Un vergel en plena ciudad
El Barranco Guiniguada florece: un esplendor natural tras las lluvias en Gran Canaria
Las borrascas que se han solapado en los últimos meses han logrado un paisaje frondoso en el que la flora autóctona es la gran protagonista

Gretel Morales Lavandero
Una borrasca tras otra han conseguido empapar a Canarias. Este invierno, en el que ha llovido como hacía tiempo que no lo hacía, ha logrado reverdecer el campo y los barrancos del Archipiélago, que han dejado de estar secos y amarronados. Las redes sociales se han llenado de estampas de vegetación frondosa, que muchos comparan con imágenes más parecidas a los de países naturalmente lluviosos como Irlanda. En Las Palmas de Gran Canaria uno de los senderos más transitados es el del Barranco Guiniguada, que también se encuentra ahora mismo en su máximo esplendor gracias a las precipitaciones. Por ello, son muchos los que escogen los fines de semana para dar pateos, y más aún si las vistas lo acompañan.
Nada más entrar en el barranco se perciben todos los colores que pintan el cuadro de ese paisaje. Al caminar, la paleta se va ampliando, una vez se descubren nuevas flores o mariposas. El verde es, sin duda, el estrella de la combinación, pero no sería tan vistoso si no estuviera acompañado del delicado blanco de los tajinastes, que manchan la escena como unas pecas en el rostro. Las flores amarillas, naranjas, azules y rosas hacen el paseo más entretenido, al tener una razón por la que pararse a contemplarlas.

El Barranco del Guiniguada reverdece por las lluvias / José Pérez Curbelo
Al subir la vista hacia las paredes del barranco es más fácil observar los frutos de una tierra agradecida. El verde tapa cualquier resquicio de tierra y, en algunas zonas, la piedra está pintada de un color anaranjado, que contrasta con el negro predominante.
Incivismo ciudadano
En esta idílica estampa lo único que molesta es la basura. No son solo pequeños desperdicios como toallitas o botellas de plástico, sino auténticos puntos negros de escombros y enseres, que las personas depositan para evitar ir al punto limpio reglamentario. José, Johana y Pilar lamentan el incivismo de algunas personas en este aspecto. Los teldenses pretendían hacer otro sendero, pero estaba impracticable por la lluvia, así que decidieron cambiar de planes. «De mitad para arriba está muy bonito, pero de mitad para abajo un poco menos», coincidieron los tres. Johana destaca que en algunos puntos del camino más cercano a la zona de Santa Brígida era posible encontrar tunos indios con un aspecto saludable, incienso canario y capuchinas, que son comestibles. El grupo destacó que los coches no se escuchan, lo que deja paso al cantar de los pájaros o a la tranquilidad del silencio, que se ha convertido en una rareza en muchos barrios de la capital.
Entre la flora que es posible ver en este sendero están las palmeras canarias, grandes protagonistas del paisaje con unas alturas vertiginosas, en un ejercicio sin vértigo que parece querer tocar el cielo. También el acebuche, la vinagrera y el lentisco, todas ellas ejemplos de bosque termófilo. Fuera de este grupo también se puede encontrar la tabaiba dulce y amarga o el cardón.
En cuanto a fauna predomina el lagarto de Gran Canaria, que habita entre las paredes y la frondosidad del ecosistema. Aunque cabe recordar que este animal autóctono está siendo amenazado por la culebra californiana, un animal introducido y que se ha extendido por el barranco, a pesar de las constantes luchas por su erradicación. Por su parte, el número de aves son muchas, pero las principales son el cernícalo, el canario, la paloma bravía o el petirrojo.
Patrimonio
A lo largo del trayecto el senderista se encuentra con el legado del patrimonio hidráulico de la ciudad. En una esquina, ahora cubierta de tuneras y arbustos, se encuentra una instalación en la que se puede leer: «Heredades de agua de Las Palmas». En el barranco es posible observar algunos de estos ejemplos de ingeniería hidráulica que explican la historia tan ligada del barranco con el agua. Tras la fundación de la ciudad, sus habitantes se abastecían del agua de la Cumbre que llegaba hasta la cuenca del Guiniguada. Para ello, construyeron un túnel de 289 metros para traspasar el agua de las laderas de Tejeda hasta la ciudad a través de una acequia.
«El contacto con la naturaleza a mí me conecta con la vida», asegura la enamorada de los senderos, Luz
El agua era tan importante en el barranco, que a su vera llegaron a contabilizarse un gran número de molinos. El más importante fue el de El Batán, que el Ayuntamiento capitalino compró a sus propietarios en 2024 para convertirlo en un centro de interpretación. Estuvo en funcionamiento durante más de tres siglos y se considera uno de los más antiguos de Canarias. En la actualidad, el tiempo lo ha maltratado y se encuentra en estado ruinoso a la espera de la reforma. De forma general el barranco alberga estanques, troneras, cantoneras, lavaderos y acueductos que son un recuerdo silencioso de esa historia.
De hecho, el propio nombre del Guiniguada hace referencia a su carácter pluvial, cuando más que un barranco parecía un río, ya que el agua corría casi de forma permanente. Hay diversas teorías, y aunque ninguna es oficial, en la mayoría coinciden en su relación con el agua. Una sugiere que el ‘guada’ puede estar relacionado con el agua o ‘curso de agua’, como ocurre con otros topónimos canarios. Otra teoría se centra en palabras árabes que podrían significar ‘las huertas del río’ o ‘junto al río’. Asimismo, otra lo acerca al idioma bereber, en el que significaría ‘allí en el mismo nivel’, que según señalan sus defensores podría sugerir que el cauce era tan alto que competiría con el nivel del mar.
Francisco y Manuel Hernández observaron el esplendor natural a pedales. Estos familiares suelen hacer rutas ciclistas todos los fines de semana y alternan entre carretera y montaña. «Está muy bonito, se ven muchos tajinastes», apuntó Manuel. Francisco reconoce que hace tiempo que la Isla no se ve tan verde «como antaño».
Por su parte, Luz y Cristina subieron en guagua hasta Santa Brígida y bajaron por el cauce hasta la capital. Pertenecen a un grupo de amigos que suelen hacer senderos los fines de semana. «El contacto con la naturaleza a mí me conecta con la vida», afirmó Luz. En las tres horas que tardaron en recorrer el camino cuentan que pudieron contemplar dragos, flores de mayo y retamas: «Ahora está todo verde y fabuloso».
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