El legado olvidado de Vegueta: ¿por qué una joya del siglo XVI está al borde del colapso?
¿Puede aspirar Vegueta a ser Patrimonio de la Humanidad mientras se permite el deterioro de sus tesoros arquitectónicos?
Un patrimonio en riesgo en el corazón de Las Palmas

Una pareja de turistas pasea por el barrio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria. / Andrés Cruz
En el corazón del barrio histórico de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, una de las casas más antiguas aún en pie se enfrenta a una silenciosa desaparición. Ubicada en la calle Mendizábal número 27, esta construcción, datada a finales del siglo XVI, representa una de las piezas más valiosas de la arquitectura tradicional canaria. Sin embargo, lejos de recibir el reconocimiento y cuidado que merece, su actual estado de abandono plantea serias dudas sobre la gestión del patrimonio arquitectónico en la ciudad.
Arquitectura gótica canaria: un vestigio único
Esta vivienda histórica sobresale por su cantería de arenisca, un material típico de la zona, utilizado ampliamente durante los siglos XVI y XVII en edificaciones nobles. Su fachada incluye dos arcos conopiales, un elemento característico del gótico tardío, que en Canarias se fusiona con influencias mudéjares y renacentistas, dando lugar a una identidad arquitectónica propia.
La importancia de conservar este tipo de inmuebles no es simplemente estética o anecdótica. Según el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), el deterioro progresivo de los bienes inmuebles de valor histórico representa una de las mayores amenazas para la conservación de la memoria colectiva de un país. La desaparición de edificaciones como esta implica perder parte de los cimientos culturales que forjaron el urbanismo y la identidad de Las Palmas.
¿Modernidad sin memoria?
Justo al lado de esta joya arquitectónica se ha levantado una casa de diseño contemporáneo, completamente alejada del estilo original del entorno. Aunque la renovación urbana es necesaria y muchas veces inevitable, este tipo de intervenciones deben realizarse con sensibilidad hacia el contexto histórico. Diversos informes, como los elaborados por el ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), señalan que la construcción moderna en zonas patrimoniales sin planes de protección coherentes puede provocar la pérdida del valor universal excepcional, un requisito clave para ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En el caso de Vegueta, cuya candidatura ha sido defendida por instituciones y colectivos locales desde hace años, situaciones como esta ponen en entredicho su viabilidad. ¿Cómo puede un barrio aspirar a este prestigioso reconocimiento si permite que inmuebles del siglo XVI lleguen a un estado de ruina sin intervención pública o privada?

Exterior del inmueble ubicado en el número 2 de Triana / Nayra Bajo de Vera
La casa 27: historia en ruinas
El interior de la casa de Mendizábal 27 está completamente destruido. Techos desplomados, muros agrietados y elementos arquitectónicos desaparecidos forman parte de un escenario desolador. Especialistas en restauración advierten que, sin una actuación inmediata, el edificio podría colapsar en los próximos años, lo que supondría una pérdida irreversible.
Un informe del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias ya alertaba hace años sobre el mal estado de conservación de muchas viviendas históricas del casco antiguo. La falta de incentivos fiscales, la lentitud en la tramitación de licencias y la escasa inversión en restauración están llevando al abandono sistemático del patrimonio.
¿Hay voluntad política?
A pesar del deterioro evidente, no se han anunciado planes concretos para la recuperación de la casa con el número 27. Mientras tanto, organizaciones ciudadanas como la Asociación Vegueta Viva han lanzado campañas para concienciar sobre la necesidad de proteger este bien histórico. En su web recogen casos similares en los que la presión vecinal logró que se rehabilitaran edificios históricos, como ocurrió con la Casa de Colón o la restauración parcial de la Plaza de Santa Ana.

Trasera de la Catedral de Santa Ana, donde estaba la nevería. / LP/DLP
Pero no todos los casos corren la misma suerte. La burocracia y la descoordinación entre administraciones siguen siendo los principales obstáculos para la conservación de Vegueta. El Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Vegueta, aprobado hace más de una década, aún no se ha implementado por completo.
Estudios que respaldan la urgencia
Numerosos estudios, como los de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), advierten que el turismo patrimonial, si se gestiona adecuadamente, puede ser una fuente sostenible de ingresos para las ciudades. Según un informe publicado en 2023 por la Red Española de Ciudades Patrimonio de la Humanidad, las ciudades que han apostado por restaurar sus centros históricos han experimentado un incremento medio del 22% en su actividad turística en cinco años.
Este dato pone de manifiesto el potencial económico y cultural de conservar espacios como el de Vegueta. No se trata solo de una cuestión de estética o memoria, sino también de desarrollo sostenible.
¿Patrimonio de la Humanidad o fachada sin alma?
Para que Vegueta logre ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad, no basta con conservar las plazas emblemáticas o realizar eventos culturales. Se necesita una estrategia integral que incluya la rehabilitación urgente de las viviendas históricas, planes de uso compatibles con su preservación y un marco normativo que impida nuevas construcciones que rompan con la estética tradicional del barrio.

La UNESCO, en su guía para candidaturas, establece que la autenticidad y la integridad son requisitos clave para ser admitido en la lista del Patrimonio Mundial. Si se siguen permitiendo actuaciones descontextualizadas como la edificación moderna junto a la casa de Mendizábal, ese objetivo podría convertirse en una meta inalcanzable.
Vegueta no es solo un barrio antiguo. Es el origen de Las Palmas, testigo de siglos de historia, y un lugar donde cada piedra tiene algo que contar. Sin embargo, el deterioro de joyas como la casa número 27 revela una preocupante dejadez institucional y ciudadana.
Si no se toman medidas urgentes, no solo perderemos una vivienda del siglo XVI. Estaremos renunciando al alma misma de nuestra historia urbana, a la posibilidad de contar con un entorno vivo y auténtico que inspire a futuras generaciones.
Preservar Vegueta es preservar quiénes somos. ¿Estamos dispuestos a asumir esa responsabilidad o preferiremos dejar que la modernidad sin alma entierre definitivamente nuestra herencia cultural?
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