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¿Por qué se llama así la Peña la Vieja en Las Canteras?

La historia de la peña más famosa de Las Palmas de Gran Canaria no es la que muchos creen

La Peña la Vieja en una fotografía de la década de 1920.

La Peña la Vieja en una fotografía de la década de 1920. / Fedac

Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

Las Canteras es un mundo aparte. La zona está repleta de topónimos, unos conocidos por todos y otros tan reducidos y de nicho que, hasta quien viva en la calle Churruca tendría que pensarlo dos veces para identificarlos.

En la web Mi Playa de Las Canteras, con la ayuda del filólogo Maximiano Trapero, recuerdan varios nombres del entorno de la playa que son desconocidos para la mayoría. Porque raro es el que no conoce La Barra, Playa Chica o la Cícer, que por cierto, tiene su historia. Pero, ¿quién está acostumbrado a escuchar de Los Lisos o el peñón del Gofio?

Aquí conviene centrarse en uno de sus nombres más conocidos y, a la vez, más enigmáticos, cuya explicación puede diferir de la que muchos creen o les han contado. La famosa Peña la Vieja, que con el tiempo se hizo incluso conocida fuera de los límites de la ciudad, gracias a la heladería situada en el paseo.

La peña la Vieja en Las Canteras.

La Peña la Vieja, en Las Canteras. / miplayadelascanteras.com

Las teorías detrás de la Peña la Vieja

En Mi Playa de Las Canteras se mencionan varias teorías populares. Algunos creen que el nombre proviene de las viejas que se pescaban en los alrededores de la peña. Otros dicen que se llama así porque, hace años, una señora mayor se ahogó en la zona. Incluso, por otros lados, se cuenta que algunos niños solían esconderse tras la roca para evitar que sus madres los encontraran, y así alargar un rato su tiempo en la playa.

Sin embargo, Trapero ofrece otra solución. Ni peces ni ahogados; la explicación es mucho más abstracta y simbólica: un «topónimo mítico». La «vieja» se identifica como un lugar mítico en muchas culturas ancestrales, como la celta y las eslavas. No como algo físico, sino como un concepto, una construcción legendaria dentro de la tradición oral. De hecho, explica el filólogo, en algunas zonas de Canarias, al arco iris se le conoce como el «arco de la vieja».

Todo en Las Canteras parece tener un nombre. Esto es lo que ocurre en lugares tan transitados, escenario de tantas vivencias y de la rutina de miles. Muchos topónimos surgen entre grupos de amigos o familias, que los incorporan naturalmente a su habla. Algunos se heredan y son aceptados por el pueblo; otros mueren con ellos. Al final, un topónimo no es solo una herramienta para denominar algo, un punto de encuentro en el lenguaje, sino una manera de reflejar la historia y la identidad de un lugar.

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