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Universidad

¿Nunca es tarde para estudiar?: Carolina y Domingo, dos estudiantes de la ULPGC que prueban que en el aprendizaje la edad es solo un número

Una alumna de Medicina de 19 años y un estudiante jubilado de 73 matriculados en la ULPGC comparten sus diferencias entre sus rutinas, etapa vital y formas de afrontar el aprendizaje

De izqda a dcha, el estudiante de la formación senior, Domingo Santana López, y la alumna de Medicina, Carolina Amieva.

De izqda a dcha, el estudiante de la formación senior, Domingo Santana López, y la alumna de Medicina, Carolina Amieva. / José Carlos Guerra

Las Palmas de Gran Canaria

A los 19 años o a los 73 años, estudiar es una forma de preguntarse quién se quiere ser. Porque la universidad podrá atender a razones, pero no a edades. Carolina Amieva, primera de su promoción de Medicina en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), desayuna, come y casi cena entre apuntes acompañada por una amiga en la biblioteca. El campus, las prácticas y las clases ocupan su vida. Domingo Santana López, aruquense de pro, entrenador de fútbol número uno de la promoción Tonono, prejubilado de ventas y verseador aficionado con más de tres mil décimas en un bloc de notas, está también dedicado en cuerpo y alma al estudio. Que la vida, con 73 años bien entendidos, no es para desperdiciarla en el sofá.

Carolina llegó a Medicina después de una selectividad que sus padres vivieron con más nervios que ella, según cuenta. «Ellos siempre intentaron ser realistas: si no sale esto, tienes otras opciones en mente», animaban. Las otras opciones eran el doble grado de Matemáticas y Física, o Ingeniería Biomédica. Opciones que cualquier padre de familia canaria de clase media escucha y suspira de alivio. A Carolina le sonaban, con todo el respeto a su progenitor, a recorrer el camino equivocado. Lo que quería era trabajar con personas. Ayudarles. «Y la Medicina era una carrera muy social», reconoce.

Domingo y Carolina, en un aula del edificio La Granja

Domingo y Carolina, en un aula del edificio La Granja / José Carlos Guerra

Domingo, su contrapartida en esta entrevista, va a clase en el programa de formación senior de la ULPGC, lo que se conoce como Peritia et Doctrina, los lunes y los miércoles. Lo espera como agua de mayo, y cuando le cancelan un taller por mal tiempo dice que no pasa nada, que se va a jugar a la bola canaria. A todas luces, los dos son alumnos de pleno derecho de la ULPGC. Y están convencidos de que estudiar merece la pena, aunque los motivos, las presiones y el tipo de legañas con las que se levantan cada mañana sean radicalmente distintos.

La universidad no tiene edad

Otro asunto que les diferencia es que Domingo, a diferencia de Carolina, no tiene exámenes. Él vive el sueño de cualquier estudiante. «Al no tener examen, evidentemente la voluntad de no quedarte en casa dos días a la semana por la tarde e ir a clase hace que esperemos la clase con ganas», asegura.

Va porque quiere. Porque le gusta. Porque los profesores, según reconoce, son extraordinarios y tienen una cercanía especial con los alumnos mayores. «Siempre nos dicen que es su mejor lugar en el sentido de la docencia, porque encuentran mucha empatía», cuenta. Y porque cuando uno lleva 73 años en la vida y ha trabajado 38 en la misma empresa como comercial, con los horarios desorbitados que eso implica, ir a clase dos días por semana es un regalo.

Entre Carolina y Domingo hay 54 años de diferencia, la misma distancia que separa la invención del microondas del wifi, pero en la ULPGC caben los dos, con su pupitre y su silla. Ella llegó a la universidad este curso, como la primera de su familia que cursa estudios superiores.

El placer de ir a clase

Él aterrizó en 2017, con 65 ya cumplidos, después de una vida entera de trabajo, y descubrió que todavía quedaba un rincón del mundo donde uno podía sentarse a aprender. Los dos son alumnos, sí, pero cada uno afronta el aprendizaje desde una orilla distinta de la vida. Carolina está en la edad de decidir quién quiere ser. Domingo, en la de demostrar que todavía le quedan varias versiones por estrenar.

Peritia et Doctrina, no es el nombre de una enfermedad latina, sino la diplomatura troncal de la formación sénior de la ULPGC, que acaba de cumplir 25 años y sigue llenándose cada curso. Cuando Domingo entró había seis diplomaturas; ahora son ocho.

Además de la diplomatura Peritia et Doctrina, están Estudios Canarios, Europeos, Africanos, Asiáticos, Ciencia y Tecnología o Gastronomía Canaria. Hay 100 plazas en la diplomatura base y, según explica el estudiante, suelen presentarse unas 200 solicitudes, así que muchos acaban entrando por otras rutas, «por los tejados», como dice él.

Carolina y Domingo, frente a la fachada de donde se imparten las titulaciones de la formación senior.

Carolina y Domingo, frente a la fachada de donde se imparten las titulaciones de la formación senior. / José Carlos Guerra

La diferencia entre uno y otra se nota, además, en la manera de vivir el tiempo. Carolina estudia con la sensación de que todo lo que haga ahora le va la vida profesional en ello, como si cada parcial trajera escondido un trocito del MIR en el bolsillo. Domingo, en cambio, estudia con el rodaje de la vida del que ya hizo su mili, del que cumplió con sus jefes y con la filosofía del «vente un momento», que en Canarias nunca dura un momento.

Lo que les depara el futuro

Carolina quiere ser cirujana pediátrica. Ella no lo duda: «Me encantan los niños pequeños y para mí sería poder acceder después del MIR a una plaza de cirugía pediátrica». Tiene también claro que no se quedará en Canarias toda la vida. La ULPGC tiene convenios con universidades de Estados Unidos, Canadá y Australia que reconocen el título.

Ella lo ve todavía lejos. Tiene seis años de carrera por delante y luego el MIR, pero la dirección es esa: salir, ver, aprender en otro sitio, y si el destino caprichoso así lo quiere, volver. Dicho por alguien que tiene 19 años y que pasó toda su infancia y adolescencia con los mismos compañeros desde los tres años en el CEIP Santa Bárbara y continuó hasta los 18 en el edificio anexo, el IES Guanarteme, en La Minilla.

Carolina y Domingo

Carolina y Domingo / José Carlos Guerra /

Domingo no tiene planes de irse a ningún lado. Él quiere seguir. Completar la formación senior, en la asociación de la que es vicepresidente, en los podcasts de Radio ULPGC Espacio Senior que empezó con 11 compañeros y ahora hace prácticamente solo porque los demás se fueron quedando por el camino.

La escuela, un remedio para la soledad en la vejez

También seguir en la Escuela Verseadora Clotilde Cruz Peña, que forma parte de la Fundación Ocho Sílabas de Yeray Rodríguez. Seguir jugando a la bola canaria y al tenis de mesa y participando en la olimpiada deportiva de la formación senior que él mismo propuso organizar. Seguir acumulando décimas en la libretilla. Y seguir llegando a clase los lunes y los miércoles porque, como dice él mismo, «les hace estar menos solos».

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