Cultura
Una ruta por el comercio de antes
En una época en la que las grandes marcas uniforman las ciudades, el escritor Eduardo Reguera invita a un viaje nostálgico por el pasado comercial de la ciudad. Su nuevo libro rescata la memoria de 30 comercios que marcaron la vida urbana entre 1882 y 1923, con historias, anécdotas y curiosidades que revelan la identidad de la capital.

Clientes en la barbería La Mascota. / FEDAC
Comprar se ha convertido en una experiencia completamente diferente desde la llegada de la globalización. Ante la proliferación de grandes marcas, las relaciones íntimas entre vendedor y cliente están en peligro de extinción, así como las historias personales que generaban.
Ante esta ola de despersonalización, el escritor Eduardo Reguera invita a sus lectores a un acto de nostalgia en su nuevo libro Guía de una ciudad invisible. Un paseo por el pasado de Las Palmas de Gran Canaria. La publicación hace un recorrido por 30 comercios en la capital grancanaria, entre 1882 y 1923 .
«Es una pérdida de identidad porque si te vas a la calle principal de Lisboa encuentras los mismos comercios que en Triana», lamenta Reguera. De hecho, de los comercios que engrosan el libro, solo la peluquería La Mascota sigue abierta. «Es posible que sea uno de los comercios más antiguos de la ciudad», observa el escritor.
Esta barbería también hacía las labores de casa de baños higiénicos y medicinales. Durante la llegada de los Carnavales anunciaban en el periódico la colocación de patillas y barbas «naturales» para unos disfraces logrados.

Fachada del Hotel Europa. / FEDAC
La historia de los locales, así como sus curiosidades e imágenes de la época nutren un libro que se puede leer en el sofá de casa o en la propia calle. Para ello, alberga un mapa en las guardas y un código QR para seguir el paseo en el móvil a través de Google Maps. «La idea es que el lector visite el lugar y compare la fotografía del pasado con el presente», explica el autor.
En ese viaje en el tiempo que propone Reguera se puede descubrir que la tienda Metharam Bros & Cía ha quedado inmortalizada en el tiempo gracias a la pasta de dentífrica Colgate. La marca realizó un concurso para premiar al escaparate más cuidado. El premio de 600 pesetas finalmente lo ganó la Droguería Espinosa, pero el concurso permitió inmortalizar la tienda Metharam.
Este negocio estaba especializado en artículos orientales, por lo que traspasar sus puertas era encontrar todo tipo de productos importados de India, China o Japón. En la actualidad, se puede encontrar el local en el 33 de la calle Mayor de Triana. Aún permanecen los curiosos elefantes de la fachada que realizó el artista Felo Monzón en 1956 para la decoración del bazar.

El bazar Metharam Bros & Cía, en Triana. | FEDAC
Un artista en la ciudad
La capital atraía artistas de todas las latitudes. El pintor Bernardo Valencia se hospedó en el Hotel Europa, en la calle Los Balcones, a modo de escala en su destino a Cuba. Sin embargo, los ahorros se le estaban agotando, por lo que se vio obligado a anunciar sus servicios como pintor. Un retrato de busto a tamaño natural, de caballero, costaba 70 pesetas y el de señora 80, aunque el precio variaba según el tamaño del vestido y el sombrero.
Reguera encontró uno de esas obras que realizó gracias a una amiga que compró el cuadro en el mercadillo de la ciudad. «Estoy convencido de que don Bernardo recibió encargos suficientes como para poder continuar su viaje», escribe Reguera. En el libro es posible encontrar crónicas en primera persona que mezclan literatura con datos históricos para intentar llevar al lector al pasado. «También escribo como si fuera un periodista de finales del XIX y estuviera escribiendo sobre un comercio que ha abierto», apunta Reguera.
Para el escritor, uno de los comercios más particulares es la Casa de los Pajaritos, que vendía todo tipo de ropa, contaba con una sección de mercería, ferretería e incluso de alimentación. «Yo ya había escrito sobre este comercio, pero le pude poner nombre porque en una librería de segunda mano encontré un libro que en la guarda tenía una pegatina del comercio», explica Reguera.
Plasmar estos comercios que han caído en el olvido es una forma de recordar las escenas de una ciudad «que no es solo el presente, sino también es la acumulación de vidas anteriores y de pequeñas historias». El libro de Reguera está lleno de la vida cotidiana de un estilo de vida que ya no existe. «A través de los comercios y las mercancías que vendían, podemos construir un retrato de cómo eran los ciudadanos que habitaron Las Palmas de Gran Canaria hace tanto tiempo», destaca Reguera.
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