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Dónde comer auténtica comida venezolana en Las Canteras: El Corazón de Venezuela, un viaje de ida y vuelta

Un negocio familiar nacido de la memoria y la emigración que ha convertido la nostalgia en sabor

Las Palmas de Gran Canaria

El restaurante El Corazón de Venezuela es un pequeño reducto del país a dos pasos de Las Canteras. Este negocio familiar abrió en plena pandemia y, aunque el momento no era el más propicio, logró salir adelante hasta convertirse en un referente de la gastronomía venezolana en Las Palmas de Gran Canaria. Sin embargo, la historia que lo sostiene comienza décadas atrás, en un pequeño pueblo de San Bartolomé de Tirajana, en la posguerra, con el sueño de una joven de 18 años decidida a prosperar.

La propietaria del restaurante, Marlene Cetroni, conoció bien a esa joven, porque era su madre. Rita Cazorla sabía leer y escribir «a medias» y emigró a Venezuela en plena posguerra, empujada por la necesidad. La emigración de canarios hacia el país latinoamericano fue muy amplia, se estima que entre 1951 y 1958 unos 60.000 isleños llegaron a la conocida como ‘octava isla’ en busca de oportunidades. Rita fue una de ellos. Muchos regresaron cuando la situación en Canarias empezó a mejorar, pero ella nunca lo hizo porque decidió quedarse en la tierra que la había visto crecer.

En Venezuela comenzó trabajando para su tía en una tienda de ropa y pronto descubrió su habilidad natural para los negocios. «Le dio una mercancía para que la fuera a vender y lo hizo en media hora, y mi tía no se lo creía», recuerda Cetroni. Con el tiempo, Rita se dedicó a la compra de inmuebles para alquilarlos y vivió en el país hasta su fallecimiento hace ocho años.

Cochino frito, arepas, plátano con queso, sopa de costilla, una arepa Reina Pepiada y tequeños.

Cochino frito, arepas, plátano con queso, sopa de costilla, una arepa Reina Pepiada y tequeños. / ANDRES CRUZ

Ese espíritu emprendedor lo heredó Cetroni. En Venezuela también tuvo su propio restaurante, donde ofrecía tanto comida tradicional como platos internacionales. Funcionaba como un buffet en el que preparaban cocina asiática, española o italiana, e incluso elaboraba menús para dos institutos.

La crisis económica y política en Venezuela llevó a la familia a tomar una decisión difícil: venderlo todo y regresar a Gran Canaria, la tierra de sus raíces. «Vendimos todo y no fue suficiente ni para pagar los pasajes porque la moneda estaba muy devaluada», recuerda Cetroni. Ya en la isla, la situación tampoco fue fácil. A pesar de su experiencia, no conseguía trabajo por su edad. Agotada, emprendió por necesidad. Invirtió parte de la herencia de su madre en crear un espacio que evocara la Venezuela de hace treinta años. «Se parece en la comida y en el trato que damos a los clientes», afirma. Al principio, costó reproducir algunos sabores por la falta de ingredientes. Su sopa de costillas, uno de los platos más demandados, requiere productos poco habituales en Canarias, como el plátano verde o el ñame.

Clientes internacionales

Entre los platos más populares figuran las arepas y las cachapas con distintos rellenos y los tequeños. Para quienes descubren por primera vez la comida venezolana, han ideado una bandeja degustación con un poco de todo. «Luego, cuando vuelven, ya saben qué quieren pedir», explica la propietaria. También han incorporado una carta de parrilla en la que las carnes son protagonistas.

Muchos clientes son venezolanos que llegan en busca de un sabor que les recuerde a casa. Pero también reciben numerosos turistas que, durante sus vacaciones, se animan a probar nuevas gastronomías. «Y repiten, o sea, que si están por la Isla una semana, por lo menos tres veces pasan por aquí», destaca.

Abrir en plena pandemia tampoco fue sencillo, pero pronto consiguieron afianzar una clientela fiel. «Ha gustado porque todo lo que hacemos es comida fresca que se hace al momento», señala. Aunque contaba con base culinaria por su experiencia previa, aprendió mucho por su cuenta. «Empecé a cocinar por vídeos de YouTube», dice. Lo más importante es que la cocina, asegura, siempre ha sido una pasión: «Es lo que más nos llena, no tenemos problema en estar cansados, siempre nos gusta cocinar».

Carnes ahumadas

Su marido y copropietario también aporta un papel clave. «Tiene buena sazón, buen ritmo y buena técnica», afirma. Él es quien se encarga de las carnes, las cuales primero se ahúman y luego se fríen. «Tiene un sabor ahumado rico, sabrosísimo, porque sabe a leña, como si se hubiese hecho en el campo», describe. En el negocio también trabajan sus hijos y sus nueras. «A ellos desde pequeños siempre les acostumbramos a que tenemos que echar para adelante todos juntos», añade.

En una de las paredes del restaurante cuelga una fotografía de Rita junto a sus cinco hijas, tomada quince días antes de su fallecimiento. «Me la regaló una clienta que es amiga», cuenta Cetroni. Así, la conexión entre Venezuela y Canarias permanece viva en cada rincón del local. «Nosotros estamos muy agradecidos con la Isla porque nos han aceptado con las manos abiertas», concluye.

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