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El restaurante El Padrino cumple medio siglo en Las Palmas de Gran Canaria

Los fundadores Humberto Rodríguez y Paco Ortega impulsaron una aventura culinaria con la gastronomía canaria como protagonista

De izquierda a derecha Humberto Rodríguez y Paco Ortega, fundadores de El Padrino.

De izquierda a derecha Humberto Rodríguez y Paco Ortega, fundadores de El Padrino. / Andrés Cruz

Las Palmas de Gran Canaria

El Padrino es uno de los restaurantes más míticos de Las Palmas de Gran Canaria. Cada plato de la carta es un homenaje a la gastronomía canaria, una cocina de toda la vida que nunca ha tenido el suficiente reconocimiento. Sus fundadores Humberto Rodríguez y Paco Ortega celebran el 50 aniversario del restaurante, que les costó sacrificio y esfuerzo sacar adelante.

«Cuando empezamos nadie daba por nosotros ni una semana de trabajo», confiesa Ortega. Los comienzos no fueron sencillos, más bien todo lo contrario. Ambos venían de trabajar en el restaurante El Samoa, en pleno centro de Alcaravaneras con una fama ya consagrada. Pero dejaron sus puestos estables y bien pagados para aventurarse en un proyecto propio en un barrio alejado del centro y sin la carretera asfaltada. «Teníamos que llamar a la gente para que viniera hasta aquí arriba, a nuestras amistades y a nuestros clientes de Samoa», explica Rodríguez. Al final, el boca a boca hizo de las suyas y consiguió llenar poco a poco las mesas hasta conseguir que el restaurante pasara a ser uno de los más codiciados. «Las mujeres no se querían bajar de los coches porque les daba miedo», cuenta Ortega.

De Alcaravaneras a Las Coloradas

La propuesta fue ofrecer algo diferente a lo que se daba en las cocinas de la capital y eso rompió. Después de la mili, Rodríguez trabajó en un bodegón de Escaleritas donde aprendió todo lo que sabe de cocina canaria tradicional. «La cocina auténtica del pescado fresco, ensaladas de berros con rabanillo o el gofio escaldado. Era un concepto diferente que yo no conocía aparte de que nosotros veníamos ya con las albóndigas, con las croquetas del restaurante del Samoa», refleja Rodríguez.

En un principio, el local era un pequeño quiosco que abría para el fútbol y servía bebidas y enyesque. Los amigos adquirieron el local con la única condición del anterior propietario de que no cambiaran el nombre. Así lo hicieron y comenzaron con tan solo seis u ocho mesas. Ahora cuentan con 59.

Celebración

Para celebrar el medio siglo de vida, hicieron coincidir la XIX Jornadas Gastronómicas con la efeméride. En esta cita, entregaron, como es habitual, varios galardones a clientes, productores e instituciones. Pero los eventos durarán todo este año, ya que tienen pensado hacer un ronqueo de atún e invitar al chef Aday Martín, cuyo restaurante se coronó el año pasado como la segunda mejor paella del mundo. «Los nuevos quieren modernizar el restaurante y para poner nuevos platos tienen que aprender a cocinar», explica.

Uno de los principales eventos del restaurante es la celebración de la Cofradía del Puchero Canario de las Siete Carnes. Cada marzo varios amigos se reúnen entorno a este plato canario de tradición castellana. Desde hace varios años escogen el restaurante El Padrino para celebrar este encuentro que congrega a más de un centenar de personas. Este plato que era habitual en las celebraciones de los canarios pudientes lleva 19 ingredientes entre carnes, verduras y legumbres, y que en el restaurante lo preparan con mimo para el evento anual.

Jubilación

Después de tantos años al pie del cañón los fundadores quisieron dar un paso atrás y dejar el restaurante en mano de la segunda generación. Sus hijos Yeray Ortega y Humberto Rodríguez tomaron el relevo y ahora son los que regentan el establecimiento. Desde entonces le han querido dar un toque más actual con la incorporación de nuevos platos al menú como el atún o las carnes. «Ahora tenemos un horno especial de leña para las carnes», destaca Rodríguez. «No lo está haciendo mal, nosotros desearíamos que fuera mejor, pero como nosotros ya estamos tenemos que ir corrigiendo algo, pero tiene que ser así», valora.

Aunque la carta ha cambiado a lo largo de los años, hay platos que no se han modificado a lo largo de todo este tiempo. Es el caso de uno de los platos estrella: el cherne. «Nosotros lo hacemos al horno tradicional, y queda bien porque es un pescado muy gustoso», señala Rodríguez. También la vieja, que la preparan de diferentes formas, ya sea a la espada, cocido o frito. «Tú vas a muchos restaurantes y ves una vieja y no te dice nada y vienes aquí y te llama la atención», valora. Otros pescados han dejado de formar parte de la carta como la jarea, que en sus inicios atrajo a los vecinos de La Isleta. «Había mucho isletero que apreciaba lo que venía del muelle», comenta Rodríguez.

También era tal la afición de los fundadores por este pescado que la primera vez que cerraron el restaurante fue para ver a la UD Las Palmas jugar la Copa del Rey con el FB Barcelona lo llevaron con ellos. «Nos llevamos un kilo de pejines en el avión para regalar a los pasajeros, hasta que la azafata nos preguntó qué llevábamos ahí», recuerda Rodríguez. Tras medio siglo las anécdotas son infinitas, al igual que la ilusión que siguen teniendo sobre el proyecto que esos dos jóvenes impulsaron con más ganas que dinero para hacer realidad ese restaurante. Tras mucho esfuerzo y sacrificio el restaurante ha terminado siendo el sustento de dos generaciones que han conseguido llevar a otro nivel la cocina de las abuelas canarias. 

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