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Concienciar desde el arrepentimiento: tres presos en Salto del Negro relatan sus delitos para sensibilizar sobre seguridad vial

Una campaña de prevención, llevada a cabo por el periodista Bernardo Hernández, saca a la luz tres testimonios de reos condenados por ilícitos penales de tráfico y pone el foco en un denominador común, una acumulación de delitos que acaba con los conductores en prisión.

Exteriores del centro penitenciario Las Palmas I, Salto del Negro

Exteriores del centro penitenciario Las Palmas I, Salto del Negro / ANDRES CRUZ

Daniel Valle

Daniel Valle

Las Palmas de Gran Canaria

«Yo perdí a mi padre estando aquí, en prisión. No poder estar con él en sus últimos días me afectó muchísimo». Este es el testimonio que Giovanni, uno de los 50 presos que cumplen condena por delitos contra la seguridad vial en la provincia de Las Palmas. Este joven, condenado a nueve años de prisión por seis causas por conducir sin sacarse carné y otros delitos -como darse a la fuga tras el alto de las autoridades, atropellando el pie de un agente en el acto-, lleva desde los 18 encarcelado: toda su juventud entre rejas.

El de Giovanni es uno de los cinco casos recogidos por el periodista y delegado en Canarias de la Asociación Internacional de Profesionales de la Seguridad Vial, Bernando Hernández. En sus palabras, «cada año se producen en España unas 90.000 sentencias por delitos contra la seguridad vial». En el caso de aquellas que terminan con un encierro en prisión, existe un denominador común: la acumulación de causas penales.

Cambio de actitud

Muy pocas son las personas que ingresan en prisión cometiendo un único delito contra la seguridad vial, según Hernández, sino que acumulan varios: «Les paran y les pillan conduciendo sin carné, se dan a la fuga, atropellan al policía y, después, resulta que encima han consumido drogas». Las entrevistas se enmarcan en una campaña de concienciación que busca «la adquisición de valores» en las personas que realizan estos actos para «que quieran un cambio de actitud» a través de las experiencias personales de los que ya no pueden cambiar lo que han hecho.

«Todos los entrevistados se mostraron arrepentidos. Saben que no es vida ni para ellos, ni para su familia.» Hernández valora «el fantástico trabajo» que realizan las unidades terapéuticas de las prisiones: «Les ayudan a que se produzca la reeducación y reinserción social a la que tienen derecho». Desde la asociación también realizan iniciativas en esta dirección: «Les conseguimos libros para que se preparen allí para sacarse el carné y llevamos a profesores de autoescuelas para darles charlas», cuenta el periodista.

Conducción y drogas

«Tengo pensado sacarme el carné de conducir para poder ser una persona como otra cualquiera de la sociedad». Este es el testimonio de Jesús, uno de los reos que quiere cambiar su vida tras su puesta en libertad. En su caso, acabó en el centro penitenciario de Las Palmas I por conducir bajo los efectos de las drogas, darse a la fuga tras el alto policial y acabar estampado contra un árbol. «Para mi familia ha sido un varapalo, llevo muchos años aquí por mi inconsciencia. Cuando estaba drogado, no veía las consecuencias de mis actos». El cambio en Jesús es palpable e incita a la gente a que no cometa sus mismos errores: «No consuman sustancias que puedan acarrearles problemas, ya no sólo a ellos mismos, sino a otras personas que están conduciendo y pueden fastidiarle la vida».

Este tipo de iniciativas de reeducación tienen efectos reales en el sistema de valores de aquellos que están cumpliendo condena. «Más personas deberían venir y recibir estas charlas para que cojan ejemplo y no acaben como yo», comenta Ruymán, que cumple una condena de 8 años por conducir con un vehículo robado. El mal ocasionado, ya no sólo a él, si no a su familia, ha hecho que enfoque la vida de otra manera: «Lo llevamos mal, tanto yo, como mis hijos y mi familia. He cambiado y, a partir de ahora, lo voy a hacer bien».

1.800 muertos

Desde la Dirección General de Tráfico realizan multitud de campañas de concienciación en materia de seguridad vial. Sin embargo, los accidentes mortales continúan formando parte del día a día hasta tal punto que, según Hernández, llegan a normalizarse como parte del día a día: «La gente, de alguna manera, asume que los 1.800 muertos que hay al año en España tienen que suceder, como un componente de la sociedad que, realmente, no tiene por qué ocurrir».

El periodista comenta que los dos factores principales en juego son «el factor humano», que se debe trabajar desde la perspectiva «de la concienciación» y la infraestructura vial, que cuenta «cada vez con más quejas» sobre su estado y que requiere de «una mayor inversión» por parte de las instituciones públicas. Las mala praxis durante la conducción es una de las cuestiones que más vidas se lleva al año a nivel mundial, y sólo puede evitarse si tanto la sociedad como las instituciones públicas trabajan conjuntamente para ello.

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