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PSICOLOGÍA

"Cada logro libera dopamina" : la psicóloga Nayara Ortega desvela cómo activar tu cerebro para ser feliz

La experta explica cómo potenciar los neurotransmisores que regulan la alegría, el bienestar y el amor, con pequeños cambios que están a tu alcance

Cómo potenciar las hormonas de la felicidad

Cómo potenciar las hormonas de la felicidad / LP/DLP

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

No hay receta mágica, ni pócima de hada ni filtro escondido en una botella. Pero hay algo dentro de ti que puede cambiarlo todo. Se enciende cuando ríes con alguien a carcajadas, cuando logras ese reto que parecía imposible o cuando te derrumbas feliz en el sofá después de una caminata intensa. La felicidad no siempre depende del exterior, también se fabrica por dentro y tiene química.

La psicóloga Nayara Ortega lo resume así: “Cuando experimentas felicidad, tu cerebro genera una serie de neurotransmisores, y cada uno tiene una función especial”. La buena noticia es que no necesitas grandes logros para activarlos.

La verdadera alquimia emocional está en lo cotidiano: un abrazo, un paseo, una charla sincera o una alimentación consciente. Porque hay un pequeño laboratorio dentro de ti que puede entrenarse para el bienestar.

Dopamina: la chispa del logro

Es la hormona del premio. Esa que se dispara cuando consigues terminar una tarea, alcanzas una meta o simplemente haces algo que disfrutas. La dopamina está profundamente ligada al placer, pero también a la motivación y a la sensación de que la vida tiene un rumbo.

Según Ortega, “es la responsable de esa sensación de recompensa, como cuando alcanzas un logro o disfrutas de algo que amas”. Pero también es la hormona de la trampa: cuando se activa en exceso o se busca sin medida (como ocurre en las adicciones), puede volverse en contra.

La clave está en los microéxitos: organizar tu día, celebrar avances, marcarte objetivos realistas. Cada logro activa una pequeña chispa. Una chispa que suma.

Serotonina: el equilibrio emocional

La serotonina es la encargada de estabilizar tu ánimo. Regula el sueño, el apetito y la digestión, pero también el estado de ánimo y la sensación de bienestar. Y no solo vive en el cerebro: se reparte en gran parte por el intestino, lo que explica por qué la alimentación y la salud mental están tan conectadas.

Comer bien no es solo un acto físico, es también un gesto emocional. Una dieta rica en triptófano (presenten en el plátano, los huevos, el queso o el salmón), una rutina de sueño saludable y la exposición diaria al sol pueden ayudarte a mantener tus niveles de serotonina estables.

Endorfinas: la euforia natural

Quizá las más conocidas. Son las responsables del subidón tras el ejercicio físico, de esa sensación de bienestar después de reírte a carcajadas o de la calma que sientes tras un buen rato bailando o haciendo el amor.

Las endorfinas comparten estructura con los opioides, pero se generan de forma natural. Están ahí para que sientas alivio frente al dolor, pero también para que disfrutes del cuerpo y su movimiento. Bailar, hacer deporte, practicar yoga o simplemente estirarte en la cama con una sonrisa activan estos “analgésicos naturales”.

Oxitocina: el lazo invisible

Es la hormona del apego. Se libera cuando abrazas, besas o compartes un momento íntimo. Y no solo en pareja. La oxitocina también se genera al compartir tiempo con tu mascota, con tus amigos o en conversaciones significativas. Es la única que combate directamente el estrés, y por eso, en tiempos de ansiedad, su caricia es crucial.

Según Ortega, “refuerza el vínculo emocional en relaciones positivas”. Es la hormona de la confianza, de la compasión y de la empatía. Quizá por eso dicen que un abrazo de más de 20 segundos puede cambiarte el día.

Hábitos para equilibrarlas todas

El centro psicológico Cecilia Cores recomienda una serie de hábitos sencillos (y a menudo olvidados) para ayudar a tu cerebro a mantenerse en equilibrio, incluso en momentos de estrés o tristeza:

  • Mantente hidratado: el agua es esencial para el funcionamiento cerebral.
  • Evita el aislamiento: rodéate de personas que te hagan sentir bien.
  • Reduce el estrés: con técnicas de respiración, mindfulness o yoga.
  • Crea momentos de gratitud: escribir cada noche tres cosas buenas del día puede cambiar tu enfoque mental.
  • Muévete: salir a caminar, aunque sea 15 minutos, genera endorfinas.
  • Descansa: sin un buen sueño, tu química emocional se desajusta.
  • Aliméntate bien: apuesta por comidas ricas en nutrientes y evita los ultraprocesados.

No es un estado permanente ni una línea recta. La felicidad es más parecida a un pulso, a un oleaje constante, a veces suave, a veces tormentoso. Pero saber cómo funciona tu química interna puede darte herramientas para surfear esa marea.

Como concluye Ortega, la felicidad no es un destino al que llegas, sino algo que cultivas. Y puedes hacerlo todos los días, en pequeños gestos. Tu cerebro, al fin y al cabo, solo necesita que le des motivos. Y está listo para recompensarte.

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