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María Auxiliadora Díaz: «El acoso sexual laboral es una violencia estructural, sutil, tolerada y sostenida»

El Instituto Canario de Igualdad (ICI) celebra unas jornadas sobre entornos de trabajo seguros en la era digital con las ponencias de la magistrada especializada en violencia sobre la mujer y el abogado Pablo Hurtado

María Auxiliadora Díaz, magistrada, con el abogado Pablo Hurtado, en las jornadas sobre acoso laboral y violencia de género

María Auxiliadora Díaz, magistrada, con el abogado Pablo Hurtado, en las jornadas sobre acoso laboral y violencia de género / José Carlos Guerra

Las Palmas de Gran Canaria

«El acoso sexual laboral es una violencia estructural, sutil, silenciosa, tolerada y sostenida». Una manifestación de la violencia de género de la que no hay datos oficiales y de la que —se estima— solo se denuncian un 3% de los casos. Este jueves, el Instituto Canario de Igualdad (ICI), dependiente de la Consejería de Bienestar Social, formó a 85 profesionales del trabajo social, psicología, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y administraciones públicas a través de la jornada Protocolo de acoso y violencia de género en la era digital: hacia entornos laborales seguros.

La ponencia —en la Cámara de Comercio de Gran Canaria— corrió a cargo de la jueza experta en violencia de género, María Auxiliadora Díaz Velázquez, y del abogado especialista en igualdad, Pablo Hurtado Zamorano. «El acoso sexual laboral es una forma de violencia de género invisible y tolerada», subrayó la magistrada, titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Las Palmas de Gran Canaria. «Lo más importante es que no tenemos datos oficiales ni cifras de denuncias. Se estima que el 15% de las trabajadoras han sido víctimas de acoso sexual, una cifra superior a la media europea, situada en el 1%», añadió Díaz Velázquez, que criticó que sin datos «no se pueden adoptar políticas públicas».

El acoso —este tipo de violencia de género— ha estado durante muchos años considerado una conducta lícita. «Se debe al estereotipo básico de la sexualidad, donde el hombre es el cazador y la mujer, la presa. Esto supone una legitimación del sistema de dominación que, como mujeres, percibimos con total incomprensión», explicó ante los profesionales congregados en la Cámara de Comercio. Para Díaz Velázquez no hay duda: «Se produce a la mujer por el hecho de ser mujer. Y ocurre porque tradicionalmente las mujeres han desarrollado funciones laborales inferiores».

La magistrada analizó el Convenio de Estambul, que recoge que los Estados «no están obligados a castigar penalmente el acoso sexual». «Se encuentra invisible y tolerado, ni siquiera la normativa se da cuenta de que es un grave problema social, repito, una manifestación de la violencia de género por el hecho de ser mujer». Al igual que la ley de violencia de género, que solo contempla parejas o exparejas.

Pruebas directas

«Las mujeres hemos escuchado que un piropo es un halago, un ‘no es para tanto’, ‘es una broma’... Y no. Hasta una resolución judicial del año 2000 en Baleares estimó que dar una palmada en el culo a una trabajadora no era acoso sexual», dice la magistrada: «Mientras la perspectiva de género no se aplique, dará lugar a sentencias absolutorias o incluso obliga a la mujer a tener una prueba directa en casos que son muy difíciles de probar».

Díaz Velázquez reclamó también un cambio social: «Si no cambia la respuesta social a este tipo de conductas delictivas no veremos una respuesta judicial ni de investigación y seguiremos encontrando mujeres invisibles que de forma silenciada sufren acoso laboral», concluyó.

Erradicar los comportamientos, visibilizarlos y saber identificarlos son los objetivos de estas jornadas, que ponen el foco también en el ciberacoso y la violencia digital.

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