Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Dejó el colegio para cuidar de su familia: la historia de Lola, la mujer de 92 años que ha vuelto a clase

Lola Campos es la estudiante de mayor edad del centro, donde aprendió a leer y escribir tras una vida dedicada al cuidado de los demás

Dolores Campos Brito, de 92 años, en su casa con sus apuntes de clase.

Dolores Campos Brito, de 92 años, en su casa con sus apuntes de clase. / Andrés Cruz / LPR

Las Palmas de Gran Canaria

Dolores Campos, más conocida como Lola, ha dedicado su vida al cuidado de los demás. Comenzó la escuela a los seis años, pero apenas pudo ocupar su pupitre durante un par de meses antes de dejar las clases para ayudar a su madrina con los niños. No fue hasta muchos años después, ya con el pelo encanecido, cuando retomó los estudios básicos en el Centro de Educación de Personas Adultas (Cepa) de Las Palmas de Gran Canaria. La vecina del barrio de San Nicolás empezó su formación cuando tenía alrededor de 77 años y, con algunas interrupciones, ha continuado formándose hasta hoy, que cumplió 92, y es la alumna de mayor edad del centro, aunque su vitalidad y sus ganas de aprender no lo aparentan.

Gracias a las clases aprendió a leer, a escribir y a resolver operaciones y problemas matemáticos. No se arrepiente de nada de lo vivido, pero si pudiera empezar de nuevo le habría gustado ser enfermera o narradora. Su historia, sin embargo, es la de una mujer que lo entregó todo por los demás. Por eso, de niña dejó el colegio sin apenas haber aprendido para ayudar en la casa de su madrina. "Yo estaba más en su casa que en la mía", recuerda. Guarda un cariño especial por aquella familia, que siempre le ofreció amor y dedicación. No recuerda esa etapa como un sacrificio, sino como un acto de cuidado en una época en la que todos arrimaban el hombro para sacar adelante a los suyos. Incluso cuando su madrina se mudó a Argentina, mantuvieron el contacto por teléfono. "Les llamaba desde cabinas porque me resultaba más fácil que escribir cartas", cuenta.

Dolores Campos Brito, de 92 años, escribe en uno de sus cuadernos.

Dolores Campos Brito, de 92 años, escribe en uno de sus cuadernos. / Andrés Cruz / LPR

Poco después enfermó su madre, asmática y con problemas de corazón. "Tenía el corazón muy pequeño", explica Lola. Con solo ocho años se volcó en su cuidado y permaneció a su lado hasta su fallecimiento con 51 años. Así, durante dos décadas aparcó cualquier intento de retomar los estudios para atenderla.

Ganas de estudiar

A pesar de no poder ir al colegio, su deseo de aprender seguía intacto. De niña cogía libros e intentaba descifrar palabras y frases a escondidas de sus hermanos, para que no se burlaran de sus errores. "Luego se lo leía a mi madre", dice. Ninguno de sus hermanos pudo estudiar, aunque no crecieron en un hogar sin cultura, ya que su padre era músico militar y su madre hablaba español, francés y latín, además de tocar el arpa.

"Quería recuperar lo que perdí de niña", cuenta Campos su motivación para empezar a estudiar

La adversidad volvió a golpear a la familia tras la muerte de su madre. Una de sus hermanas enfermó y Lola dio un paso al frente, una vez más, para cuidar de sus sobrinos mientras ella luchaba contra la enfermedad. De nuevo dejó en pausa sus propios planes: "Le dije a mi marido que antes estaban los míos, que no me casaba porque tenía que cuidar de los niños de mi hermana".

Dolores Campos Brito, de 92 años, en su casa con sus apuntes de clase.

Dolores Campos Brito, de 92 años, en su casa con sus apuntes de clase. / Andrés Cruz / LPR

Finalmente, se casó a los 27 años, después del fallecimiento de su hermana. Asegura que los años junto a su esposo y sus tres hijos fueron los más felices de su vida. Hoy cuenta con una gran familia que la cuida: cuatro nietos, tres bisnietos y una tataranieta. "Son lo más grande que Dios me ha dado", afirma con orgullo.

En 2024, el Cepa celebró su 40 aniversario y rindió homenaje a Lola como la alumna de mayor edad de Canarias

"Cuando hay vacaciones se aburre"

Lola asiste a clase dos veces por semana y nunca falta porque es uno de sus momentos preferidos. "Cuando hay vacaciones se aburre", comenta una de sus hijas. La primera vez que entró en el centro sintió vergüenza y dudó, pero fue su marido quien la animó. "Siempre me dijo que tenía capacidad", recuerda. Su motivación era clara: "Quería recuperar lo que perdí de niña".

Desde que se matriculó, hace unos quince años, ha tenido que interrumpir los estudios en varias ocasiones para cuidar a su esposo. Tras la muerte de su marido necesitaba una distracción y regresó al Cepa. Desde entonces no ha dejado de acudir. Sin embargo, la edad la ha obligado a adaptar su forma de estudiar porque un glaucoma le ha provocado la ceguera en un ojo y una importante pérdida de visión en el otro. Ya no puede leer como antes, pero sigue encontrando la manera de hacer cálculos y escribir redacciones. Uno de los trabajos que recuerda con más cariño es el poema que dedicó a la playa de Las Canteras, un lugar especial para ella, porque después de sufrir trombos en las piernas, madrugaba cada día para nadar en el mar y favorecer su recuperación. "Me callaba el dolor, siempre he sido así", explica.

En 2024, el Cepa celebró su 40 aniversario y rindió homenaje a Lola como la alumna de mayor edad de Canarias. "Todavía me parece mentira", confiesa. Pero su historia es tan real como su constancia y se ha conviertido en un ejemplo de perseverancia y superación que no entiende de edad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents