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Rehabilitación de viviendas

Las goteras calan en La Paterna: "No queremos que destrocen nuestras casas. Pintan y sigue saliendo humedad"

Vecinos de La Paterna denuncian que las obras de rehabilitación de viviendas, que buscaban mejorar la accesibilidad, han empeorado las condiciones de sus hogares debido a las humedades, entre otros problemas

Goteras en una casa de La Paterna

Adolfo Rodríguez

Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Las Palmas de Gran Canaria

La rehabilitación de viviendas en La Paterna se enquista por las humedades. Muebles con hongos, paredes con la pintura corroída y suelos encharcados son la estampa que han dejado las lluvias de los últimos meses en este barrio de Las Palmas de Gran Canaria, ensombreciendo un proyecto para mejorar la accesibilidad que los vecinos y las vecinas acogieron inicialmente con entusiasmo: "Claro que queremos los ascensores, pero no que destrocen nuestras casas. Pintan y sigue saliendo humedad".

Gloria González Morales es una de las vecinas afectadas que, desde diciembre del año pasado, tuvo que dejar la que ha sido su casa de toda la vida. En su móvil enseña en qué estado se encontraba la propiedad cuando les sorprendieron las goteras en plena borrasca Emilia: discurrían las chorreras por las paredes, el suelo se llenaba de agua y excrementos de palomas y los techos desprendían cascotes de gran tamaño que dejaban al descubierto la estructura interna del edificio.

Las goteras que comenzaron con las fuertes lluvias de diciembre alcanzaron hasta la primera planta

Antes de esas fechas, Gloria explica que nunca habían visto humedades. Todo se remonta al último trimestre del año pasado, cuando el proyecto –que abarca una ambiciosa intervención para mejorar 817 viviendas– arrancó las obras en su edificio. Entre otras cuestiones, comenzaron a cambiar las planchas de los techos, lo cual derivó en goteras que alcanzaron hasta la primera planta. A partir de entonces, asegura que estuvo meses achicando agua.

Gloria y su familia siguieron viviendo dentro de la casa durante cinco días, a pesar de su mal estado, a la espera de ser realojados. Trataron de salvar los muebles y la ropa, pero la mayor parte de sus pertenencias –que todavía se encuentran allí– quedaron manchadas por las humedades o impregnadas de hongos.

Goternas en la pared y en el techo de la vivienda, en diciembre

Goternas en la pared y en el techo de la vivienda, en diciembre / Cedida

Nuevas humedades, desniveles y accesibilidad

A lo largo de los últimos meses se han realizado trabajos de reparación en las casas de los afectados, la mayoría de los cuales ya han podido regresar a sus hogares. No obstante, Gloria insiste en que todavía persisten muchos desperfectos que, por ahora, le impiden volver en condiciones. Sus paredes, ya arregladas y pintadas de blanco, empiezan a amarillear por la humedad remanente.

En otras viviendas de la zona, el desnivel de las ventanas hace que entre el agua cada vez que llueve. Por otro lado, algunas de las entradas a los edificios están bloqueadas por varios sitios, dificultando que puedan transitar las personas mayores o con movilidad reducida, que integran una parte importante de los habitantes de La Paterna.

Hace dos años que se incorporaron ascensores como parte del proyecto, pero aún no funcionan ni tampoco tienen botón

Además, añade que las grúas, cuando están en desuso, ocupan muchos de los aparcamientos del barrio, obligando a sus residentes a dejar el coche en otras zonas y regresar andando hasta sus casas. Y por si fuera poco, remata mostrando que los ascensores que llevan cerca de dos años construidos todavía no funcionan y ni siquiera tienen botón.

A pesar de todos los problemas, Gloria aclara que todos los vecinos están a favor de que el plan se lleve a término en condiciones: "El proyecto es estupendo porque nuestros mayores se hacen cada vez mayores y necesitan esa accesibilidad. Nos gusta a todos, pero vamos viendo que cuando no sale mal una cosa, sale mal la otra".

Acabar el proyecto en buenas condiciones

Por ello, exige que "terminen de repasar las humedades" que todavía persisten, y espera que esta mala experiencia sirva para que "aprendan de los errores" y no los repliquen en otros edificios. "Yo solamente pido que cuando terminen todas estas obras no haya más problemas. Que el ascensor funcione, que no haya más humedades y que las ventanas no sean un coladero", subraya.

Su casa, además, guarda un especial valor sentimental, ya que la compraron sus padres hace 60 años "ahorrando con mucho trabajo y esfuerzo". Al igual que ella, son muchos los residentes que "han nacido y se han criado aquí".

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