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Escaso, poco diverso y con numerosos problemas: así es el arbolado de Las Palmas de Gran Canaria

El primer plan director de la masa vegetal de la capital grancanaria evidencia que los ejemplares son víctimas de las podas excesivas, de las obras y de un mal diseño urbano

Hojas de un árbol de la ciudad afectadas por la mosca blanca.

Hojas de un árbol de la ciudad afectadas por la mosca blanca. / José Carlos Guerra

Las Palmas de Gran Canaria

Poco diversos, con escaso espacio para crecer y víctima de daños provocados por obras, podas excesivas o mal hechas son algunos de los problemas que aquejan a árboles y palmeras en la capital grancanaria. La concejalía de Parques y Jardines, que dirige Gemma Martínez Soliño, ha elaborado el primer plan director del arbolado de Las Palmas de Gran Canaria, un documento con el que pretende establecer el punto de partida en el que se encuentran las zonas verdes y plantear un nuevo modelo de cuidados, con protocolos de gestión de riesgos y de mantenimiento.

Actualmente, Las Palmas de Gran Canaria cuenta con un total de 61.205 ejemplares a junio de este año. De estos, 37.383 son árboles (el 61%) y 23.822 palmeras (39%). Según el plan director, los organismos internacionales consideran recomendable que en zonas urbanas exista un árbol por cada cinco habitantes. Teniendo en cuenta la población de la ciudad en el último censo -380.436 habitantes-, la capital grancanaria necesita al menos 14.882 nuevos ejemplares. Tan solo el distrito Ciudad Alta y el distrito Vegueta-Cono Sur-Tafira logran superar el umbral aconsejable.

¿Cuál es el distrito con más arbolado de la capital?

En cualquier caso, actualmente la Ciudad Alta aglutina el 36% del arbolado urbano de toda la capital, especialmente en los barrios de Escaleritas y Siete Palmas. Esta cifra contrasta frente al 7% del distrito La Isleta-Puerto-Guanarteme, el menos verde de la ciudad, principalmente por sus calles estrechas y la escasa existencia de suelo disponible para reverdecerlo. Además, el estudio reseña que más de la mitad del total de ejemplares se encuentran en la vía pública -y no en parques, jardines, plazas o zonas verdes-.

Según el estudio, "buena parte del arbolado existente no se encuentra en condiciones óptimas". Esto limita su funcionalidad y beneficios para el ecosistema. Además, han observado numerosos ejemplares con una vitalidad baja; esto lo achacan a la mala calidad de vivero o al entorno en el que se encuentran. Entre los problemas que han detectado los técnicos, destaca el uso de especies que necesitan mucha agua o humedad alta, caso de los eucaliptos, las palmeras datileras o las acacias.

Imagen de la palmera caída sobre el coche.

Imagen de la palmera caída sobre un coche en Lomo los Frailes en octubre. / LP/DLP

De hecho, existe un gran cantidad de arbolado heredado, de especies mal escogidas, con poca calidad de suelo para el desarrollo de las raíces, que sufrieron podas drásticas en el pasado o que padecen un mal diseño urbano. El informe destaca la gran cantidad de alcorques de pequeño tamaño y que, en muchas ocasiones están cubiertos por cemento u otros materiales para dar continuidad a la acera. Esto es algo que en muchas ocasiones lleva al estrangulamiento del tronco.

Mala planificación urbana

El conflicto por el espacio es otro de los grandes problemas. El informe resalta que este es el principal problema del arbolado de Las Palmas de Gran Canaria. Árboles y palmeras no se han tenido en cuenta a la hora de planificar la ciudad, de ahí que existan problemas como una escasa separación entre el árbol y los edificios, con distancias que ni siquiera alcanzan el metro en zonas antiguas y el metro y medio en zonas más modernas. Esto obliga a hacer podas periódicas, haciendo a los ejemplares dependientes de las mismas. Además, provoca raíces levantadas e interferencias en el mobiliario urbano.

Por otro lado, los técnicos han detectado gran presencia de palmas secas por culpa de las plagas. Entre los principales daños a los árboles, destacan los provocados por obras, al no existir un protocolo específico. También existen muchos ejemplares dañados por golpes de vehículos en zonas de aparcamiento o con daños en la copa por no superar el gálibo por falta de poda. Además, el orín de los perros también produce daños como quemaduras, necrosis o aumento de la salinidad del suelo.

Plantas muertas o alcorques vacíos

Por otro lado, se han detectado hasta 607 marras, es decir, plantas muertas o alcorques vacíos. De estos, 246 son árboles y 361 palmeras. Estas últimas están siendo especialmente afectadas por la plaga de Diocalandra frumenti y la enfermedad de Thielaviopsis -un tipo de hongo-. Además, el estudio subraya que hay una mayor presencia de huecos vacíos o con vegetación inerte en calles con tráfico rodado, 385 marras, frente a las 214 de plazas, parques y jardines.

Para poner solución a esto, en los primeros seis meses del año se plantaron 431 ejemplares entre árboles y palmeras. De estas, 383 son reposiciones de plantas que habían perecido y las restantes 48 son de nueva plantación. La mayoría de las plantaciones se localizan en el distrito Centro con un 35% de estas plantaciones -nuevas y de reposición-. El distrito La Isleta-Puerto-Guanarteme, a pesar de ser el menos verde de toda la ciudad, ha sido el segundo en cuanto a número de reposiciones este año.

Árbol afectado por los orines de los perros en una calle de Las Alcaravaneras.

Árbol afectado por los orines de los perros en una calle de Las Alcaravaneras. / Parques y Jardines

Diversidad baja de ejemplares

Otro de las conclusiones del estudio reseña que en las calles, plazas y parques de la ciudad hay unas 90 especies de árboles y palmeras. Esta cifra se considera una diversidad baja. Además, existe una "notable" presencia del género Phoenix, representando el 22% (13.669 ejemplares) de todo el arbolado -la mayoría de estas son canarias-. Las palmeras del género washingtonias superan el 12% (7.459) y los del género ficus el 15% (8.831 ejemplares).

Estas cifras suponen un problema, según el estudio. En especial todas las especies pertenecientas a las palmeras. La regla de Santamour, recomendada a nivel internacional por ecologistas y urbanistas, establece que una misma especie debería suponer como máximo el 10% del arbolado urbano, un mismo género un 20% como máximo y un máximo del 30% para la misma familia -Phoenix y Washingtonias superan el 34%-. El objetivo a la hora de aplicar esta regla es dar mayor resistencia frente a plagas, enfermedades y vulnerabilidad ante el cambio climático.

"Apostamos por desarrollar este plan director porque lo verde debe dejar de ser entendido como un elemento meramente ornamental", resalta la concejala de Parques y Jardines, Gemma Martínez Soliño. "Contar, por primera vez, con un diagnóstico completo de los más de 60.000 árboles de la ciudad nos permite abordar el arbolado como lo que es: una infraestructura esencial por su valor ambiental, paisajístico y para la salud", añadió, al tiempo que el documento permitirá mejorar la gestión municipal de la masa verde.

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