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Las Alcaravaneras, un barrio entre el recuerdo de su historia y el cambio social

La vecina Mari Pepa Beltrán destaca la transformación de un barrio que se está "llenando de viviendas vacacionales"

Mari Pepa Beltrán sale de la casa de su abuela antes de ser expropiada en Las Alcaravaneras.

Mari Pepa Beltrán sale de la casa de su abuela antes de ser expropiada en Las Alcaravaneras. / Cedida

Las Palmas de Gran Canaria

Las Alcaravaneras es un barrio que ha experimentado profundos cambios. Los vecinos que llevan toda la vida entre sus calles reconocen las transformaciones buenas y malas. Mari Pepa Beltrán es sobrina de Antonio del Pino, más conocido como Tito el de Las Alcaravaneras, un presidente vecinal histórico, que falleció recientemente, y ha sido testigo de esta transformadora evolución. Tras la muerte de su tío revisa la historia de este enclave que la ha visto crecer y madurar.

La casa familiar se encontraba en la calle Leopoldo Matos, pero fue expropiada para dar paso al túnel Julio Luengo. "Mi abuela fue la última de todos los vecinos de la calle en irse y fue un trauma para ella", cuenta. Su abuela, de origen libanés, regentaba el Bar Polo en el Puente de Palo de Vegueta, que también fue expropiado para tapiar el barranco, que dio paso a la carretera. La misma vía que ahora acogerá el ambicioso proyecto municipal para reverdecerlo y colocar un Paseo de las Artes. "Le quitaron su medio de vida", expone su nieta. Al poco tiempo de que su casa fuera expropiada, la mujer falleció, ya que, según Beltrán, no pudo aguantar que su hogar también acabara bajo la piqueta, al igual que su negocio. "Mi abuelo se enfermó, y mi abuela era la que sacaba para adelante todo", recuerda Beltrán.

La playa de Las Alcaravaneras en la década de los 50. | Foto volcada por Gretel Morales Lavandero el 05/12/2025 17:43

La playa de Las Alcaravaneras en la década de los 50. | Foto volcada por Gretel Morales Lavandero el 05/12/2025 17:43 / Ediciones Lujo Zaragoza / Fedac

Este acontecimiento marcó los recuerdos de una familia entera. Por ello, Beltrán guarda la última foto de la vivienda antes de ser destruida. En la imagen se la ve saliendo de la puerta y encima está escrito: "Recuerdos de vida". La familia permaneció siempre en el barrio, aunque ella se mudó al extrarradio tras casarse, y luego, regresó. Pero en ningún momento desconectó de la realidad del lugar que la vio nacer.

"Era un barrio de pobres"

Las Alcaravaneras ha pasado de ser un núcleo de clase media e incluso humilde a estar integrado en el centro de la ciudad, y aumentar el poder adquisitivo de sus residentes. "El barrio era de pobres, había gente que vivía en portones", cuenta Beltrán. "Ahora se está convirtiendo todo en viviendas vacacionales", lamenta. Los vecinos del barrio son cada vez más mayores y hay menos residentes, ya que muchas de las viviendas son turísticas. Esto ha derivado en una poca participación ciudadana y poca conexión entre los vecinos. "Cuando el barrio no era nada, pasaba el burro con el carro lleno de hierros, metales, quemadores y botellas vacías", recuerda.

"Cuando el barrio no era nada, pasaba el burro con el carro lleno de hierros, metales, quemadores y botellas vacías", recuerda la vecina

Antes, opina la vecina, había un tejido social en el que la población se conocía y existía una preocupación por los problemas que surgían. Entre sus recuerdos más vívidos se encuentra la pasión compartida por el deporte que el barrio siempre ha sentido. "En la playa se hacían unos campeonatos de fútbol tremendísimos y casualmente mi padre era el capitán de la Unión Deportiva Las Palmas", cuenta. La construcción del Estadio Insular fue el ejemplo de este sentir deportivo y su inauguración fue decisiva para atraer riqueza y modernidad al barrio. "Era un centro neurálgico que empezó a subir y subir", refleja Beltrán.

La lucha por un local

Cuando el estadio fue clausurado para dar paso al Estadio de Gran Canaria, en Siete Palmas, Beltrán recuerda que su tío solicitó durante años que facilitaran a la asociación una de las salas que habían quedado inutilizadas. "Sin un local no haces nada", considera Beltrán. Durante algunos años la asociación consiguió el ansiado local en el que dieron clases de pintura y otras actividades. Pero tras las obras del estadio en 2014 para convertirlo en un parque, el local cerró y no volvió a entregarse a la entidad vecinal. También tuvieron a su disposición un local en la propia playa de Las Alcaravaneras, pero en 2020 fue cerrado por la pandemia, aunque ya tenían avisos previos de que tenían que desalojar el espacio por las deficiencias estructurales del techo.

La asociación de vecinos del barrio siguió reiterando esta petición durante años sin que fueran escuchados. La entidad solicitó un local en el edificio del parque que hace esquina entre la Grada Curva y la que fuera la Grada Sur. Sin embargo, las administraciones públicas se pasan la pelota en cuanto a las competencias del enclave. El Ayuntamiento capitalino asegura que es propiedad del Cabildo y que nunca ha existido una cesión formal. Y por parte del Gobierno Insular aseguran que desde 2014 cedieron el inmueble al Consistorio capitalino. Y así la guerra por tener un local continúa para los vecinos, que aseguran que podrían tener actividades y talleres para colectivos como las personas mayores o los jóvenes.

Sobre la actualidad, Beltrán considera que el barrio ha cambiado mucho y, en algunos aspectos, para peor. "Está muy sucio y abandonado", destaca. Así las cosas, la vecina mantiene la esperanza de que la participación ciudadana aumente para volver a tener un barrio unido en el que se hacen proyectos.

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