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Las Palmas de Gran Canaria pierde casi 100 árboles y palmeras en los últimos cuatro meses por las borrascas

El Ayuntamiento destaca que realiza revisiones diarias de los ejemplares, habiendo inspeccionado ya 14.744 ejemplares desde el año pasado

Palmera caída en San Telmo

Vídeo: Bomberos de Gran Canaria

Las Palmas de Gran Canaria

Las Palmas de Gran Canaria ha perdido 95 de árboles y palmeras desde que comenzó el invierno como consecuencia de la sucesión de borrascas que ha afectado al Archipiélago. En una temporada marcada por uno de los periodos más lluviosos de las últimas décadas en Canarias, el agua ha sido bienvenida para la vegetación, pero el viento asociado a estos episodios ha dejado una factura visible en la infraestructura verde de la capital. El temporal Emilia, en diciembre, fue el que provocó más daños, con 82 ejemplares caídos: 60 árboles y 22 palmeras. Después llegó Regina, que derribó dos árboles y seis palmeras. La última borrasca, Therese, dejó a su paso tres árboles y dos palmeras caídas. La cifra refleja la intensidad de unos fenómenos meteorológicos poco habituales en tan corto espacio de tiempo.

La concejala de Parques y Jardines, Gemma Martínez, subraya que la ciudad no está acostumbrada a encadenar temporales de esta intensidad en apenas cuatro meses. Aun así, defiende la respuesta municipal: «Hemos sido capaces de dar una respuesta en tiempo real a los problemas derivados de las borrascas».

El Ayuntamiento ha intensificado en el último año la vigilancia sobre el arbolado urbano. El servicio de Parques y Jardines había planteado inicialmente revisar 8.000 ejemplares, pero ya ha superado esa previsión, ya que hasta ahora se han inspeccionado 14.744 árboles y palmeras, en concreto 8.150 palmeras y 6.594 árboles.

Revisiones diarias

Estas revisiones se realizan a través de dos vías. Por un lado, las inspecciones ordinarias de poda, en las que los operarios evalúan el estado exterior del ejemplar, posibles daños, presencia de plagas o enfermedades y su estabilidad. Por otro, mediante el equipo específico de arbolado, formado por personal técnico que trabaja exclusivamente en este ámbito y emplea herramientas y tecnología avanzada. «Estamos todos los días con un programa de revisión que nos ha permitido ver la salud de los ejemplares y tomar medidas preventivas», explica Martínez.

Un árbol derribado por el viento en el barrio de Las Chumberas.

Un árbol derribado por el viento en el barrio de Las Chumberas tras el paso de Emilia.. / LP/DLP

El refuerzo de estos controles no responde solo a las borrascas. Hace aproximadamente un año ya se decidió intensificar las revisiones tras registrarse la caída de varios ejemplares en un corto periodo de tiempo, sin que mediara entonces ningún temporal.

Problemas en el diseño urbano

Uno de los datos que más llama la atención al área es dónde se han producido las caídas. Según Martínez, el 95% de los ejemplares afectados durante las borrascas se encontraba en zonas urbanas, mientras que solo una pequeña parte cayó en áreas arboladas naturales. Para la concejala, esto evidencia un problema estructural en el diseño urbano de la ciudad.

«Hasta ahora se ponían árboles enormes, como ficus, en parterres pequeñitos, y eso ha hecho que no tengan espacio suficiente para que arraiguen las raíces», señala. Por eso, añade, la mayoría de los árboles no se partieron por el tronco, sino que cayeron por «descalzamiento», es decir, el viento los volcó enteros al no contar con el anclaje suficiente en el terreno.

Reposición

La solución a medio y largo plazo pasa, según el Ayuntamiento, por aplicar las directrices del nuevo Plan Director de Arbolado Urbano, aprobado recientemente. El documento fija criterios para aumentar el número de árboles, mejorar su salud y adaptar cada plantación al espacio disponible. «A cada problema que hemos detectado con el plan habrá una solución», afirma la concejala.

Entre las cuestiones que pretende corregir están los alcorques demasiado pequeños, la presencia de árboles demasiado cerca de edificios o mobiliario urbano y la elección de especies poco adecuadas para determinadas zonas. Martínez pone como ejemplo la palmera que cayó frente al Hotel Parque, en San Telmo, durante la borrasca Therese. En ese punto, una de las opciones sería ampliar el alcorque para permitir que las raíces se desarrollen con más espacio.

Un futuro vivero

La reposición de los ejemplares caídos, por tanto, no se hará repitiendo automáticamente lo que había antes. La intención del área es que cada nueva plantación responda a criterios técnicos relacionados con el espacio, las necesidades hídricas, la exposición al viento y la biodiversidad. «Queremos que cada reposición tenga un sentido y que no sea siempre la misma por inercia», resume Martínez.

Ese cambio de modelo también pasa por la futura creación de un vivero municipal, todavía pendiente, con el que el Ayuntamiento aspira a dejar de depender exclusivamente de especies comercializadas por viveros privados.

El Ayuntamiento insta al Gobierno canario a luchar contra las plagas

Las palmeras canarias son un símbolo de Las Palmas de Gran Canaria, que incluso están presentes en el propio nombre de la urbe. Sin embargo, en los últimos años las plagas han debilitado la población de esta especie endémica con la que se ha cebado. El dato es fulminante: el 90% de las palmeras están afectadas por la diocalandra frumenti, un escarabajo de pequeñas dimensiones muy extendido en todo el Archipiélago. Aunque el Ayuntamiento capitalino ha desplegado un tratamiento para paliar los efectos de esta plaga, la concejala, Gemma Martínez, hace un llamamiento al Gobierno de Canarias para que se ocupe de la problemática. «Las plagas son competencia del Gobierno regional y aún estamos esperando a que el consejero se reúna con el consejero del Cabildo y conmigo para tratar el tema. Lo hemos pedido sistemáticamente», criticó Martínez. La edil explica que están elaborando tratamientos de endoterapia, pero reconoce que es insuficiente porque es un problema que está extendido incluso a todas las ciudades. «A lo mejor no deberíamos plantar más, y hay que buscar otra especie hasta que no solucionemos el problema», propone la concejala.

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