¿Por qué se llama así el barranco de Guiniguada?
El nombre de uno de los enclaves más importantes de la historia de Gran Canaria guarda más relación con lo que fue que con lo que es

Fotografía de 1893 coloreada que muestra la desembocadura del barranco de Guiniguada y el Puente de Piedra / Fedac

El Guiniguada fue mucho, y su sombra sigue pesando, aunque el paso del tiempo y la evolución de la ciudad lo hayan relegado de ese lugar casi mitológico que llegó a ocupar. Este barranco, que surge en el interior de la Vega de San Mateo y recorre Santa Brígida hasta llegar a Las Palmas de Gran Canaria, ha acompañado durante siglos la realidad grancanaria de forma casi indivisible, separando físicamente, según algunas teorías, los dos grandes guanartematos de Gáldar y Telde, y albergando alrededor de sus aguas, en su desembocadura, el nacimiento del Real de Las Palmas, desde donde castellanos avanzarían para conquistar el resto del territorio.
Más que una simple línea divisoria, el barranco funcionaba como un corredor hacia el interior de la isla, siendo utilizado por los indígenas para retirarse a las medianías tras su derrota en la conocida batalla del Guiniguada contra los castellanos. Estos últimos aprovecharon su recorrido de diversas maneras.
Tras la conquista, se utilizó su cuenca para cultivar en terrazas, establecer pozos y canalizaciones, y no se tardó en aprovechar la energía hidráulica de su cauce para montar en los márgenes molinos que abastecían de harina y gofio a toda la capital.
Hubo momentos en los que todo giraba alrededor del cauce, en torno a cómo aprovechar sus recursos y superar sus obstáculos. Hoy, el Guiniguada aparece en la agenda capitalina más bien como un problema recurrente, alimentado por la desidia, y solo de vez en cuando como una posible solución: rehabilitarlo para que recupere algo del protagonismo perdido y deje atrás el estatus de vertedero que algunas de sus zonas han ido adquiriendo con la acumulación de basura.

La desembocadura del Guiniguada vista desde San Roque. / LP/DLP
El significado de Guiniguada
Esta transformación, tanto en su importancia como en su geografía, se refleja en su nombre. El topónimo Guiniguada proviene de una época en la que su cauce era habitual, cuando el barranco funcionaba como un río que nacía cerca de la cumbre y desembocaba en el noreste. Muy diferente al paisaje seco que vemos hoy, con su desembocadura cubierta por asfalto desde hace más de medio siglo.
El filólogo Maximiano Trapero, que en su Diccionario de Toponimia de Canarias explora el origen y la evolución de los llamados guanchismos —palabras de raíz aborigen, en este caso topónimos—, señala que se han documentado en diferentes épocas hasta 18 grafías diferentes de lo que hoy conocemos como Guiniguada, algunas de ellas tan curiosas como Ni gui ni guada o Tinaguada.
Las diversas teorías sobre el significado original del nombre Guiniguada coinciden en su relación con el agua. Wölfel, por ejemplo, sugirió que proviene del término bereber «ni-gi-n-igwadu» o «i-n-igi-n-gwadu», que se traduce como «allí en el mismo nivel» o «aquello en el mismo nivel del mar». El componente «wada» podría significar «superficie acuática» o «mar», sugiriendo que el cauce del barranco sería tan alto que competiría con el nivel del mar. Esta teoría ha sido cuestionada, ya que son pocos los topónimos en Canarias que contienen el elemento «wada» relacionado con el mar.
Otra interpretación se centra en el componente «guada», que algunos relacionan con «agua» o «curso de agua», como ocurre en otros topónimos canarios como Guadajume o Aguadara, aunque estos se encuentran en islas más alejadas como La Gomera o El Hierro. Según esta visión, el nombre Guiniguada podría hacer referencia a un «curso de agua» o una «fuente». Esta explicación pierde fuerza cuando nos damos cuenta de que los lugares con nombres similares no siempre están cerca del agua.
Diego de Guadix, más curioso que convincente —en este caso—, propuso en el siglo XVII que Ginaguada proviene de las palabras árabes «chiena», «al» y «gued», que significaría en conjunto «las huertas del río» o «junto al río». Esta hipótesis no concuerda con el origen bereber atribuido al topónimo, pero ilustra bien lo que fue esta zona durante siglos. Todas las teorías, aunque ninguna confirmada, coinciden en que el agua fue el eje central, justo lo que hoy falta en el lugar.
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