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¿Por qué se llama así El Confital?

El nombre de una de las zonas más singulares de Las Palmas de Gran Canaria dice más de lo que parece

El Confital, uno de los lugares más singurales de Las Palmas de Gran Canaria.

El Confital, uno de los lugares más singurales de Las Palmas de Gran Canaria. / Juan Carlos Castro

Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

El Confital sobrevive como un lugar extraño en Las Palmas de Gran Canaria. A pocos kilómetros del ajetreo, y aunque ha cambiado tanto como su entorno, conserva una personalidad que lo mantiene aparte. Vive al margen, y paga su precio. El tiempo ha pasado por allí como por el resto de la ciudad, pero las marcas que ha dejado no son las mismas. Comprender cómo ha evolucionado la capital implica también detenerse en lo que ha ocurrido en las últimas décadas en El Confital.

Durante el siglo XX fue un espacio de aprovechamiento popular. Las salinas funcionaron hasta los años sesenta. Con el tiempo, y ante la falta de alternativas habitacionales, algunas familias de La Isleta aprovecharon el vacío institucional para levantar chabolas y establecerse allí. A partir de los años noventa, el Ayuntamiento inició un proceso de desalojo con el objetivo de recuperar el aspecto original del lugar. Hoy, la zona está protegida como parte del Paisaje Natural de La Isleta.

Las chabolas en El Confital en una fotografía de finales de los años 60.

Las chabolas en El Confital en una fotografía de finales de los años 60. / Fedac

El nombre de El Confital es casi tan antiguo como la ciudad. Aparece ya en el mapa de 1590 del ingeniero Leonardo Torriani, prueba de que ya se usaba mucho antes de quedar registrado por escrito. Pero el significado que arrastra es aún más antiguo.

¿Qué significa confital?

En algunos puntos del litoral canario es común encontrar acumulaciones de pequeñas piedras blanquecinas, redondeadas y con un leve brillo. A simple vista pueden parecer simples piedrecillas, pero en realidad son rodolitos —una palabra que viene del griego rhodo (rojo) y lithos (piedra)—, formaciones calcáreas generadas por algas coralinas. Al morir, estas algas pierden su color rojizo y adquieren ese tono claro tan característico.

Fragmento del mapa de Gran Canaria de Torriani (1590) donde aparece "Confital".

Fragmento del mapa de Gran Canaria de Torriani (1590) donde aparece "Confital". / LP/DLP

Su apariencia recuerda a los confites, los dulces recubiertos de azúcar que solían acompañar celebraciones. Ese parecido dio lugar al término confital, que hace referencia a zonas de costa donde estos fragmentos son abundantes. Según el portal de toponimia de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, estas formaciones eran tan características en esta parte del litoral de La Isleta que acabaron dando nombre al lugar.

Los rodolitos desempeñan un papel importante en el equilibrio del océano. Actúan como pequeños arrecifes que dan cobijo a peces, crustáceos, moluscos y otras especies marinas. Su estructura porosa y ramificada crea refugios naturales que favorecen la biodiversidad en los fondos marinos. También destacan por su capacidad de absorber carbono y fijarlo en forma de carbonato cálcico, lo que los convierte en sumideros naturales de dióxido de carbono.

Buceadores que colaboran en el proyecto Mac-Rodo, en un hábitat de rodolitos en Madeira.

Hábitat de rodolitos en Madeira, similares a los que se encuentran en la costa canaria. / Pedro Neves

¿Hay otros lugares con el mismo nombre?

El topónimo no es exclusivo de Gran Canaria. En Tenerife, al sur de la isla, hay otra playa con el mismo nombre en el municipio de Granadilla de Abona. En ambos casos, el término remite a lo mismo: la abundancia de rodolitos en la costa. Estas formaciones se encuentran en muchas otras zonas del archipiélago, especialmente en las islas orientales, como Fuerteventura y Lanzarote, donde las condiciones del fondo marino favorecen su desarrollo.

El Confital sigue ahí, en el margen de la ciudad, como lugar al que se llega casi sin darse cuenta si uno empieza con ganas por el paseo de Las Canteras, y se deja llevar. Es punto de encuentro para vecinos y visitantes, o simplemente parte de la rutina de quienes ya saben a lo que van. Conocer el origen de su nombre no cambia lo que es, pero sí ayuda a entender lo que llegó a significar para quienes lo habitaron antes.

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