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San Juan de Dios

Ricardo Castellano Boada, una vida por la educación especial: "Me enamoré de esto desde el primer día"

Ricardo Castellano Boada, profesor de ciencias y matemáticas, recibió la Granada de Oro tras casi cuatro décadas dedicado a la enseñanza especial en la Ciudad de San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria

Ricardo Castellano Boada, homenajeado con la Granada de Oro en la Ciudad de San Juan de Dios

Ricardo Castellano Boada, homenajeado con la Granada de Oro en la Ciudad de San Juan de Dios / LPR

Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Las Palmas de Gran Canaria

Ricardo Castellano Boada ha sido profesor de ciencias y matemáticas durante la mayor parte de su vida. A lo largo de su trayectoria, ha dedicado casi cuatro décadas a la enseñanza en la Ciudad de San Juan de Dios, un centro sociosanitario, escuela y residencia ubicada en Las Palmas de Gran Canaria y perteneciente a la Orden Hospitalaria. Por todos sus años dedicado a la educación especial, este lunes recibió la Granada de Oro que ha supuesto el colofón a su carrera: "Me enamoré de esto desde el primer día".

Al principio de su trayectoria, Ricardo enseñaba en centros públicos ordinarios, pero en 1987 "aterrizó" en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, donde se brinda asistencia y diversos servicios a personas con discapacidades. Se trata de una institución privada sin ánimo de lucro que gestiona más de 400 centros asistenciales en 52 países.

El centro homenajeó a cuatro maestros y maestras que se han jubilado en el último año

Por el día del patrón de los hospitales, que se celebra el 8 de marzo, el centro siguió la tradición de homenajear a los maestros que se han jubilado en el último año, entre los que se encuentra Ricardo.

El resto de profesores, que no pudieron asistir a la ceremonia, son Ceferino Hernández Espino, María Jesús Luján Fleitas y Manuela Moreno Marrero, quienes también fueron conmemorados tras una eucaristía oficiada por el Obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos Pérez.

Cuatro décadas de aprendizajes

Aunque su labor como docente era enseñar, Ricardo destaca que sus años en el centro se han caracterizado por todos los aprendizajes que ha podido adquirir por el camino. "Aprender de las realidades y de tantas cosas que uno creía que no existen te hace ver que tú no eres tan diferente", asegura.

De hecho, el profesor pudo especializarse en la educación especial gracias al apoyo y la formación complementaria que recibió de distintos psicólogos, orientadores y pedagogos del centro.

"Todo el que entra aquí se acaba contagiando de bondad y humildad", asegura el docente

Tal y como cuenta, el contacto con el alumnado y con el resto del equipo del centro le han transmitido una riqueza de valores y emociones difíciles de resumir en palabras. Por eso, con todos los recuerdos en mente, asegura que la Granada de Oro ha sido "el mayor orgullo" posible para él.

"Todas las vivencias aquí son tan enriquecedores que supone un cúmulo de emociones del día a día, semana tras semana, por conocer tanta gente buena y por el trato exquisito. Te enamoras, te prendas y después te vuelcas y te entregas, porque no queda otra. Te tiene que nacer. Todo el que entra aquí se acaba contagiando de bondad y humildad", desgrana el profesor.

Semillas que germinan

Una parte de esa alegría procede de los reencuentros con exalumnos que, en ocasiones, regresan al centro para hacer visitas: "Algunos casados, otros con sus carreras... Eso da una satisfacción tremenda. Es un poco la semilla que se planta y después, con el tiempo, ves que florece".

A pesar de que se jubiló en octubre del año pasado, confiesa que todavía le está costando hacerse a la idea de que una etapa tan importante de su vida ha terminado. En cualquier caso, matiza que todavía existe un "vínculo" que lo une al centro y a la profesión: "La orden me tiene para lo que haga falta. He pasado por aquí para hacer bien dentro de mis posibilidades".

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