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Vivienda

Mala calidad y suspenso en eficiencia: la mitad de los edificios de Las Palmas de Gran Canaria son más antiguos que la Constitución Española

La antigüedad de los inmuebles y el modelo de construcción durante la época franquista han derivado en el deterioro de las viviendas y la segregación socioeconómica, según un análisis de la plataforma Masgeografía

Vista desde arriba de El Risco de San Nicolás

Vista desde arriba de El Risco de San Nicolás / José Carlos Guerra

Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Las Palmas de Gran Canaria

El acceso a una vivienda digna no solo depende de tener un techo sobre la cabeza, sino de que se cumplan unos criterios mínimos de calidad. Cuando se trata de casas antiguas que no han sido reformadas, esta premisa se vuelve más difícil de cumplir. En Las Palmas de Gran Canaria, el 50% de los edificios fueron construidos durante la dictadura franquista, según expone un análisis del portal Masgeografía, durante un boom del ladrillo en el que primó la cantidad sobre la calidad. Con el paso de los años, esto ha ido aparejado al deterioro material de los inmuebles y una marcada segregación socioeconómica.

Gráfico que muestra la edad de las edificaciones en Las Palmas de Gran Canaria.

El geógrafo y fundador de Masgeografía, Víctor Jiménez Barrado, explica que para abordar este asunto es necesario "diferenciar la construcción histórica de la ciudad y la de los barrios populares". En el segundo caso, muchos siguieron un modelo que se conoce como "urbanismo de polígono", que se caracteriza por buscar la funcionalidad en áreas residenciales o industiales.

Construcciones masivas frente a la escasez de vivienda

Algunas zonas obreras experimentaron "un crecimiento más orgánico" durante la dictadura, por lo que pudieron desarrollarse más allá de los bloques de viviendas. Otras, por el contrario, son fruto de una "producción masiva" que buscaba dar una respuesta rápida a la escasez de vivienda de la época, fruto del éxodo rural hacia los núcleos urbanos.

Lo que en su momento fue una solución a la crisis habitacional acabó trasladando el problema al presente. "En un mismo espacio se concentra un determinado perfil socioeconómico medio-bajo. Con el paso del tiempo, la población que vive allí no tiene la capacidad para mantener la calidad", desgrana el geógrafo.

Mala eficiencia energética

Uno de los aspectos donde se refleja la degradación de las infraestructuras es la mala eficiencia energética. De hecho, más del 55% de los barrios capitalinos presenta una F, tanto en el consumo como en las emisiones, en una escala que va desde la A –la mayor eficiencia– hasta la G –la menor–.

Para más detalle, ninguna área de la ciudad tiene una A como promedio y apenas cuatro presentan una eficiencia media (C) o buena (B). Estas se encuentran en La Montañeta, Miller Industrial, Díaz Casanova y Tafira.

Gráfico que muestra el consumo energético en los barrios de Las Palmas de Gran Canaria.

Infraestructuras obsoletas o en mal estado

Pero el mayor problema no se centra tanto en la cuestión energética, sino en la necesidad de renovar y mantener unas viviendas cuyos residentes, a menudo, no pueden hacer frente a los costes. Fachadas en mal estado, cableado y cañerías obsoletas, inundaciones recurrentes o presencia de humedades son algunas de las formas en que se manifiesta esa "mirada cortoplacista" con la que se construyó en el pasado.

"Solucionaron un problema que existía de cantidad, y que era muy grave, pero a día de hoy nos hemos encontrado que hay un problema de calidad. Es difícil de solucionar porque esas personas, de manera autónoma, no van a poder proveerse de la calidad que merecen y van a necesitar ayudas públicas", relata Jiménez.

La antigüedad de las casas por barrios

El Risco de San Nicolás es uno de los barrios que aglutina las viviendas más antiguas de Las Palmas de Gran Canaria, además de otras fincas que se encuentran en La Isleta, la zona centro de Tamaraceite, Tenoya y Ciudad Jardín.

En esa lista habría que diferenciar los elementos patrimoniales que se encuentran en Triana y Vegueta, entre los que hay inmuebles históricos que superan por mucho el siglo de antigüedad. Algunos de ellos han sido renovados con estructuras más modernas y reconvertidos para otros usos. Cuando las reformas son de gran calado, es habitual que se modifique la fecha de registro en el Catastro.

De vuelta a la época franquista, el auge del cemento y el ladrillo también derivó en una configuración particular del paisaje urbano. Concretamente, en un modelo de edificaciones "repetitivas y en bloques" que se ejemplifica en barrios como Las Rehoyas, Tres Palmas, Zárate, el antiguo El Polvorín y buena parte de Schamann.

Hacer frente a las reparaciones

El geógrafo sostiene que "un mal bastante claro" que afecta a buena parte de la ciudad es haberse desprendido de tanta vivienda pública: "Pongámonos en el supuesto de que esas viviendas públicas no se hubieran desclasificado y fueran de alquiler social. El responsable de hacer esa remodelación y mantener la calidad seguiría siendo el organismo que las hubiera creado".

De este modo, apunta que las personas particulares "no tendrían que cargar con ese peso adicional" y podrían destinar sus ingresos a otras cuestiones como "comer mejor, tener un ocio distinto, ahorrar o dedicar el dinero al estudio de sus hijos".

Condiciones habitacionales precarias

En esa línea, Jiménez considera que el foco de la vivienda suele estar en la dificultad de acceso, pero que "también es una cuestión de calidad y condiciones habitacionales".

Por eso, matiza: "Hay mucha población que sí tiene vivienda pero vive en unas condiciones precarias, y eso también está limitando su vida. No es solo el hecho de no tener vivienda, sino tener una vivienda que cumpla con los requerimientos que puede tener una familia o un individuo".

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