¿Por qué se llama así Schamann?
El barrio de Schamann no debe su nombre a la literatura ni a un personaje célebre, sino a la compra de terrenos realizada en 1912 por el comerciante Alfredo Schamann, cuya operación impulsó la urbanización de una antigua meseta conocida durante siglos como Montañeta o Montaña de San Lázaro

Niños jugando en solares de Escaleritas con los bloques de Schamann de fondo, en 1960. / Fedac

En un barrio dominado por calles galdosianas como Doña Perfecta, Pedro Infinito o Pío Coronado, cualquiera podría pensar que el propio Schamann es el apellido de algún general madrileño escapado de un episodio nacional o de un comerciante alemán que probaba fortuna en la capital.
Sin embargo, este topónimo tiene poco de literario y mucho de pragmatismo histórico. Detrás del nombre no hay una intención simbólica ni referencia literaria alguna, sino la huella directa de un propietario, Alfredo Schamann Hernández, que a comienzos del siglo XX puso en marcha la transformación efectiva de parte de la periferia de Las Palmas de Gran Canaria.
Mucho antes de adoptar el apellido de su propietario, este lugar formaba parte de un territorio conocido durante siglos como Montañeta o Montaña de San Lázaro, un relieve que se extendía al norte del barranquillo de Mata. En los mapas del siglo XVI aparece como un conjunto de lomos y pequeños barranquillos que descendían hacia la ciudad baja.
Ya en 1592, Leonardo Torriani describía estas alturas —junto a las de Santo Domingo y San Francisco— como las que mandaban sobre la estampa de Las Palmas de Gran Canaria. Hoy solo el lomo de San Lázaro, donde está el cementerio, recuerda aquel paisaje y sus antiguos topónimos.

Una de las calles de Schamann en la década de 1960. / Fedac
La Barriada de Carló
Antes de que Schamann adquiriera los terrenos, el primer plan previsto para este lugar era muy distinto del barrio que finalmente surgiría. A comienzos de 1910, la sociedad londinense Barriada Carló Company Ltd. había impulsado aquí un proyecto ambicioso: una ciudad moderna diseñada por el arquitecto Constant Martin, con una avenida de chalets ajardinados, un núcleo circular con calles dedicadas a países europeos y, en las laderas del actual Paseo de Chil, un casino y dos hoteles con vistas al puerto.
El plan incluía mercado, escuelas, zonas deportivas, depósitos de agua e incluso un tranvía interior. Nada de aquello llegó a materializarse. El proyecto cayó antes de empezar, por un error en la titularidad de los terrenos y por la cercanía del polvorín militar, que hacía inviable un desarrollo así.
El giro decisivo llegó en 1912, cuando Alfredo Schamann Hernández, comerciante de Triana de origen centroeuropeo, compró una gran extensión de terrenos en la meseta alta de Las Rehoyas. Las parcelas lindaban con propiedades de Blandy Brothers, de Francisco Blanco y de los herederos de Juan Bautista Carló y Guersy, y formaban un espacio amplio y hasta entonces poco definido.
Aquella operación fue el punto de partida de un nombre que terminaría definiendo el barrio. Desde entonces, la zona empezó a conocerse como “los terrenos de Schamann”, una etiqueta que con el tiempo desplazó a los topónimos antiguos.

Vista aérea del barrio de Schamann en los años 50. / Fedac
Tras el fracaso del proyecto de Carló, fue el propio Alfredo Schamann quien reactivó el futuro del lugar. En 1928 pidió al Ayuntamiento de San Lorenzo —del que dependía la zona— la parcelación y urbanización de las tierras, inició la venta de solares en pequeñas cuotas y organizó visitas en guagua para mostrar el terreno a posibles compradores. Las primeras licencias abrieron paso a las casas terreras de una planta que se alinearon a ambos lados del antiguo camino vecinal que hoy es Pedro Infinito.
Interrupciones y consolidación del barrio
No fue un camino fácil ni llano. Hubo interrupciones, primero por la Guerra Civil y después por la posguerra, cuando muchas familias levantaron sus casas como podían. La polémica anexión del municipio de San Lorenzo a Las Palmas de Gran Canaria y la posterior intervención pública en la vivienda dieron un impulso decisivo al barrio. Con el tiempo, aquellas construcciones iniciales junto al viejo camino vecinal dieron paso a un espacio plenamente integrado en la ciudad.
La urbanización, iniciada años antes y consolidada a mediados de los 50, dio entonces pie —como recuerda el cronista Juan José Laforet— a la propuesta del poeta Saulo Torón de que el Ayuntamiento configurara aquí un pequeño "barrio galdosiano".
Las nuevas calles adoptaron nombres de personajes de las obras de Benito Pérez Galdós: Doña Perfecta, Marianela, Pablo Penáguilas, Pedro Infinito, Fortunata, Jacinta, Pío Coronado, el doctor Centeno, Federico Viera, Pantoja, el general Prim y Teodoro Golfín dieron forma al callejero del barrio.
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