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Raúl Saavedra: El legado imborrable de un educador

Saavedra destacó como educador y mediador de conflictos, una labor reconocida que le ha valido la Medalla de Oro de Las Palmas de Gran Canaria a título póstumo

Raúl Saavedra.

Raúl Saavedra. / LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

Desde niño, Raúl Saavedra López apuntaba maneras. Lo suyo era vocación por entender y ayudar a los demás. Siempre de una manera desinteresada, cuentan quienes lo conocieron. Fundador y director del Instituto Interdisciplinar de Resolución de Conflictos (Redeco), dedicó su vida profesional a mediar entre quienes más los necesitaban. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria le concederá el próximo 23 de junio la Medalla de Oro de la ciudad en el acto de Honores y Distinciones; un reconocimiento a título póstumo tras fallecer hace un año.

Natural de Las Palmas de Gran Canaria, Saavedra era el menor de tres hermanos. No obstante, pasó largos ratos de su infancia en la finca de sus abuelos en Gáldar, donde aprendió a enamorarse del campo y los animales. De hecho, terminaría comprando más adelante una casa cueva en Guía. Desde niño, mostró un carácter «muy inquieto», señala su hermana Ana María; «desde pequeño siempre se caracterizó por relacionarse con todo el mundo, miraba a las personas tal y como eran».

Este espíritu por querer «ayudar a los más desfavorecidos», cuenta, le llevó por un camino en la vida de compromiso, sensibilidad y ética. Estudió criminología, pero compaginó la carrera con el voluntariado, una decisión que le acercaría y terminaría llevando a su verdadera dedicación profesional. De hecho, durante su etapa educativa se perfilaba su futuro siendo el delegado de clase, «siempre fue muy reivindicativo con todo». Un papel que iría madurando con el tiempo.

Centros de menores

Saavedra trabajó directamente con jóvenes en los centros de menores de La Montañeta, en la capital grancanaria, y en La Solana, en Telde; además, participó en programas de reinserción con presos en el centro penitenciario de Salto del Negro. Lugares todos estos donde «supo dejar una impronta de confianza y esperanza», según explican sus más allegados. La idea era que cada uno superara sus conflictos sin llegar a protagonizar una situación de violencia.

En 2004 fundó Instituto Interdisciplinar de Resolución de Conflictos (Redeco), organismo que lideraría hasta el fin de sus días. Este era un proyecto pionero en las Islas al poner en el centro la educación emocional, la mediación y la transformación de los conflictos como herramientas clave para el bienestar común. Desde allí lideró a todo un equipo técnico que ha abogado por el acompañamiento al alumnado y familias.

Raúl Saavedra, director Instituto Interdisciplinar de Resolución de Conflictos (Redeco) durante la presentación de los resultados del estudio 'Salud emocional en el alumnado adolescente de Gran Canaria'.

Raúl Saavedra, director Instituto Interdisciplinar de Resolución de Conflictos (Redeco) durante la presentación de los resultados del estudio 'Salud emocional en el alumnado adolescente de Gran Canaria'. / LP/DLP.

De hecho, Saavedra impartió cientos de talleres y conferencias en las que puso en relieve los trastornos emocionales de los jóvenes de hoy día, tales como el estrés o el insomnio. Unas enseñanzas que no solo impartió desde el punto de vista de los adolescentes, también del de los familiares, con charlas como Cómo hablar para que tu hijo/a escuche o Estrategias para regular el temple educativo de progenitores con hijos/as desafiantes.

Institutos, colegios, fundaciones. «Iba por todas las Islas y también a la Península», señala su familia. De hecho, fue asesor y formador de la consejería de Educación del Gobierno de Canarias y autor de material formativo sobre mediación, convivencia escolar y prevención de la violencia, entre otros. También mediaba de manera individualizada entre adolescentes y padres con una mala relación. Caso por caso, de una manera siempre implicada y volcada hacia los demás, cuentan.

Gusanillo por la pesca

En el plano personal, Saavedra era un apasionado de la naturaleza y del mar. En aquella finca familiar de Gáldar aprendió a conocer el campo. La playa de Sardina era el lugar donde veraneaba de niño y allí fue donde le nació el gusanillo por la pesca. «Siempre decía que meter la cabeza bajo esas aguas frías y cristalinas le permitía liberarse del trabajo y el estrés diario», resaltan sus allegados.

Guayedra era otra de sus playas favoritas, «por su naturaleza salvaje», aunque también fue un enamorado de Lanzarote. «Le enseñó a pescar a nuestras hijas», apuntan su hermana Ana María y su cuñado y amigo de la infancia Juan Carlos. Una afición que también le inculcó a su pareja.

La música fue otra de sus grandes pasiones. De hecho, tocaba la batería y en el garaje de la casa de sus padres en Gáldar empezó a reunirse los fines de semana con un grupo de amigos con los que compartía afición entre los que se encontraba Arístides Moreno. Todos ellos fundaron el grupo Tatueque, con el que participaron en más de una velada, además de celebraciones y encuentros de amigos.

Y es que Raúl Saavedra era una persona a la que le encantaba «darlo todo, sin pedir nada a cambio», cuenta su hermana, «era un desprendido». Quienes lo conocieron destacan de él «su manera única de transmitir, su cercanía y su capacidad de inspirar y su coherencia». Valores que fue transmitiendo; y es que dicen que tenía una habilidad especial «para transformar los conflictos en oportunidades».

«El legado de Raúl vive en sus ideas, en sus proyectos, pero sobre todo en las personas», afirman quienes lo conocieron de cerca. Yes que dejaba una «marca imborrable» en todo el mundo.

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