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La Coppola, el restaurante que fusiona la cocina italiana y canaria en Las Palmas de Gran Canaria

Alesandro y Jennifer apuestan por las pinsas romanas, las primas de la pizza más desconocidas, pero a la vez más crujientes

Alessandro Alosi y Jennifer Vargas con una pinsa y un tiramisú en el exterior de La Coppola.

Alessandro Alosi y Jennifer Vargas con una pinsa y un tiramisú en el exterior de La Coppola. / Andrés Cruz / LPR

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Coppola es una boina tradicional que usaban los obreros y agricultores en Sicilia, con un aspecto muy parecido a la española. En un rincón de la calle Franchy Roca este sombrero italiano está presente a kilómetros de distancia de su lugar de origen. En el restaurante pinsería La Coppola los camareros se desplazan ataviados con esta indumentaria que hace honor a su nombre y al origen de uno de sus propietarios. Hace tres meses el local gastronómico abrió con el objetivo de servir lo mejor de los dos mundos: las maravillas culinarias italianas con las delicias canarias. Una cocina fusión que abraza ingredientes y sabores de dos cocinas tan diferentes para crear nuevos conceptos.

En Las Palmas de Gran Canaria la comunidad italiana es una de las mayoritarias, y eso se nota en los negocios. En la capital abundan las opciones de pizzerías o restaurantes de pasta, ya sea de propietarios del país o de propios canarios enamorados de su herencia gastronómica. Por ello, los dueños de La Coppola, Jennifer Vargas y Alessandro Alosi, tenían claro que había que darle una vuelta al concepto clásico de restaurante italiano. Es más, en esa misma calle tiene lugar un curioso suceso, y es que hay otro restaurante italiano justo en frente y que abrieron a la par.

Pinsas

Además de las opciones de fusión, el restaurante se caracteriza por elaborar pinsas, la prima menos conocida de las pizzas, que tiene origen en la antigua Roma. La elaboración de la masa es muy diferente a la pizza clásica, ya que se usan harinas de arroz, soja y trigo, y se fermenta durante 72 horas. De esta forma, la masa es más fina y crujiente, lo que llama la atención por su singularidad y por su forma, al ser rectangular. Vargas confiesa que pasaron un mes entero perfeccionado una receta, que asegura, tiene sus trucos.

La pizza ha conquistado las mesas de todo el mundo y se ha afianzado en las cocinas de todos los rincones. Pero la pinsa es diferente, aún le queda un largo recorrido para darse a conocer, y así lo aseguran los propietarios del restaurante, que explican que existe una duda inicial cuando el cliente ojea la carta. "Nosotros le recomendamos que la prueben y ya luego nos dicen que es buenísima", apunta Alosi. "Hasta a los niños les gusta, hay niños que ya no quieren pizza, sino pinsa", añade.

Platos fusión

Aunque hay opciones más clásicas como la lasaña de carne o vegetal, desde el restaurante destacan algunos de los platos más transgresores como una carbonara elaborada con crema de papas canarias y guanciale. O incluso buñuelos de parmesano con cebolla caramelizada trufada con mayonesa y mojo rojo. Y para endulzar el paladar un tiramisú, de alma canaria, que le da una vuelta al tradicional al incorporar los suspiros de Moya y el gofio.

"El 90% repite. Como mínimo vienen una vez a la semana", cuenta Alosi

Alosi se mudó a Canarias con el objetivo de dar un giro a su vida, así como asentarse en un lugar con sol y calor. Al llegar se dedicó a la cocina y a lo largo de la década que lleva en Gran Canaria ha abierto cinco restaurantes italianos. "Lo lleva en la sangre", afirma Vargas. A los 25 años aprendió a cocinar en Italia, y desde entonces no se ha apartado de los fogones, a excepción de unos años en los que se dedico a tareas de gestión. "Me está dando buenas sensaciones estar en la cocina otra vez", refleja. En el caso de Vargas, entrar en la hostelería fue un giro en su carrera profesional, ya que durante toda su vida se había dedicado al área de la administración.

Clientes recurrentes

Fue Alosi quien la convenció de embarcarse en el nuevo proyecto y no fue difícil de convencer porque sabía que si no salía bien siempre podía volver a su antigua profesión. Aunque todo el mundo le advirtió de que era un sector exigente, tres meses después de su incursión está a gusto con su cambio de vida. Aún así reconoce que los inicios nunca son sencillos, ya que para empezar tuvieron que llevar a cabo una intensa remodelación del local para transformar el establecimiento en un lugar acogedor pero a la vez moderno. Sobre las paredes cuelgan imágenes antiguas tanto de Canarias como de Sicilia, los dos puntos cardinales sobre los que se basa el proyecto culinario.

Los propietarios aseguran que ya tienen clientela recurrente: "El 90% repite. Como mínimo vienen una vez a la semana". Parte de ese éxito también se centra en la elección de productos, ya que gran parte vienen de Italia como la propia pasta, la salsa de tomate para las pinsas o el guanciale. Pero también cuentan con producto canario de kilómetro cero como el aguacate. Otra de las claves de la buena acogida consideran que ha sido su capacidad de innovación, ya que proponen platos fuera de carta y renuevan sus opciones para no aburrir al comensal. "La gente está cansada de los italianos porque son siempre lo mismo", opina Alosi.

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