"Nada compensa perder tu hogar": la historia que se repite en Las Torres
La casa de una vecina de Las Torres fue tirada para construir la avenida de Felo Monzón, ahora la vivienda de su madre podría ser expropiada en el mismo barrio

María Moreno explica el lugar en el que estaba ubicada su vivienda antes de ser expropiada en Las Torres. / José Carlos Guerra

Los vecinos del barrio de Las Torres han alzado la voz durante el último mes ante el proyecto de la Nueva Ciudad Alta, que contempla la posible expropiación de 127 viviendas. La situación ha reavivado antiguos temores, ya que hace dos décadas, la construcción de la avenida Felo Monzón, que conecta Siete Palmas con el Hospital Negrín, también implicó la pérdida de una decena de casas mediante expropiación. Una de las afectadas de entonces fue María Moreno —nombre ficticio para proteger su identidad—, quien ahora se enfrenta a una situación similar. En aquel momento, ella y su familia tuvieron que abandonar su vivienda y reconstruir su vida en otro barrio. Ahora, la casa de su madre en la calle Manzanilla podría volver a estar en el punto de mira.
«Cuando me enteré, no me lo podía creer. ¿Cómo puede ser que tenga que pasar por esto otra vez?», lamenta Moreno. Nacida en el Sáhara cuando aún era colonia española, Moreno regresó a Gran Canaria junto a su marido tras la ocupación marroquí del territorio. En Las Torres construyeron su hogar, pero apenas dos años después recibieron la notificación de que una carretera atravesaría la zona. Aquel aviso fue un golpe duro, pero rápidamente comenzaron a movilizarse para intentar salvar su vivienda.
Organizaron protestas, buscaron apoyos, propusieron alternativas técnicas. «Incluso planteamos hacer un túnel por debajo de las casas, entre otras opciones que eran perfectamente viables», recuerda. Sin embargo, ninguna fue aceptada por el Ayuntamiento. Once años de lucha culminaron en negociaciones para acordar indemnizaciones económicas.
Fue una década agotadora para las familias implicadas. Moreno no olvida el día que tuvo que abandonar su casa con las últimas pertenencias. «Salí por última vez, y vi aparecer al camión de las demoliciones. No pude volver al barrio durante tres meses, aunque mis padres aún vivían allí. Fue muy duro ver tirar tu propia casa». Uno de sus hijos, asegura, cayó en una depresión durante el proceso.
Mudanza
Tras llegar a un acuerdo económico con la promotora, la familia necesitaba encontrar una nueva vivienda y un local para trasladar su negocio, que gestionaban en la planta baja de su antigua casa. Pero los precios del alquiler en la zona industrial de Las Torres eran desorbitados: «Nos pedían 900 euros al mes. No podíamos pagar eso y, además, una vivienda». El dinero de la indemnización se habría esfumado en apenas un año. Por eso se mudaron a La Galera, donde compraron una casa terrera que adaptaron para vivir y trabajar. Aun así, debieron invertir en reformas y en asesoramiento legal. «También gastamos bastante en abogados», afirma.
Moreno tenía el sueño de abrir una ferretería en un terreno contiguo a su antigua casa. Pero ese solar también fue expropiado. Hoy, en su lugar, se alza un edificio en la avenida Felo Monzón.
La mudanza a La Galera fue difícil, aunque el vecindario los acogió con calidez. «Fue complicado adaptarse. Cuando nos fuimos a vivir arriba, hace 22 años, no existían los proyectos de guaguas ni las urbanizaciones que hay ahora, ni el Centro Comercial Los Alisios», comenta. Aunque fueron compensados, Moreno insiste en que «nada es suficiente». El esfuerzo invertido durante años, el arraigo y la historia familiar no pueden cuantificarse destaca la mujer. «Nada compensa el sacrificio que hicimos».
Por eso, cuando oyó hablar de nuevas expropiaciones en Las Torres, no pudo evitar revivir el pasado. Esta vez, la afectada sería la casa de su madre, una mujer de 94 años, encamada. «No se lo he dicho. Prefiero evitarle el disgusto».
Proceso participativo
Desde el Ayuntamiento capitalino han señalado que, por ahora, no existe un proyecto redactado. La modificación del Plan General de Ordenación Urbana se encuentra en fase de evaluación ambiental, sin validez jurídica. La alcaldesa ha garantizado que el proceso será participativo, y el concejal de Urbanismo ha asegurado que las expropiaciones serán «las mínimas indispensables». Pero Moreno no se siente tranquila: «Las palabras se las lleva el tiempo».
Recuerda cómo era el barrio cuando llegó, un lugar de casas humildes, rodeado de invernaderos. «La parte baja era un vertedero. Cuando llovía, todo era barro y peste. Antes, esto no era bonito», dice. Moreno considera que su expropiación tenía un «fin público» porque era una carretera, pero critica que en esta ocasión el propósito sea crear zonas de espacio libre como parques.
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