"Es un foco de infección": vecinos del barrio más alejado de Las Palmas de Gran Canaria denuncian dos décadas de vertidos de aguas residuales
Llanos de María Rivera exige la finalización de las obras de saneamiento tras 20 años de espera
El Consistorio estudia la expropiación y la instalación de una estación de bombeo como alternativas

Laura de Pablo
Llanos de María Rivera es uno de los barrios más alejados de Las Palmas de Gran Canaria. Tiene la singularidad de que sus casi 800 vecinos están divididos por la carretera principal. De un lado, sus residentes dependen administrativamente del municipio de Santa Brígida; del otro, de Las Palmas de Gran Canaria.
Esa singularidad ha marcado también el destino de los que viven en la parte donde las obras de saneamiento y alcantarillado llevan 20 años de dilación, en el término municipal correspondiente a la capital grancanaria. En concreto, la calle Laderas del Roque, donde 30 metros de distancia les separan de la conexión a la red general. Ahí, el único colector se rebosa continuamente de aguas residuales, exponiendo a sus vecinos a un riesgo de salud.
«Este es el foco de infección», destaca José Hernández, presidente de la Asociación de Vecinos El Parral, mientras señala la alcantarilla donde ya se pierde la conexión. «Aquí vienen a dar los residuos de todos los vecinos. Cuando se desborda, corre camino abajo afectando caminos vecinales y estanques que se usan además para el regadío».
«Problema histórico»
Hernández asegura que desde hace casi dos décadas sigue pendiente la instalación de las tuberías de seis metros de profundidad y 30 de longitud hasta su unión con la bomba de impulsión «que está del lado izquierdo».
Unas obras que se encuentran detenidas, ya que el enlace debe hacerse bajo el terreno de una propiedad privada. Desde el Consistorio detallan a este periódico que se trata de un «problema histórico y complejo», condicionado por la propia titularidad privada de esos solares.

Vertido de aguas residuales que denuncian los vecinos de Llanos de María Rivera. / La Provincia
Las alternativas
Ante las demandas vecinales, que se extienden desde hace décadas, el Ayuntamiento analiza dos alternativas: «Por un lado la expropiación de los terrenos, necesaria para las obras, o la construcción de una estación de bombeo como obra municipal».
Una expropiación que ya había sido mencionada en el pleno de marzo por la ahora exconcejala de Aguas, Inmaculada Medina.
Mientras se decide cuál es la opción más adecuada, las autoridades municipales mantienen el servicio de limpieza programado de cubas a través de Emalsa para evitar episodios de insalubridad, «especialmente después de que algunos vecinos se conectaran a una red que aún no estaba finalizada, generando vertidos puntuales», especifican.
Pero los residentes de Llanos de María Rivera no aguantan más. «Creo que el gasto que supone traer cubas para vaciar la alcantarilla antes de que se rebose es mayor que si terminaran la obra de una vez», aclara el portavoz vecinal. «Hay más obras faraónicas en la ciudad y se están haciendo. Esto es una necesidad».
Hernández destaca que lo único que ha cambiado en los últimos años es que en lugar de que la cuba acuda dos días a la semana, ahora lo hace tres: lunes, miércoles y viernes. El fin de semana quedan expuestos a la suerte, a las condiciones del clima -porque si llueve se rebosa más rápido - y a las labores domésticas de sus propios vecinos.

Los vecinos del barrio más alejado de Las Palmas de Gran Canaria denuncian dos décadas de vertidos de aguas residuales / José Carlos Guerra
"Sin quererlo, unos vecinos perjudicamos a otros"
«Estás en casa y piensas que ya has puesto dos lavadoras, que has tirado de la cisterna del baño, lavado la loza y que tu vecino también lo tiene que hacer. Y todo eso va a dar aquí», lamentan las vecinas reunidas junto al foco objeto de discusión.
«Todos los desechos que generamos van a dar al mismo sitio. Sin quererlo, unos estamos perjudicando a otros, pero tenemos que usar el baño, la ducha, todo».
Pancartas en mano, no cesan en pedir una solución urgente al Ayuntamiento. «Esta mañana vinieron a vaciar, pero mira la huella que dejan las aguas residuales», continúa explicando Hernández mientras decenas de hormigas suben por los zapatos de los presentes, evidenciando la existencia de plagas en el lugar, a la que añaden la presencia de cucarachas y ratas.
«Cuando salimos a tirar la basura - porque aquí están además los contenedores - es inevitable no pisar los vertidos», explica Felisa, cuya casa es la más cercana a esa alcantarilla. «Ves y hueles de todo, los orines amarillos y la caca saliendo por ahí».
La estampa es tan insalubre que los vecinos se ven obligados a dejar las zapatillas fuera de casa después haber caminado por la zona. «Hasta cuando saco a la perra no la dejo entrar hasta que le limpio las patas», añaden.
Insalubridad
«Y te tienes que estar mirando las piernas no vaya a ser que te lleves pulgas contigo». Entre las condiciones a las que se enfrentan, relatan situaciones de riesgo que van más allá de los límites de su barrio. «Cuando vienen ambulancias a traer o llevarse a algún vecino, las ruedas de las camillas pasan también por aquí, la mayoría de las veces esto lleno de aguas sucias. Imagínese el contagio que eso supone para otros enfermos».
María Luisa acude a la reunión en apoyo a sus vecinos. Es la única de ellos que sí ha podido hacer la conexión de saneamiento, pero aclara que pagado por ella y porque tuvo «la suerte» de vivir «del otro lado». Su marido y su hijo hicieron la instalación que hoy les permite vivir sin la desesperación de sus compañeros.
Pero la reivindicación no decae pese al hartazgo, lo que sí reconocen es que les está pasando factura psicológicamente. «Lo llevamos mal, esto cansa y agota. Después de 20 años no ves respuestas y queremos soluciones rápidas».
«Somos una piña»
La necesidad les une. «Somos una piña: Llanos María Rivera, El Roque y El Piquillo siempre lo hemos estado», dice con orgullo José Hernández, presidente vecinal.
«Queremos que el Ayuntamiento se moje de una vez», en referencia a la expropiación que ven como única opción para ultimar la conexión y a cuyos propietarios no han podido localizar.
«No sabemos dónde están sus herederos para intentar hablar con ellos, por eso creemos que solo el Ayuntamiento puede poner fin a esta situación». Aunque la incertidumbre sigue imperando entre ellos, como los vertidos, lo que aún no pierden es la esperanza.
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