La Cofradía del Puchero celebra 34 años de historia con un banquete al estilo del siglo XV en Canarias
Más de 160 comensales se reunieron en el restaurante El Padrino de Las Palmas de Gran Canaria para degustar el puchero de siete carnes, una receta derivada de la olla podrida

Esther Medina Álvarez
Un banquete al más puro estilo de las familias adineradas de Canarias allá por el siglo XV. Ese fue el gran privilegio que tuvieron este sábado los más de 160 amigos que forman parte de la Cofradía del Puchero que anualmente se reúnen en Las Palmas de Gran Canaria para degustar el puchero de siete carnes, una receta derivada de otra medieval, la olla podrida, explica el promotor de este encuentro, Mario Hernández.
En la cocina del restaurante El Padrino, siempre ajetreada, los cocineros se apañaban para tener todo a punto para este gran banquete y, a la vez, atender al resto de clientes que, incluso, hacían cola para conseguir una mesa en este célebre local de Las Coloradas.
Desafíos en la cocina: un caldero para cada carne
Su dueño, Humberto Rodríguez, explica que la dificultad es que cada una de las carnes que se utiliza para este puchero debe cocinarse en un caldero de forma individual porque cada una de ellas tiene un punto de cocción distinto. Lo mismo ocurre con el resto de ingredientes, como las coles, zanahorias, papas, habichuelas, calabaza, calabacines, ñame, peras o garbanzos, que a última hora se sirvieron en coloridas bandejas.

Humberto Rodríguez y Mario Hernández brindan por esta nueva cita gastronómica / Andrés Cruz
Así, la distribución del espacio alma de este restaurante capitalino tuvo que modificarse para poder dar cabida a tanta olla. Siete solo eran para la carne: cerdo, vaca, pollo, perdiz, codorniz, cabra y cordero, y en el resto se cocinan los garbanzos y las diferentes verduras que componen este plato que protagonizaba los banquetes nupciales de las islas en el pasado y que reunió ayer a personas de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote, Jerez, Madrid, Cádiz, Asturias e, incluso, Portugal y Alemania, todos ellos hombres, manteniendo inalterable esta característica de este encuentro tradicional. Las mujeres, explica Mario Hernández, se han animado y han comenzado una tradición similar, pero en fechas distintas.

Encuentro de la Cofradía del Puchero Canario / Andrés Cruz
Historia de la Cofradía del Puchero
Este encuentro gastronómico tiene ya 34 años de historia. Su promotor, Mario Hernández, recuerda que la iniciativa surgió durante un congreso de historia sobre el descubrimiento de América, cuando el Gobierno de Canarias le pidió que se encargara de organizar una jornada gastronómica enfocada, principalmente, en los alimentos de Canarias. Ante este reto, el presidente de esta Cofradía pensó en el puchero de siete carnes «y tuvo tanto éxito» que decidió convertir este evento en una cita anual, pasando de los 20 comensales a superar la cifra de los 160.

Una de las mesas de los comensales del encuentro del puchero de siete carnes / Andrés Cruz
Con el paso del tiempo, los lazos de amistad de los miembros de esta cofradía gastronómica se fueron estrechando y el puchero que todos devoran con placer se ha convertido en una excusa para compartir un rato juntos. Inicialmente, este banquete se realizaba en las Grutas de Artiles, pero hace ya 25 años que El Padrino tomó el relevo. Desde entonces, el equipo comandado por Humberto Rodríguez se ha volcado con este encuentro para «rescatar esta tradición antigua» que, incluso, aparecía reflejada en uno de los libros más célebres de la historia de la literatura española, El Quijote.
Un banquete completo: jamón, sobrasada, sopa reina y más
Aunque el puchero de siete carnes era el plato principal, como en todo banquete que se precie el menú era mucho más amplio e incluía jamón y sobrasada de ibéricos Joselito, carajacas, papas arrugadas con mojo colorado, quesos, y morcilla frita, de entrantes; sopa reina de primero y el puchero de principal. Y para aportar el sabor dulce, de postre disfrutaron un queso tierno con sirope de palma gomero.
Con el estómago lleno y el corazón templado por la compañía, los más de 160 hombres que en esta ocasión se reunieron en torno al ‘hijo’ de la olla podrida, se fueron despidiendo uno a uno hasta el año próximo, cuando se espera que siga creciendo el número de cofrades.
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