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¿Por qué se llama así La Paterna?

Un barrio nuevo con siglos de historia, que ha cambiado de municipio y lleva el nombre de un personaje cuya conexión con el lugar sigue siendo enigmática

Vista de La Paterna en 1969 desde la vuelta de Los Tarahales, cuando aún no estaba urbanizada la parte nueva del barrio.

Vista de La Paterna en 1969 desde la vuelta de Los Tarahales, cuando aún no estaba urbanizada la parte nueva del barrio. / Fedac

Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

La Paterna es un barrio joven, al menos en lo que respecta a su urbanización. Su desarrollo comenzó a mediados del siglo XX, con la construcción de viviendas para las miles de familias que llegaban del campo y de otras islas en busca de trabajo. Sin embargo, el nombre y la zona tienen una historia mucho más larga, que abarca varios siglos.

Aunque hoy La Paterna se asocia exclusivamente con el barrio, originalmente hacía referencia a una de las hoyas que formaban parte del conjunto de Las Rehoyas, un territorio que se extendía desde la muralla del Castillo de Mata hasta Guanarteme y la Montaña de San Lázaro —donde está el cementerio—, y que perduró hasta bien entrado el siglo XX, cuando comenzó a fragmentarse.

El origen de La Paterna

El historiador Juan Francisco Santana Domínguez, especialista en la historia del antiguo municipio de San Lorenzo —que comprendía esta zona hasta que lo absorbiera Las Palmas en 1939—, vincula el nombre de La Paterna a Cristóbal de Paterna, un espadero del siglo XVI. Falleció alrededor de 1614, cuando escribió su testamento, en el que dejó como heredera a su esposa, Francisca Cabello, al no tener hijos.

Aunque no existe apenas documentación que lo relacione directamente a estas tierras, en 1641 ya aparece una mención a una cementera en la Hoya de Paterna, lo que hace más que razonable que el nombre tenga su origen en Cristóbal de Paterna, al ser el más destacado de la familia. Se conoce también a otros miembros, como Juan o el albardero Diego de Paterna, pero tuvieron menor relevancia.

A lo largo de los siglos, la referencia a Paterna permaneció. En 1759, el Capitán Joaquín José Verdugo de Albiturría, regidor de Gran Canaria, arrendó un cortijo en la «Joia de Paterna». El nombre continuó apareciendo en documentos, y no fue hasta la urbanización del barrio en el siglo XX cuando La Paterna pasó a designar el actual conjunto residencial.

Calle Manuel de Falla, en el barrio de La Paterna, donde este martes un vecino agredió a un vendedor de la ONCE

Calle Manuel de Falla, en el barrio de La Paterna. / Andrés Cruz

La creación del nuevo barrio

Durante las décadas de los 60 y 70, la periferia de Las Palmas de Gran Canaria experimentó un gran crecimiento con la construcción de barrios de vivienda protegida y alquileres asequibles para dar techo a quienes llegaban a la ciudad desde las zonas rurales, afectados por la crisis que comenzaba a ser estructural en el sector primario. Este éxodo rural se vio impulsado por el crecimiento del sector servicios y el desarrollo del turismo.

En este contexto nació La Paterna, inicialmente concebido como un barrio de bajo coste. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se desarrollaron dos grandes fases de crecimiento. Entre 1966 y 1971, se construyó el primer proyecto residencial, dando lugar a áreas como Paterna Baja, Paterna Vieja y Paterna Alta, que conforman el núcleo histórico del barrio.

A finales de los años setenta se creó la Nueva Paterna, una ampliación del barrio original, utilizando un sistema de construcción industrializada con prefabricados del sistema Camus, que permitió una gran capacidad productiva en poco tiempo. Así, se construyeron numerosas viviendas de protección oficial y se desarrollaron otros barrios contemporáneos, como Cruz de Piedra.

Durante sus primeras décadas, los vecinos enfrentaron numerosos problemas. Hubo zonas sin agua ni luz durante largos períodos, dificultades para obtener las llaves de sus nuevas viviendas, lo que provocó protestas, e incluso meses sin recibir correspondencia, porque Correos no tenía asignado un repartidor para la zona. Estos fueron solo algunos de los obstáculos que marcaron sus primeros años. Hoy, aunque las cosas han cambiado, los más de 8.500 residentes siguen lidiando con nuevos, y no pocos, desafíos.

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