Cultura y Solidaridad
El librero que conserva pequeños tesoros: la historia de una escondida tienda de Las Palmas de Gran Canaria
La venta de libros de segunda mano en la librería de la Obra Social, en la calle San Marcial, con precios entre 1 y 6 euros, recauda fondos para las personas acogidas en su Casa-Hogar

La Provincia / José Carlos Guerra
Una colección de obras dramáticas y líricas de José Zorrilla, un ejemplar de H.G. Wells, menos conocido que sus títulos de ciencia ficción y que suponen un auténtico manual de divulgación histórica fechado en 1920 o la primera y segunda parte de ‘Guzmán de Alfarache’, de Mateo Alemán, escrito en 1619 y considerado uno de los precursores de la picaresca española.
Son solo tres pequeños tesoros que se encuentran en las estanterías de la librería de la Obra Social, en pleno centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria, a un costado de la Catedral de Santa Ana, en la calle San Marcial.

Librería de la Obra Social / José Carlos Guerra
Su librero, Jorge Benítez, abre las puertas del establecimiento con una acogedora sonrisa, la de quien se sabe el guardián de tal preciadas lecturas. Aficionado a los libros, comenzó a crear su propia biblioteca siendo muy joven, comprando ejemplares en tiendas como las que hoy custodia, de segunda mano, hasta que llegó a la de la Obra Social desde hace siete años como voluntario.
El rincón del lector y las donaciones
«Los tomos de Zorrilla son una peculiaridad porque se sacaron de manera póstuma, de hecho falta uno, pero aquí solo tenemos tres». Desglosa con cuidado y esmero cada dato y detalle. «Son de tapa dura, envejecidos, ribeteados en oro. En aquella época tener un libro como este era un símbolo de estatus, algo solo al alcance de la burguesía».

Librería de la Obra Social, en imágenes / José Carlos Guerra
El librero explica que ejemplares como estos llegan a través de donaciones. «Nos llaman particulares, bien porque se van a mudar o porque ya no tienen hueco en casa o porque su familiar -el verdadero dueño de los libros- ha fallecido y no saben qué hacer con ellos».
A veces, continúa, se desprenden de ellos «porque se dan cuenta que no pueden sacar tanto dinero como creían»; otras, porque desconocen el valor cultural de lo que tienen entre manos o, simplemente, «porque no están interesados en la literatura», lamenta. «Muchas veces vamos a buscarlos a las casas y entre bolsas y cajas te encuentras auténticas joyas».
Muchas veces vamos a buscarlos a las casas y entre bolsas y cajas te encuentras auténticas joyas
Una vez en la tienda, la forma de catalogarlos está cargada de iniciativa autodidacta y de curiosidad. «Con Calderón de la Barca fue la primera vez que llamé a algunas de las librerías más antiguas de Madrid hasta que di con un librero que me guió sobre la forma correcta de hacerlo, teniendo en cuenta tanto la fecha de creación como la de encuadernación».
Con él, y con la ayuda de la responsable de la tienda de antigüedades de la propia Obra Social, ha logrado fijar baremos para los precios, pero la mayoría oscila entre 1 y 6 euros, algunos llegan a los 12, «pero sigue siendo más barato que comprar unas playeras».
Las «joyas» que llegan son contadas, pero muy valiosas. «Hubo uno de matemáticas, con más de 200 años, que se lo llevaron por varios miles de euros», añade con emoción. Otras han llegado a venderse por 400 euros. El resto, la mayoría de los títulos, están al alcance de todos los bolsillos.
Beneficios para la Casa-Hogar
Ventas que no tienen ánimo de lucro y que van íntegramente destinadas a los servicios que brinda la oenegé. «Todo va a la Casa-Hogar, donde ahora mismo pernoctan 100 personas. Ese dinero se convierte en comida, agua, medicamentos, ropa y asistencia médica para ellos».
Los precios oscilan entre 1 y 6 euros, algunos pueden llegar a 12
En la esencia de coger un libro y pasar sus páginas, adentrándose en el relato, hay algo de romanticismo, y de desconexión, más si cabe en una era tan digital como la actual. «Yo invito a soltar los móviles y a alejarse de las pantallas; leer un libro, el que sea, pero leer».
A Jorge le ha valido, como le sucede a la mayoría de los lectores, para imaginar mundos y desarrollar su propia curiosidad. Una invitación que queda abierta, como la puerta de la librería que invita a entrar.
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