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¿Por qué se llama así Tamaraceite?

Un nombre anterior a la conquista que remite al mundo bereber y al paisaje, y cuyo significado aún no está del todo cerrado

La Mayordomía y el barranco de Tamaraceite a finales del siglo XIX.

La Mayordomía y el barranco de Tamaraceite a finales del siglo XIX. / Fedac

Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

Las Palmas se aprovechó de San Lorenzo hace casi un siglo. Pistola en mesa, absorbió este histórico municipio, que llegó a abarcar más territorio que la propia capital, con la excusa de que necesitaba crecer y alzarse como capital de Canarias. Aquellas tierras, en su mayoría de enorme potencial agrario, le dieron oxígeno a la ciudad y acabaron convirtiéndose en el suelo sobre el que levantó buena parte de su expansión. Entre esos territorios estaba Tamaraceite.

De Tamaraceite se tiene constancia desde los primeros momentos tras la conquista. Abreu Galindo la menciona a finales del siglo XVI como Tamaraseyte, vinculada a uno de los territorios indígenas de la isla, y Bernáldez la incluye entre los 35 lugares poblados de Gran Canaria. Desde entonces, rara ha sido la ocasión en la que no ha aparecido en crónicas o documentos, aunque con numerosas variantes.

En 1740, Antonio Riviere la incluye como parte de La Vega (hoy San Mateo), bajo la forma Tamarazayte. Unas décadas después, Viera y Clavijo ya la sitúa dentro de San Lorenzo, donde se mantuvo hasta 1939.

Aunque hoy se escribe Tamaraceite, las formas antiguas muestran que el nombre se pronunciaba con «s», no por efecto del seseo canario, sino porque esa era su forma original. En los Repartimientos de Gran Canaria el nombre aparece 20 veces, siempre con «s», salvo en un caso aislado en el que se escribe con «z», antecedente de la grafía actual. En las fuentes aparece de mil maneras —Atamatamaraseid, Tamarasayte, Tamarazayte o incluso Tamarsayte—, pero todas suenan casi igual.

El nombre es anterior a la presencia castellana. A partir de ahí empieza lo interesante.

Fotografía de Tamaraceite en 1932.

Fotografía de Tamaraceite en 1932. / Fedac

Teorías sobre el significado de Tamaraceite

Maximiano Trapero reúne en su Diccionario de toponimia de Canariaslas principales teorías sobre su origen y significado. La mayoría se mueve dentro de un mismo marco. La más extendida vincula el nombre al mundo bereber y, en concreto, a las palmeras. Autores como Wölfel lo relacionan con términos bereberes como amersid o imersid, que significan «palmera macho».

Algunos se alejan en los detalles, pero siguen dentro de lo vegetal y del origen bereber. No apuntan a palmeras, sino a higueras, con topónimos paralelos en el norte de África que podrían sostener esa interpretación. Más abierta aún es la propuesta de Abrahan Loutf, que plantea varias posibilidades: desde plantas hasta rasgos del terreno, como pendientes.

Más alejada queda la explicación de Diego de Guadix, que a finales del siglo XVI consideró que el origen era árabe y lo tradujo como «los dátiles del señor», hoy descartada.

La hipótesis de las palmeras es la que más pesa, tanto desde el punto de vista filológico como por lo que sabemos del propio lugar. Tamaraceite estuvo lleno de ellas durante siglos, según recogen muchas descripciones históricas. Trapero menciona además un caso curioso en el sur de Argelia, donde existe un nombre que, aunque se escribe distinto, se pronuncia prácticamente igual.

Es en Tamaraceite y sus aledaños donde la ciudad ha terminado encontrando hueco en las últimas décadas. Lejos ya de aquel paisaje agrario, la urbanización ha redefinido por completo el lugar y sus posibilidades. La capital ha vuelto a apoyarse en este espacio para seguir creciendo, atrayendo población de otros puntos de la isla y reconfigurando el entorno. Todo ello sin borrar del todo ese sentido de pertenencia.

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