hacerlo a través de su página web. Basta con seleccionar la pasta, la salsa y pasar a recogerla al día siguiente.

También ofrecen harinas especiales, vinos italianos, galletas artesanas y hasta el limoncello con el que dicen han crecido generaciones de bambini. Todo pensado para evocar, desde la cocina propia, un trocito de Italia reinterpretado desde Gran Canaria.

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