¿Conoces este mirador? Es uno de los rincones más románticos que esconde Las Palmas de Gran Canaria
Un creador de contenidos viral revela un paseo mágico de la capital donde el ruido urbano se disuelve entre el sonido del mar, el arte y horizonte a la vista

Zona del Mirador del Atlante, terraza y personas paseando / Andrés Cruz

Hay lugares que no aparecen en guías ni en anuncios turísticos, pero que perviven esperando a ser descubiertos. Espacios donde la ciudad se diluye y, en cuestión de pasos, el bullicio se transforma en mar, piedra y un horizonte inalcanzable.
Entre la Cícer y la escultura del Atlante, en Las Palmas de Gran Canaria, se extiende uno de esos rincones: un sendero que combina romanticismo, cultura y naturaleza en dosis precisas denominado Mirador del Sendero Azul.
“Bienvenidos a sitios románticos de Gran Canaria que no sabías”, dice el creador de contenidos @elrincondenago en uno de sus últimos vídeos virales.
Con el móvil en mano, describe lo que para él es pura magia: “Otro sitio, señores, vamos por aquí con tu mandonita y tu pizzita. Te sientas aquí y es felicidad”.
El Sendero Azul
El conocido como Sendero Azul conecta el Auditorio Alfredo Kraus con la escultura de El Atlante. Es un paseo breve, apenas unos minutos, pero que regala al visitante la sensación de entrar en otro mundo.
A la derecha, el acantilado guarda la memoria de coladas volcánicas que dieron origen al Roque Nublo. A la izquierda, el océano despliega una paleta infinita de azules, mientras las grúas del Puerto de La Luz recuerdan que la ciudad nunca se detiene.
Para muchos, este camino es una válvula de escape y una forma de cambiar el tráfico y el ruido por el sonido de las olas. “Te puede saber mágicamente”, comenta el creador, que insiste en que no siempre hay gente, y que precisamente esa calma lo convierte en un espacio tan íntimo.

Zona del Mirador del Atlante / Andrés Cruz
El Atlante: brazos abiertos al océano
El recorrido culmina ante la monumental figura de El Atlante, obra del escultor y activista Tony Gallardo, erigida en piedra volcánica en 1986. Con sus 8,5 metros de altura, la escultura muestra a una mujer con los brazos extendidos hacia el océano Atlántico, como si abrazara tanto al mar como a quienes caminan bajo su sombra.
Declarada Bien de Interés Cultural, se trata de una pieza que no solo reivindica las raíces y la tradición insular, sino también la identidad de Canarias en el contexto de la recién nacida España de las autonomías.
Entre peces y atardeceres
El Sendero Azul no solo ofrece vistas aéreas. Unas gafas y un tubo de snorkel bastan para asomarse al mundo submarino de Las Canteras y El Confital. Allí conviven muchas criaturas marinas herreras, viejas, abades y meros, junto al temido rascacio, recordando que la riqueza natural del archipiélago no termina en la superficie.
“Esto aquí es felicidad”, resume en su vídeo, que acumula miles de visualizaciones. Y no es para menos: este rincón romántico combina lo esencial de Canarias en un solo paseo historia, naturaleza, arte y mar. Quizás por eso, aunque cada vez más visitantes lo descubren, sigue conservando ese aire de secreto compartido que lo convierte en uno de los enclaves más especiales de Gran Canaria.
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