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El banquete de las brujas

Acaba de llegar a las librerías de Canarias una novela que mezcla arte, memoria y misterio con el propósito de rescatar a Jesús Arencibia y su obra del olvido

Fragmento del mural del artista Jesús Arencibia que figura en la portada de la novela 'El banquete de las brujas'.

Fragmento del mural del artista Jesús Arencibia que figura en la portada de la novela 'El banquete de las brujas'. / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

Querido lector, lo que hoy comparto contigo no es otra crónica más de las que suelo ofrecerte cada semana. En esta ocasión quiero invitarte a descubrir un libro singular, editado en la Península y que, por fin, acaba de arribar a nuestras costas como un náufrago que trae consigo un secreto largamente esperado. Si te animas a leerlo, te adentrarás en una Gran Canaria insólita, profundamente distinta a la que creías conocer.

El banquete de las brujas es un apasionante juego de adivinanzas que enlaza pintura, mitología, esoterismo e historia dentro de una trama detectivesca. Trata en profundidad temas tan controvertidos como la masonería, la brujería, la magia negra y el auténtico origen del cristianismo. Como puedes imaginar, se trata de un libro muy especial. En realidad es muchas cosas a la vez: una novela disfrazada de diario, un thriller simbólico, una libro de viajes y también una meditación sobre la memoria.

La historia gira en torno a algo tan improbable como fascinante: los murales de Jesús Arencibia. Tal vez su nombre no te resulte familiar, pero Jesús Arencibia fue un pintor de Tamaraceite que, a pesar de ser un genio y formar parte del podio de los muralistas canarios, ha caído en el más injusto de los olvidos.

Por eso no me sorprendería que muchos de quienes ahora leen estas líneas se pregunten: ¿dónde se hallan esos murales?, pues aunque están repartidos por distintos rincones de la isla, han permanecido casi invisibles para la mayoría. ¿Y qué tienen de particular? -volverá a preguntarse más de uno-, pues que algunos de ellos encierran un mensaje herético, camuflado entre escenas aparentemente inofensivas, a pesar de haber sido creados en plena dictadura. Y lo más insólito es que ese mensaje ha pasado desapercibido… hasta ahora.

Tablero de enigmas

El argumento de la novela es sencillo: el protagonista, un joven arquitecto madrileño de origen canario, llega a la isla para conectar con sus raíces. En el avión conoce a un anciano extraordinariamente culto, que se ofrece a hacerle de guía mientras le va revelando día a día que los murales de Jesús Arencibia esconden mensajes cifrados y mitos camuflados entre escenas costumbristas.

Debido a ello, los murales funcionan como pistas, y a través de ellos, el protagonista y su anciano cicerone se ven envueltos en una suerte de gincana intelectual oculta que convierte la isla en un tablero de enigmas que giran alrededor del paganismo y su relación con la fe cristiana.

Pero no se trata únicamente de una novela de misterio. La relación entre el protagonista y Rafael, que es como se llama el anciano, se convierte desde el principio en una relación simbiótica. Rafael está en las primeras fases del alzhéimer y necesita ayuda para ejercitar su memoria. El joven, por su parte, encuentra en él una especie de guía para su propio viaje. Y el lector una forma nueva y profunda de mirar la isla.

La estructura es de ficción, claro está, pero los murales son reales y muchos personajes también lo son. Por ejemplo, uno de ellos es nada menos que Rouco Varela, que aparece bajo un contexto muy peculiar. También Ramón Echarren, antiguo obispo de la Diócesis de Canarias, o Sebastián Hernández Gutiérrez, profesor de Historia del Arte en la Universidad. Además, la obra trata en profundidad acerca de figuras clave de la historia de Canarias, como Néstor Álamo o Matías Vega Guerra y revela algunos aspectos de ambos que hasta ahora nadie se había atrevido ni siquiera a insinuar.

Portada de la novela 'El banquete de las brujas', de Fabio García Saleh.

Portada de la novela 'El banquete de las brujas', de Fabio García Saleh. / LP/DLP

Estructura episódica

La novela tiene una estructura episódica que permite leerla por partes, y aunque invite a tomar notas o buscar en internet, también contiene mucho humor e ironía. Cada mural se convierte en una pista, cada escena en una prueba, cada diálogo en una lección. Como dice uno de los personajes: “Los tesoros más valiosos son los que están enterrados a más profundidad.”

El tema del alzhéimer es uno de los aspectos más emotivos de la novela. El personaje de Rafael refleja de forma muy lúcida lo que significa esa enfermedad en sus primeras fases. Dice frases como: “Hay ladrones de viviendas y de recuerdos: los primeros roban en las casas de sus víctimas, y el resto, en sus cerebros.” Pero la pintura, los versos, la conversación y muchas cosas más acaban convirtiéndose en formas de resistir al olvido.

Por eso más que un thriller es un homenaje, ya que, como casi nadie conoce a Jesús Arencibia fuera de nuestra tierra -e incluso está cayendo en el olvido dentro de ella-, estoy convencido de que sorprenderá a todos al demostrar fehacientemente que sus murales, además de ser auténticas obras maestras de la pintura, ocultan un mensaje oculto.

Sé que puede parecer una ambición desmesurada, pero algo similar logró Manuel Mujica Láinez con su novela Bomarzo. Antes de su publicación, casi nadie sabía quién había sido Pier Francesco Orsini, y su enigmático jardín manierista, el Sacro Bosco, estaba al borde de la ruina. Sin embargo, gracias a la mirada lúcida de aquel escritor argentino, tanto el hombre como su obra fueron rescatados del olvido y devueltos al lugar que habían ocupado en la historia.

Historia de iniciación

Por eso, al escribir El banquete de las brujas, no me limité a recuperar la memoria de Jesús Arencibia. Quise también tejer una historia de iniciación, una invitación a apartar la mirada del cliché turístico y adentrarse en una Gran Canaria invisible, velada bajo capas de simbolismo, arte y memoria colectiva. Frente a la visión superficial de nuestra isla como simple destino playero, esta novela reivindica con firmeza su riqueza histórica y cultural.

Pero aunque mi principal objetivo sea rescatar a un artista injustamente relegado al olvido, El banquete de las brujas no es únicamente una reivindicación de lo local. Si bien la obra mural de Jesús Arencibia constituye el núcleo de la trama, a lo largo de sus páginas esta se entrelaza y dialoga de forma constante con la de grandes maestros universales como Kandinsky, El Greco, Rafael, Miguel Ángel, Miró, Dalí, Leonardo, Monet, Manet, Munch, Rothko, Botticelli y muchos otros. Así, la novela trasciende el contexto insular para conectar a Jesús Arencibia con la historia global del arte y el pensamiento simbólico. 

Por eso estoy convencido de que, si este libro logra despertar cierto interés, ocurrirá con los murales de Arencibia lo que sucedió hace sesenta años con el Sacro Bosco de Bomarzo: comenzarán a ser redescubiertos y visitados por miles de personas, sean canarios, peninsulares o viajeros de cualquier parte del mundo.

Al llegar hasta aquí, habrás intuido que este libro es una continuación natural de lo que vengo haciendo desde hace casi dos años con mis Crónicas de un rompesuelas: rescatar del olvido las historias ocultas de Gran Canaria y devolverles la voz que merecen. Por eso, si te han gustado mis crónicas, estoy seguro de que esta novela también te atrapará y espero que la disfrutes este verano con mucho interés.

Mi empeño en divulgar la obra de un pintor prácticamente desconocido se debe a que muchos de sus murales, auténticas joyas de nuestro patrimonio, languidecen en el abandono y el olvido. Hace unas semanas se publicaron varios artículos denunciando el pésimo estado de conservación de los que alberga la antigua Ermita de Santa Catalina del Pueblo Canario. Así que ayúdame a salvar a Jesús Arencibia y su obra de la desmemoria y la destrucción.

Lamentablemente, estoy convencido de que esta es la única forma de lograr que la gente no sólo conozca a Jesús Arencibia, sino que lo valore como realmente se merece.

¿Lo conseguiré? Sólo Dios lo sabe, pero de algo estoy seguro: cuando llegues a la última página de El banquete de las brujas ya no serás el mismo; porque no volverás a mirar un cuadro con los mismos ojos. Y no es una amenaza... sino una promesa.

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