Así son Apolo y Cujo, los agentes caninos más jóvenes de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria
Los perros colaboraron en una operación antidroga en los Carnavales que logró 60 aprehensiones de sustancias ilícitas

Gretel Morales Lavandero
Cujo y Apolo son dos belgas malinois que rondan el año de edad. Son muy activos y les encanta jugar, las caricias y los premios. Es la combinación perfecta para que estos canes se conviertan en los aliados perfectos para la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria. Cujo y Apolo son los últimos perros que han entrado en el Grupo de Guías Caninos (Ucapol) del cuerpo, en octubre del año pasado, cuando eran tan solo unos cachorros, y ahora, han conseguido 'graduarse' y seguirán trabajando mano a mano con los agentes.
Una de las actuaciones más importantes para los agentes caninos fueron los Carnavales capitalinos, donde consiguieron captar 60 aprehensiones de droga en las guaguas. "Queríamos prevenir los delitos o problemas que sufren la los guagüeros, sobre todo con la afluencia masiva que hay en la fiesta", detalla sobre la operación el oficial responsable de los Guías Caninos, José Miguel González.
Por el momento, no hay nada que pueda batir el olfato de estos animales, ya que registran cada olor por capas, es decir, consiguen reconocer hasta los microgramos de partículas de cocaína aunque esté mezclada con otros componentes. Esto es especialmente importante a la hora de encontrar todo tipo de drogas que en la calle suelen circular cortadas para maximizar su rentabilidad.

Los perros del Grupo de Guías Caninos (UCAPOL) de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria, Cujo y Apolo / José Pérez Curbelo
Etapa de formación
La formación dura alrededor de unos cinco meses y primero se lleva a cabo un proceso de socialización para que el animal aprenda a convivir en todo tipo de situaciones. "Sacamos al cachorro a los dos meses para que observe a gente caminando de todas las edades, vehículos, camiones, guaguas, ciclomotores, e incluso los voladores", explica González.
En 2025 la unidad llevó a cabo 800 intervenciones gracias a los siete perros con los que trabaja el cuerpo. Los animales consiguen facilitar el trabajo de los policías al localizar la zona exacta en la que está escondida la droga en tan solo segundos, lo que mejora la eficiencia de las misiones.
En el período formativo los adiestradores -que son los propios policías- les enseñan de forma paulatina a reconocer cada una de las drogas; primero empiezan por la marihuana y el hachís, y siguen con la heroína, la cocaína y, por último, el resto de estupefacientes. La exposición es de forma gradual de menor a mayor dificultad en dependencia de la intensidad del olor. Apolo, por ejemplo, ya puede detectar la cocaína, sin embargo, Cujo está perfeccionando la detección de la marihuana.
Recompensas
El sistema para que los perros trabajen es a través de recompensas. Es importante que el animal posea un fuerte instinto de caza y presa, así como ganas de jugar. Algunos responden a chuches y otros a jugar con una pelota o un mordedor, que son las recompensas por las que el perro está motivado a buscar la droga. Por eso, para entrar en el equipo no buscan razas específicas ni pedigree, sino que el carácter del perro sea el apropiado.
"A nosotros nos da igual que sea un perro de raza pura o un mil leches, lo que nos interesa es el instinto de caza y presa del perro, y que tenga un vicio, entre más fuerte mejor, con el juego", cuenta González. En este sentido, el cuerpo policial capitalino no compra a los perros, sino que aceptan donaciones de propietarios o los adoptan de las perreras. Por ejemplo, Apolo fue sacado de un ambiente de maltrato.
Jubilación
Pero no todos los agentes caninos pasan las pruebas. En general, están con ellos unos 15 o 20 días iniciales en los que les hacen pruebas de socialización y observan si están motivados. Si no cumplen con todos los requisitos son devueltos a la perrera o a sus propietarios. Fue el caso de Ada, una de las perras que entró junto a Cujo y Apolo, pero que no cumplió el corte. Una vez dentro del cuerpo, los canes se jubilan en dependencia de su raza y esperanza de vida, aunque la media es a los nueve años. Cuando llega el momento se les busca una nueva familia para asegurarse de que tengan la mejor calidad de vida en su última etapa.
Los canes pueden ser adiestrados para reconocer explosivos, droga o personas en zonas de desastres. Por el momento, los perros de la unidad actúan en operaciones relacionadas con aprehensiones de droga, pero desde la unidad esperan expandir sus capacidades para también detectar personas en el futuro. "Tenemos muchas zonas donde hay viviendas cuevas, como en San José, La Milagrosa o el Risco de San Nicolás y no es la primera vez que se han caído abajo", defiende González.
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