De 'mosquitos' a hazañas: la historia de la aviación española en Las Palmas de Gran Canaria
El Ejército del Aire y del Espacio conmemora el centenario del vuelo del Plus Ultra, pilotado por Ramón Franco, con una exposición en las Casas Consistoriales donde se exhiben réplicas de los aviones y fotografías de las gestas aéreas españolas

Esther Medina Álvarez

«Un mosquito», así se refirió la prensa brasileña a uno de aviones españoles en los que grandes aventureros realizaron travesías 'imposibles' entre 1926 y 1935, y que pueden conocerse al detalle hasta el domingo 22 de marzo en las Casas Consistoriales de Las Palmas de Gran Canaria gracias a una exposición organizada por el Ejército del Aire y del Espacio y su Servicio Histórico y Cultural con motivo del centenario del vuelo que dio inicio a esta etapa dorada, el del Plus Ultra, pilotado por Ramón Franco.
El Plus Ultra, las patrullas Elcano y Atlántida, el Jesús del Gran Poder, Haya y Rodríguez, Fernando Rein Loring, el Cuatro Vientos y Juan Ignacio Pombo son los protagonistas de las ocho gestas que demostraron la capacidad de la aviación española y animaron a otros a realizar hazañas que han pasado a la historia.
Pilotos, riesgos y travesías extremas
El representante del Servicio Histórico y Cultural Ramón Córdoba explica que mientras en otros países se realizaban expediciones de este tipo, los pilotos españoles estaban centrados en los diferentes conflictos bélicos en el continente africano y en las colonias, pero aprovecharon el periodo de paz antes de la Guerra Civil para unir la península con Argentina, Cuba, México o Filipinas a bordo de pequeños aviones que se forzaban al máximo para lograr los objetivos. Estas aventuras no estuvieron exentas de incidentes: un piloto y un mecánico se perdieron el desierto, otro enfermó de apendicitis, hubo averías y hasta un final trágico con la desaparición de uno de los aviones en pleno vuelo.

Exposición del centenario de la llegada del Plus Ultra a Canarias y su viaje hasta Argentina / José Pérez Curbelo
Gran Canaria, protagonista del inicio
Y en el inicio de esta carrera de aventuras, Gran Canaria, con el Puerto de Las Palmas y el aeropuerto de Gando, fue una de las protagonistas. Por eso, este martes, se celebró en La Luz el centenario de la llegada del hidroavión pilotado por Ramón Franco en el que también viajaban Juan Manuel Durán, Julio Ruiz de Alda, Pablo Rada y el fotógrafo Leopoldo Alonso. De todos ellos, solo el piloto llegó a Argentina; el resto fue dejando el avión poco a poco para aligerar el peso de la nave y ahorrar combustible.
El Plus Ultra y la conexión entre continentes
Con este vuelo se unió Palos de Frontera, en Huelva, con Buenos Aires en 1926 a bordo del hidroavión Dornier Do J Wal Plus Ultra, al que se le llamó también «la Santa María del aire», recuerda Córdoba. El avión despegó el 22 de enero apoyándose en sistema de orientación de radiogoniometría (que determina la dirección midiendo ángulos de incidencia de señales), la navegación a estima (basada en la situación de partida, el rumbo y la velocidad) y la navegación astronómica, así como la presencia de la fragata Blas de Blezo y el destructor Alsedo, que les acompañó desde el mar durante toda a travesía. Tras la escala en Gran Canaria, Cabo Verde, Brasil y Montevideo, y haber tenido que pasar una noche flotando en el mar y cambiar una hélice rota, el 10 de febrero llegó a Buenos Aires donde Franco fue recibido por más de 300.000 personas que estaban expectantes por conocer a este héroe y presenciar este hito histórico para la aviación internacional, la conexión de continentes.
En la exposición que puede visitarse estos días en el corazón del casco histórico de Las Palmas de Gran Canaria se pueden observar las rutas con las paradas realizadas por este avión y fotografías de sus protagonistas, así como el sistema de radio ayuda portátil que pesaba 80 kilos que llevaban a bordo.

Réplica del avión que llevó Fernando Rein Loring en su segundo viaje hasta Filipinas. / José Pérez Curbelo
La patrulla Elcano y las dificultades del viaje
Tras esta hazaña, el 6 de marzo fueron tres los aviones que se lanzaron a la aventura, cada uno con un piloto y mecánico a bordo. Tal como refleja uno de los paneles de la muestra organizada por el Ejército del Aire y del Espacio, la patrulla Elcano estaba formada por tres breguet XIX pilotados por Martínez Estévez, Loriga Taboada y González-Gallarza, y los mecánicos Eugenio Pérez, Mariano Calvo y Joaquín Arozamena. Martínez Estévez y Mariano Calvo fueron los primeros en 'caer' y tras deambular perdidos durante varios días en el desierto entre El Cairo y Bagdad después de sufrir una avería, tuvieron que abandonar la misión. Más tarde, en el último tramo del viaje, fueron los mecánicos los que quedaron fuera después de que uno de los aviones sufriera daños al aterrizar en Macao y se decidiera que continuaran el viaje solo los capitanes.
Réplicas históricas y simulador de vuelo
Uno de los grandes atractivos de la exposición es poder observar con detenimiento las réplicas a escala de los aviones que protagonizaron esta década dorada, cuya poca robustez y características son una prueba de la valentia que estos pilotos demostraron hace ya un siglo, alguno de ello volando sin parar 44 horas seguidas o haciéndolo en solitario. En contraposición, el Ejército da a los visitantes la oportunidad de probar su maestría en un simulador de vuelo de un F-18, unos aviones que serán pronto sustituidos por Eurofighter en la Base de Gando.
Otras gestas de la aviación española
Otra de las aventuras homenajeadas es la del Jesús del Gran Poder, con el que se quiso batir el récord de distancia y salió desde Sevilla para llegar a La Habana bordeando prácticamente toda América del Sur, haciendo la primera escala en Buenos Aires y volando 44 horas seguidas. Como anécdota, Ramón Córdoba señala que para alimentarse, además de agua llevaban «dátiles, higos secos, chocolate, café y coñac, así como taninos y bismuto para el mareo».

El aniversario del centenario de la llegada del Plus Ultra, en imágenes / José Pérez Curbelo
Entre las curiosidades que se pueden conocer a través de la exposición se encuentra cómo Carlos de la Haya y Cipriano Rodríguez desde Sevilla a Bata, en el continente africano, en 1931, llevaron ropa calefactada para soportar las condiciones del vuelo, así como pollo asado, huevos duros frutos secos, agua y coñac. De la Haya, además, «inventó el primer giroscopio» para esa travesía y regaló al Estado la patente, pero perdió con la guerra y otros países tomaron la delantera a España.
O cómo Fernando Rein Loring realizó dos veces la misma ruta entre Madrid y Manila, en 1931 y en 1933, una vez con un avión que según el guía del Servicio Histórico y Cultural tenía una estructura endeble y tras ver el que pilotaba un inglés decidió comprar uno similar, pintarlo de rojo y pintar una invitación para visitar el país, una flamenca y otras referencias, y repetir la gesta un año después.
El misterio del Cuatro Vientos
Entre todas las historias que se relatan a través de paneles y objetos está también el trágico final del Cuatro Vientos, con Mariano Barberán y Joaquín Collar, que después de unir Sevilla con La Habana en 1933, desaparecieron en el trayecto hacia México. Los dos tripulantes se habían negado a llevar equipos de radio y hasta hoy en día nada se sabe de ellos.
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