'Musicoteando': el proyecto que utiliza la música como un lenguaje universal para trabajar las habilidades sociales de las personas con autismo
La asociación Aspercan crea un grupo de música para potenciar la creativididad, el talento y las capacidades físicas de jóvenes del espectro autista.

José Pérez Curbelo

El reloj marca las cinco de la tarde y la calma que se respira en los aledaños del Centro de Recursos de Las Coloradas –La Isleta, en Las Palmas de Gran Canaria– tiene fecha de caducidad. Con la funda de su guitarra al hombro, Alejandro Santana es el primero en llegar. En la puerta le recibe David Sierra, su guía durante la aventura musical impulsada por la asociación Aspercan: Musicoteando, un proyecto financiado por la Fundación Satocan en el que jóvenes del espectro autista se reúnen para recibir formación musical teórica y ensayar en grupo. Su calendario de actuaciones tiene una fecha señalada: 30 de mayo, el Día de Canarias, su próxima actuación.

Ensayo del grupo musical de Aspercan / José Pérez Curbelo
Irene Martín –que se presenta bajo el seudónimo Ashlyn–, la pianista del ensayo, hace acto de presencia junto al batería de la sesión, Ricardo Iessi, que debuta en el grupo del miércoles. Normalmente acude los martes, dedicados a aquellos menos experimentados en la interpretación.
Malas noticias: Amaya, la encargada del bajo, no puede asistir. Sin embargo, eso no frena las aspiraciones de un grupo que rebosa talento e interés por partes iguales. Dentro espera Carolina Parada, coordinadora de actividades de Aspercan, que asistirá a la sesión.
Con todos reunidos y amplificador, teclado y batería encendidos, comienza la prueba de sonido. Todo está a punto, pero, antes de ensayar, recibirán una lección teórica por parte de David: hoy tocan los compases. Una vez interiorizan los conceptos, comienza la interpretación y, por fin, el arte de los jóvenes roba el sitio que, hasta entonces, ocupaba la cotidiana calma de la tarde.
Rock, heavy metal y pop coreano
La emoción de Ricardo por su gran debut se palpa en la energía con la que hace sonar el bombo y el platillo. "Elegí la batería porque soy un tío rabioso y me sirve para liberarme", comenta el joven que, además, confiesa admirar al batería de Judas Priest, Scott Travis. Ashlyn, que lleva tocando el piano desde los 9 años, se decanta por otro estilo: lo suyo es el pop coreano. Alejandro, el más reservado de los tres, se centra en el fluir sobre los acordes de unos dedos que se han cultivado al son del rock y el heavy metal.
Lo más bonito es ver lo felices que están los chicos, que se sienten súper realizados al demostrar su talento a los demás
«Aprendo yo más que ellos. He descubierto que en el espectro autista hay mucho tabú y me han demostrado que sus habilidades no tienen techo», confiesa, orgulloso, el profesor Sierra. «Tengo chicos que tienen algunos problemas para socializar, pero cogen el instrumento y son unos máquinas. Aprenden rapidísimo».
«A lo mejor el problema lo tiene la sociedad, que no ha sabido darse a entender, y no ellos". "Es verdad que puede que les cueste comunicarse, pero no les cuesta entender conceptos ni dar rienda suelta a su talento».
Musicoterapia
La música es un lenguaje universal que no entiende de convencionalismos sociales. Por ello, Musicoteando consigue aportar a sus beneficiarios mucho más que destreza interpretativa. «Intento que no sólo vengan a aprender a tocar, sino a potenciar otras habilidades. Hacemos muchas dinámicas en parejas para que se comuniquen entre ellos o trabajamos, mediante el ritmo, la coordinación física y la expresión corporal». «Lo que buscamos es que vengan a tocar con sus amigos y se diviertan a través de la música, que es una terapia que les ayuda», dice Sierra.
Este no es el único proyecto que impulsan desde Aspercan: un taller de cocina y otro de teatro figuran en la lista. «Buscamos que los proyectos tengan sinergias entre ellos: el grupo de música es el telonero de la compañía de teatro», cuenta Parada. «Lo más bonito es ver lo felices que están los chicos, que se sienten súper realizados al demostrar su talento a los demás».
Esta actividad busca visibilizar a las personas del espectro autista y lo que son capaces de hacer, algo que, para la coordinadora, sigue siendo una asignatura pendiente. «Creo que es un colectivo sobre el que la sociedad no tiene ni el suficiente conocimiento ni comprensión. Todos deberían conocer a personas del espectro autista», sentencia.
Pasan dos horas de un nuevo ensayo que se salda con éxito: no tanto por la interpretación, sino por las sonrisas que se dibujan en el rostro de los jóvenes. Los miembros del grupo recogen sus instrumentos y se marchan. La semana que viene más y, con total seguridad, mejor.
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