Una vivienda con historia: la casona del 'rey' de los chocolates europeos en Las Palmas de Gran Canaria, a la venta
El edificio que perteneció a Zacarías de la Fe, pionero en la importación de comestibles, se vende por 975.000 euros en el casco antiguo de Las Palmas de Gran Canaria, con la esperanza de una nueva vida

Una casa antigua de Triana a la venta / La Provincia

Un edificio emblemático del casco antiguo de Triana busca nuevo propietario. Entre las paredes de este inmueble, que se empezó a construir a finales del siglo XIX, se puede contar una parte de la historia de Las Palmas de Gran Canaria: perteneció a Zacarías de la Fe, pionero en la importación de chocolates, galletas y otros comestibles desde países como Reino Unido, Francia, Italia, Rusia o Cuba. Hasta ahora ha sido una vivienda familiar que ha pasado de generación en generación y, más de cien años después, se prepara para tener una segunda vida como una casa emblemática, un negocio con personalidad o un nuevo hotel boutique.
La antigua residencia se encuentra en el número 2 de la calle Remedios, haciendo esquina con San Pedro, y se vende por 975.000 euros. Fue diseñada por Fernando Navarro, uno de los principales exponentes de la arquitectura modernista en la isla de Gran Canaria, quien también ideó muchas otras casas del casco antiguo. Entre ellas, las que están ubicadas en los números 82 y 101 de la calle Triana, cuyo propietario fue Juan Negrín Cabrera, el padre del doctor Negrín.
El legado de Navarro en la ciudad
El arquitecto dejó en distintos municipios de la Isla una amplia huella urbanística y arquitectónica, si bien la mayor parte de su obra está concentrada en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad donde nació.
Otros de los proyectos en lo que trabajó a lo largo de su trayectoria incluyen el Gabinete Literario (1919) y la reconstrucción del Teatro Pérez Galdós (1920) después de que todo su interior fuese destruido a causa de un incendio.
Una vivienda familiar
Las primeras fotografías antiguas en las que figura la casa de Zacarías de la Fe se remontan al año 1896, cuando ya se había construido la planta baja, pero los trabajos no terminaron hasta alrededor de 1905. Cinco años más tarde, de la Fe compró el inmueble para utilizarlo como su residencia habitual.
Originalmente empleó la segunda planta como su propia vivienda, que compartió con su esposa e hija, mientras que en la planta baja residía su hermana, el marido de ella y los 11 hijos que tuvieron entre los dos.

Zacarías de la Fe / Cedida
Bien de Interés Cultural
Todavía se mantiene el grabado "de la Fe" y diversos elementos representativos de la arquitectura canaria de la época, como la fachada y la primera crujía, que están protegidas y catalogadas como Bien de Interés Cultural. También son destacables sus alzados canarios, con huecos de proporción vertical rítmicamente dispuestos, así como los detalles ornamentales en los dinteles y el pretil de la coronación.
La propiedad tiene una superficie total de 241 metros cuadrados construidos que requieren de una reforma integral debido a su antigüedad. Cuenta con un local comercial de 75 metros cuadrados, dos niveles superiores con estancias amplias y una azotea transitable. Además, conserva el escritorio original elaborado a mano en 1920 que solía utilizar Zacarías de la Fe, abuelo del actual propietario y único heredero que queda con vida.
"La tienda de Zacarías", historia de la ciudad
Cerca de la vivienda se encontraba su tienda de comestibles La Florida, un comercio que también guarda buena parte de la historia de la ciudad y que, por ello, quedó en el recuerdo de muchas generaciones. Antes de llamarse La Florida recibió el nombre de El Porrón, si bien las gentes de la época siempre la conocieron como "la tienda de Zacarías", quien fue su segundo dueño.
Muchos años después la compró Gregorio González, el dependiente que estuvo detrás del mostrador durante décadas, para después llegar a manos de Cristóbal González. Con el paso del tiempo, el negocio que en su día tuvo unas estanterías colmadas de golosinas y marcas extranjeras atravesó una mala época relacionada con el auge de las franquicias y grandes superficies. Por ello, se vieron forzados a poner fin a los fiados en la década de los 80 y, finalmente, al igual que muchos otros negocios históricos, tuvieron que echar el cierre.
En la memoria de la ciudad quedan todavía ecos de los productos que albergó La Florida: vinos, aguardientes y licores; galletas y chocolates de marcas como Cadbury, Morriendo, Talmone y Félix Potín; frutas caramelizadas en cajitas; chorizos y jamones Rickson, Serrano o Morton; quesos gruyer, roquefort o parmesano e, incluso, sopas francesas en paquete.
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