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Entrevista | Enrique Arnaldo Magistrado del Tribunal Constitucional

Enrique Arnaldo: «Un juez sin ideología sería perturbador y poco creíble»

«Es un error garrafal que los políticos intenten apartar o señalar a jueces con los que discrepan»

El magistrado del Tribunal Constitucional Enrique Arnaldo. |

El magistrado del Tribunal Constitucional Enrique Arnaldo. | / LP/DLP

Benyara Machinea

Benyara Machinea

Las Palmas de Gran Canaria

El jurista, que fue vocal delegado para Canarias del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1996 y 2000, analiza el papel del deporte en la literatura en su último libro

¿Qué tienen en común el deporte, la literatura y el derecho?

El derecho es la racionalidad en las relaciones sociales y, por eso, se basa en reglas que se aplican y se exige el cumplimiento a todos, sin distinción. Se parece más al deporte porque este está sujeto a reglas que introducen racionalidad. Pongo un ejemplo, inicialmente el boxeo era con los puños, no había ninguna protección para las manos ni para la cara, continuaba hasta que el otro caía derrotado. En el fútbol no había reglas de cuáles eran los límites del campo. Supone racionalidad introducir las reglas de la deportividad, de respetar al oponente. La literatura yo creo que es más anárquica, no hay reglas salvo las que establece cada autor.

¿Por qué se lanzó a escribir sobre una materia tan ajena a su profesión?

Hay varias razones. La primera es el propio carácter. A mí me gusta ser descubridor de cosas distintas, incluso practicar deportes para los que no tengo especial cualificación. Segundo, soy un lector apasionado y una persona muy vinculada al deporte, no solamente como practicante menor, sino como jurista. He escrito sobre el régimen jurídico del fútbol, he estado en comités de disciplina deportiva, he presidido el Tribunal Administrativo del Deporte... Y la historia viene de un descubrimiento. Coincidiendo más o menos con el Covid–19, descubrí que había bastantes libros que de soslayo trataban el tema deportivo. Entonces, vi que el deporte interesaba a la literatura y fui coleccionando, reuniendo fichas y noté que aquello podía tener forma de libro. El descubrimiento ha sido que a una editorial del grupo Planeta le ha interesado.

¿Se puede decir que el fútbol ha conquistado el mundo y se ha convertido en una especie de religión?

Sin duda. Yo cuando voy a un campo de fútbol, no hace falta que sea del Real Madrid o del Barcelona, el movimiento que origina en el mundo contemporáneo no lo genera ninguna otra actividad. Si hablamos del fútbol retransmitido, el país se para. No se organizan actividades los martes o los miércoles que hay Champions porque la gente no se atreve. El único que se atrevió fue Borges, el escritor argentino, que con ocasión del Mundial que se celebró en Argentina convocó a sus compañeros afiliados a la metafísica a una conferencia. Claro, fueron cuatro. El fútbol es el catalizador de lo positivo y también de muchos elementos negativos de la sociedad, del fanatismo exacerbado o de un cierto grado de violencia. La gente habla, se comunica, se relaciona y hace una dialéctica de equipo contra el rival muy divertida.

Libro ‘El deporte en la literatura’. | LP/DLP

Libro ‘El deporte en la literatura’. / LP/DLP

¿Las élites han dejado de ver el deporte como algo vulgar?

El deporte nace en el mundo de la élite porque la gente modesta no tenía ni tiempo ni medios para practicarlo. Por ejemplo en Inglaterra, que es donde nacen casi todos los deportes que hoy tienen más práctica como el rugby o el fútbol, el deporte era de los college, de las escuelas de negocios y de las universidades. Pero hay un momento en que la clase trabajadora también tiene espacios de ocio y compiten entre sí. Y las clases trabajadoras, por mucho que no tengan la misma técnica o los mismos recursos, les van ganando. Aquello se extiende y, hoy día, el deporte ha dejado de ser elitista. Quizá el único deporte elitista que queda es el polo, que es muy reducido.

El juez juega un papel similar al del árbitro y es a quien le llueven las críticas cuando una decisión no gusta.

En realidad el juez sí es un árbitro porque es una persona que decide cuando hay una controversia, en este caso, en un acto del juego. Determina cuál es la resolución, sentencia, resuelve y decide si da la razón a uno o a otro. Si hay penalti o no, si es canasta o no, si ha traspasado o no la línea. La sentencia es una decisión, el juez es un decididor cuando hay una controversia. 

«El movimiento que genera el fútbol en el mundo no lo provoca ninguna otra actividad»

¿Se puede hablar de lawfare en España?

El tema del lawfare es una invención maliciosa por parte de algunos. Yo el que se ponga en tela de juicio la profesionalidad de los jueces españoles me parece un mal servicio al Estado de Derecho y a la separación de poderes. No hay lawfare en España, el juez es un aplicador de la ley. A la gente le puede gustar más o menos alguna decisión, a todos nos gustan más unas que otras, pero eso no significa que estén haciendo derecho al servicio de intereses espurios.

Usted, que fue vocal delegado por Canarias en el Consejo General del Poder Judicial, ¿diría que el Archipiélago se ha mantenido alejado de los ataques políticos a la judicatura?

Creo que soy de los peninsulares que conoce bien el Archipiélago y creo que la personalidad del canario es más calmosa, probablemente la distancia genera una menor polarización, una mayor tranquilidad al afrontar los problemas de la vida, en general. No se vive con la intensidad con la que vivimos en Madrid cualquier conflicto, los madrileños somos más conflictuales, más vehementes en la defensa. Normalmente el canario busca más el entendimiento y la distancia para solventar los problemas. Y lo muestra que, por ejemplo, el gobierno canario históricamente siempre ha sido un gobierno de pacto. Están obligados, tanto en el gobierno como en la mayor parte de los ayuntamientos y cabildos, a pactar porque nadie tiene la mayoría. Eso genera un espíritu colaborativo distinto del que vivimos en alguna parte de la Península.

«A todos nos gustan más unas decisiones que otras, pero eso no significa que sirvan a intereses espurios»

Los deportistas muchas veces evitan mostrar su ideología y sus opiniones políticas. ¿También los jueces?

Los jueces tienen ideología, un juez sin ideología sería perturbador, poco creíble, porque si no tiene ideas sobre las cosas de la vida desconfiaríamos inmediatamente de él. El juez tiene una ideología, lo que pasa es que no debe reflejarse en sus resoluciones, debe mantenerla fuera de su mente para resolver.

¿Le queda algo por hacer en su carrera profesional?

Yo pienso que sí. A mí me apetece mucho, al terminar el mandato en el tribunal, dedicarme a alguna actividad de carácter cultural. Y, con toda seguridad, escribir una novela. Probablemente la escriba a cuatro manos con mi esposa porque tenemos una idea en mente y, en cuanto estemos tranquilos, la desarrollaremos. Con la jubilación, nos plantearemos vivir unos cuantos meses del año en Canarias, probablemente entre Las Palmas y el sur de la Isla porque es nuestra segunda casa.

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