El origen de un apodo sorprendente
La "Casa del coño": un debate entre la memoria histórica y la identidad popular en Canarias
¿Qué historia y símbolos esconde el famoso bloque José Antonio junto a la playa de Las Alcaravaneras?

En pleno corazón de Las Palmas de Gran Canaria, a escasos metros de la playa de Las Alcaravaneras, se alza un edificio que ha marcado el paisaje urbano durante casi siete décadas. Popularmente conocido como la “Casa del coño”, su nombre —tan llamativo como provocador— nace de la reacción espontánea ante su imponente presencia: “¡Coño, qué edificio más grande!”, decía la gente. Así quedó bautizado, y así ha perdurado ese recuerdo colectivo.
Oficialmente, sin embargo, su denominación es muy distinta: Edificio José Antonio, en honor a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española. Construido durante la dictadura franquista, su nombre refleja una parte controvertida del pasado político español, y no ha sido ajeno a debates sobre memoria histórica.
Arquitectura moderna en un momento de cambio
El bloque fue proyectado por el arquitecto Fermín Suárez Valido (1910-1969), una figura esencial de la arquitectura canaria de mediados del siglo XX. Suárez Valido regresó a Gran Canaria tras formarse en Madrid y fue responsable de varios hitos de la isla, incluyendo no solo este edificio residencial, sino también la antigua gasolinera DISA en la calle Tomás Morales.

La Casa del coño / La Provincia
El Edificio José Antonio, de doce plantas, fue concluido entre 1955 y 1960. En su momento fue el más alto de la ciudad, dominando el horizonte de las Alcaravaneras y generando asombro por su escala. Consta de aproximadamente 132 viviendas, según fuentes periodísticas que han analizado su historia.
Este bloque responde a una etapa de crecimiento urbano en la capital grancanaria durante los años 50, marcada por una arquitectura funcional, diseñada para dar respuesta a una creciente demanda habitacional. En ese contexto, Suárez Valido trabajó en proyectos promovidos por la Obra Sindical del Hogar y otros organismos estatales, lo que le permitió levantar construcciones de gran envergadura.
Símbolos políticos en la piedra
Más allá de su importancia arquitectónica, el edificio José Antonio está cargado de significado político. Fue erigido bajo el régimen franquista y dedicado a José Antonio Primo de Rivera, figura central de la Falange. Su nombre ha sido objeto de controversia en el contexto de la memoria histórica en Las Palmas. Según el catálogo regional actualizado recientemente, el edificio figura entre los 72 vestigios franquistas que aún permanecen en la ciudad.
En 2019, en una comisión municipal, se debatió la posibilidad de retirar dicha denominación, al entender que podría vulnerar la Ley de Memoria Histórica. Las Palmas GC Sin embargo, al ser un bien de propiedad privada, los cambios dependen de la voluntad de los propietarios, lo que complica la situación legal y simbólica.
Un símbolo urbano con identidad propia
Para muchos habitantes de Las Palmas, la “Casa del coño” no es solo un edificio: es un hito identitario. Su apodo, nacido de una exclamación popular, refleja la forma en que el pueblo percibe su ciudad. Cuando la gente la ve, la sorprende no solo su altura, sino su volumetría y su presencia dominante en el litoral.
El cronista oficial Juan José Laforet ha señalado que ese grito de asombro se convirtió en nombre, y el profesor Israel Campos (de la ULPGC) ha destacado en reportajes televisivos cómo esta torre se instaló en el imaginario colectivo como un símbolo de modernidad urbana.
¿Arquitectura moderna o recuerdo incómodo?
El edificio cristaliza una paradoja: es un ejemplo claro de la modernización arquitectónica de los años 50, pero también un recordatorio vivo de un pasado político conflictivo. Por un lado, representa una apuesta por la vivienda funcional, promovida por entidades del Estado durante la posguerra; por otro, su nombre oficial lo vincula directamente con la ideología franquista.
Desde el punto de vista de la memoria colectiva, su apodo popular ha resistido el paso del tiempo, incluso cuando su nombre institucional permanece en debate. Además, su presencia en el catálogo de símbolos franquistas evidencia que no es solo una curiosidad verbal, sino un elemento con carga política tangible.
El legado de Fermín Suárez Valido
La figura de Suárez Valido va más allá de este bloque. En su trayectoria, está también el Edificio Azor I, en la avenida Mesa y López; el mirador del Pico de Bandama, y otras construcciones que muestran su estilo racionalista tardío, pero también una sensibilidad social: muchos de sus proyectos tenían un marcado carácter público o socialista dado su vínculo con la Obra Sindical del Hogar.

Mirador del Pico de Bandama / La Provincia
Su arquitectura responde a una época de transformación urbana, donde el diseño moderno se usó como herramienta para resolver necesidades reales: ampliar parques de vivienda, densificar sin renunciar a la estética, y proyectar una ciudad hacia el futuro.
¿Por qué importa hoy la Casa del coño?
- Patrimonio arquitectónico: Es un testimonio del modernismo de la posguerra en Canarias, un periodo de reconstrucción y crecimiento.
- Memoria histórica: Su denominación oficial conecta con el franquismo, por lo que su presencia aporta al debate sobre cómo gestionar símbolos del pasado en el espacio urbano.
- Identidad popular: El apodo refleja cómo la gente ha apropiado el edificio, resignificándolo de manera espontánea y colectiva.
- Cultural y lingüístico: A nivel sociolingüístico, la expresión “¡coño!” en canario sirve como interjección informal para expresar asombro —y así dio lugar a una etiqueta perdurable.
La Casa del coño, o Edificio José Antonio, es mucho más que un bloque de viviendas junto al mar. Es un símbolo arquitectónico, social y político a la vez. Sus doce plantas no solo cambian el skyline de Las Palmas, sino que condensan parte de la historia de Canarias: la modernidad urbana, la transformación social y las contradicciones de un pasado autoritario.
Quizá esa mezcla de altura imponente y apodo irreverente sea, en el fondo, su rasgo más auténtico: un edificio que provoca sorpresa, contempla la ciudad con distancia y al mismo tiempo se abraza a la memoria colectiva de forma cariñosa, incisiva.
¿Podrá algún día su nombre oficial cambiar? ¿O seguirá coexistiendo el símbolo político con la expresión popular? Sea como sea, su presencia sigue siendo —y seguirá siendo— un capítulo vivo del paisaje urbano y emocional de Las Palmas de Gran Canaria.
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