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Movilidad

Los peatones se apropian del carril bici del Barranquillo Don Zoilo ante la falta de uso

A falta de ciclistas los viandantes utilizan la infraestructura para acortar camino en algunos tramos

Las obras del carril han encadenado cuatro prórrogas

Una mujer camina por el carril bici del Barranquillo Don Zoilo.

Una mujer camina por el carril bici del Barranquillo Don Zoilo. / José Pérez Curbelo

Las Palmas de Gran Canaria

El carril bici del Barranquillo Don Zoilo ofrece una imagen de abandono cuando ni siquiera ha llegado a inaugurarse. Las obras de esta infraestructura han encadenado cuatro prórrogas desde que comenzaron en septiembre, lo que ha dilatado la finalización de un proyecto que ya arrastraba una fuerte polémica. De hecho, su finalización estaba prevista para el sábado 4 de abril, pero por el momento, no se ha anunciado oficialmente su conclusión. En la zona, dos obreros trabajaban este lunes en un cuadro eléctrico para los reflectores del carril bici, similares a los que ya funcionan en Paseo de Chil, e informaron de que además quedan algunos metros por pintar. Entre conos y vallas no se aprecia una gran afluencia de ciclistas usando la infraestructura, aunque basta con permanecer unos minutos en el lugar para comprobar que por el carril transitan más peatones que bicicletas.

El ser humano tiende a buscar el camino más corto para desplazarse de un punto a otro, por lo que, cuando la arquitectura urbana no responde a esa lógica, los viandantes terminan abriendo sus propias rutas al margen del recorrido ‘establecido’. Eso es lo que ocurre en este carril bici, que en algunos tramos se ha convertido en el paso natural de los peatones, pese a que esto puede entrañar un riesgo si algún ciclista o usuario de patinete circula a gran velocidad. "Normalmente vengo por la acera, pero el resto del tiempo lo uso [el carril] para caminar y no tener que dar toda la vuelta", apunta la vecina Rita González. La mujer explica que sube y baja todos los días por la calle Párroco Villar Reina y que observa con frecuencia a personas que utilizan el carril como una prolongación de la acera, sobre todo donde el paso de peatón está alejado unos metros de la acera contigua. La vecina añade que antes cogía el coche a diario, pero que desde la creación del carril bici se desplaza caminando porque ha notado más retenciones en la vía. "Con el coche tardo 15 o 20 minutos más", explica.

"Uso el carril para caminar para no tener que dar toda la vuelta", explica la vecina

En algunos tramos hay conos, cintas de obra y una valla tirada en el suelo, una estampa que transmite sensación de abandono pese a que la infraestructura ni siquiera ha sido inaugurada. Al llegar a la avenida Juan XXIII también se observan cuatro medianeras -que separan a los ciclistas de la calzada y aportan iluminación-, arrancadas del carril y abandonadas sobre la acera. Esto ha dejado al descubierto varios tornillos en el suelo, que podrían romper las ruedas de algún vehículo.

Aparcamientos

Susana Domínguez pasa por la zona mañana y tarde para visitar a su madre, por lo que ha podido comprobar los cambios que ha provocado el carril bici en ambas franjas horarias. "Todavía no he visto subir o bajar a nadie por aquí, como mucho, a algún trabajador de Glovo cada dos semanas", señala. Domínguez considera que en esta parte de la ciudad no existe una cultura de la bicicleta como sí ocurre en Ciudad Baja. "Ojalá me equivoque", añade. Aun así, opina que debería haberse mantenido el carril para los coches: "Por las mañanas me muevo en guagua porque es imposible aparcar aquí". Una realidad que dista del proyecto, que aumenta el número de plazas de 123 a 125 estacionamientos.

Medianeras del carril bici tiradas en la acera.

Medianeras del carril bici tiradas en la acera. / José Pérez Curbelo

Francisco Rodríguez vive en Tamaraceite, pero baja con frecuencia al Barranquillo para acudir al dentista y asegura que, desde que se ejecutaron los cambios en la vía, encuentra aparcamiento con más facilidad. "Estoy de acuerdo porque le viene muy bien a esta zona y solo hay retenciones en las horas punta", destaca. "Yo veo que el carril vale la pena", añade. Rodríguez lamenta que ya no tiene edad para montar en bici, aunque afirma que, si fuera más joven, lo usaría para desplazarse.

Una valla tirada en el carril bici del Barranquillo Don Zoilo.

Una valla tirada en el carril bici del Barranquillo Don Zoilo. / José Pérez Curbelo / LPR

Las obras fueron muy polémicas por los problemas de seguridad vial que generaron. La falta de espacio en la calzada provocaba dificultades en las curvas cuando circulaban vehículos de grandes dimensiones, como guaguas o furgones. Las plazas de aparcamiento reservadas para la farmacia fueron reubicadas en zonas más alejadas, lo que afectaba a clientes con movilidad reducida. Asimismo, también se desplazó la plaza de estacionamiento de una vecina con movilidad reducida, alejándola de su vivienda. Todos estos factores provocaron malestar entre los residentes, que colocaron carteles contrarios a los cambios y reclamaron al Ayuntamiento capitalino una solución. Ante los problemas y las críticas, el Consistorio se reunió con los afectados y con la asociación de vecinos para reordenar el tráfico y hacer un modificado de obra que arreglara los principales conflictos.

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