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¿Por qué Las Palmas cambió de nombre?

La capital de Gran Canaria pasó a llamarse oficialmente Las Palmas de Gran Canaria en 1940, en un cambio impulsado por razones prácticas y por un contexto político más amplio

Panorámica de Las Palmas en la década de 1930.

Panorámica de Las Palmas en la década de 1930. / Fedac

Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

El nombre de Las Palmas de Gran Canaria es más joven de lo que parece. La ciudad, no: tiene más de cinco siglos. En 1478, los castellanos levantaron un campamento militar junto al Guiniguada, entre palmeras, así que el nombre venía casi dado. Fue cambiando, pero sin alejarse demasiado de la misma idea: Real de las Tres Palmas, Villa del Real y otras variantes, hasta que acabó imponiéndose Las Palmas. El añadido «de Gran Canaria» no llegó hasta 1940, ya terminada la Guerra Civil.

Oficialmente, el cambio se justificó por razones prácticas. La iniciativa surgió a partir de un escrito del gobernador civil, entonces también presidente de la Junta Provincial de Turismo, en el que proponía sustituir Las Palmas por Las Palmas de Gran Canaria para evitar confusiones con otros lugares, como Palma de Mallorca o La Palma.

Las confusiones detrás del cambio

No eran raros los errores de bulto en la prensa, en documentos oficiales e incluso en textos judiciales. Al grancanario Juan Negrín lo convirtieron en mallorquín en una sentencia de 1940, y el periódico LA PROVINCIA solía aclarar entre paréntesis que Las Palmas, donde se imprimía el diario, era de Gran Canaria. También los propios organismos estatales alternaban Las Palmas y Las Palmas de Gran Canaria de forma casi azarosa para referirse a la ciudad.

La confusión llegaba hasta la correspondencia, algo especialmente sensible durante la Guerra Civil y la posguerra. Los errores se daban en el correo general y, de manera especial, en el que cruzaban familiares y combatientes.

Con el nuevo nombre se buscaba unificar cuanto antes su uso en la administración y en la vida cotidiana, por lo que se pidió a instituciones y particulares que empezaran a incorporarlo de inmediato a la documentación. Las Palmas —ya de Gran Canaria— se acomodó sin demasiada resistencia a una denominación que no sonaba nueva.

Eso decían, al menos, las explicaciones oficiales. El BOE recogió el cambio en septiembre de 1940, aunque detrás había un contexto más amplio.

Fragmento del BOE donde se oficializó el cambio de nombre de Las Palmas.

Fragmento del BOE donde se oficializó el cambio de nombre de Las Palmas. / LP/DLP

El contexto político

Las Palmas venía de anexionarse a su vecina San Lorenzo —más extensa incluso que la propia capital—, en una operación que respondía tanto a la necesidad de crecer en población como al deseo de ganar peso en el archipiélago. Meses después llegó el cambio de nombre, casi como una pieza más de la misma estrategia política.

En 1927, tras décadas de presión social, se había conseguido la división administrativa de Canarias en dos provincias. Desde entonces, Las Palmas ya no era solo una de las principales ciudades del archipiélago, sino también cabeza visible de una provincia, y ese nuevo papel empujaba a reforzar su imagen institucional.

Lo habitual en España es que una provincia comparta nombre con su capital. En Canarias también se seguía la norma con Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, hasta el cambio que convirtió a los grancanarios en excepción. En ese proceso pudo influir también, aunque de forma indirecta, el espejo de la provincia vecina y de su capital.

Como señala el cronista oficial de la ciudad, Juan José Laforet, ya en el siglo XIX había sectores que se inclinaban por la fórmula Las Palmas de Gran Canaria, aunque entonces pudiera parecer demasiado extensa. Quizá pesaran tanto ese afán de diferenciación como la sonoridad y el empaque de nombres más largos y solemnes, como Santa Cruz de Tenerife o San Cristóbal de La Laguna. Sonaban más a capital que Las Palmas. Además, añadir el nombre de la isla subrayaba ese vínculo.

De forma curiosa, el propio decreto de 1927 que dividió Canarias en dos provincias hablaba de la capital como Las Palmas, pero el Boletín de la Provincia de Las Palmas llevaba en su portada la fórmula Las Palmas de Gran Canaria como lugar de impresión, mucho antes de que el cambio se oficializara.

El nuevo nombre quedó tan asentado que hoy muchos creen que la ciudad siempre se llamó así. Sin embargo, en el uso cotidiano ha seguido imponiéndose Las Palmas a secas. Tal vez aquello de que Las Palmas de Gran Canaria era un nombre demasiado largo, aunque más solemne, no fuera del todo falso. Eso sí, la confianza suele acortar los nombres.

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