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Guanarteme, de humilde zona industrial a la turistificación de la última década

Tras el boom inmobiliario previo a 2008, Guanarteme ha visto cómo las promotoras y la llegada de nuevos vecinos de alto poder adquisitivo están cambiando su fisonomía

Barranco de La Ballena en la década de 1930 en lo que hoy sería la autovía GC-23.

Barranco de La Ballena en la década de 1930 en lo que hoy sería la autovía GC-23. / Fedac

Las Palmas de Gran Canaria

Guanarteme nació junto a la antigua carretera del Puerto a Tamaraceite a finales del siglo XIX. Por aquel entonces todavía era parte del desaparecido municipio de San Lorenzo, aunque, en realidad, era algo así como tierra de nadie. Esta conexión entre las medianías del norte y el floreciente recinto portuario hicieron que pronto proliferaran los almacenes, talleres y pequeñas industrias entre las casas de autoconstrucción de quienes venían del campo de otras islas a trabajar cerca de la capital.

La vieja central eléctrica de La Cícer, inaugurada en octubre de 1928, y la conversión de esa misma parcela en un gimnasio, una biblioteca y espacios libres son la viva imagen de la transformación que ha vivido este barrio de Las Palmas de Gran Canaria. Y es que en unas pocas décadas ha pasado de ser un lugar denostado a ser objeto de la presión inmobiliaria y todo lo que ello conlleva.

El boom inmobiliario previo a la crisis de 2008

El barrio de Guanarteme estuvo repleto de pequeños talleres y fábricas. De caramelos a tabaco, además de las naves conserveras de pescado del Rincón. Entre medias, decenas de familias trabajadoras en casas de autoconstrucción. A medida que la actividad industrial desaparecía del barrio, las grúas y los derribos se multiplicaron.

El boom inmobiliario previo a la crisis de 2008 supuso un auténtico salto hacia adelante. Las viejas casas terreras de autoconstrucción eran sustituidas por edificios de cinco plantas. Si en 1995 Guanarteme era el octavo barrio más poblado de Las Palmas de Gran Canaria, en 2005 ya ocupaba el primer puesto del ranking tras sumar en apenas una década 4.500 nuevos vecinos.

El Ayuntamiento ideó en esa época de bonanza la prolongación de Mesa y López, el bulevar del barranco de La Ballena -cuyo desarrollo se ha vuelto polémica en la última semana- y la mejora del frente de La Cícer. Todo mediante unidades de actuación, una figura que se utiliza en planeamientos urbanísticos que es propia de zonas urbanas no consolidadas.

Vista del barranco de La Ballena, en Guanarteme, cuya canalización ha quedado desierta.

Vista del barranco de La Ballena, en Guanarteme. / José Carlos Guerra

Los vecinos lograron demostrar ante los tribunales que sí eran zonas consolidadas. Urbanismo hizo entonces un cambio y transformó casi todas las unidades de actuación en actuaciones de dotación. La excepción fue la primera línea de playa, donde solo se regularon las alineaciones del frente marítimo.

La recuperación del sector de la construcción

Hoy día parte del barrio sigue en pie de guerra y protagonizando manifestaciones desde que las grúas han vuelto a toda la zona en la última década. Y es que la lenta recuperación del sector de la construcción tras la crisis de 2008 ha traído numerosos fantasmas del pasado, de cuando, cuentan los vecinos de toda la vida, sufrieron el acoso constante de las inmobiliarias.

La construcción del Residencial Las Américas -que marcará el inicio de la prolongación de Mesa y López con 468 viviendas-, la proliferación de viviendas vacacionales, con edificios enteros ahora dedicados a esta actividad turística, y la llegada de nuevos vecinos de alto poder adquisitivo son realidades que hoy vive el barrio. Según los últimos datos del INE, hay zonas de Guanarteme donde la renta de las familias creció hasta un 33,9% entre 2019 y 2023.

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