Educación
Tres niñas en silla de ruedas llevan meses sin ascensor en un colegio adaptado para discapacidades motoras de Canarias
El CEIP José Pérez y Pérez tiene un montacargas obsoleto que impide a las menores acudir a clase con normalidad
La Consejería de Educación aclara que próximamente se instalará un ascensor

De izquierda a derecha, Cristina, Carolina y Yanira, madres de tres menores con discapacidad del centro / José Pérez Curbelo

Acudir a clase puede convertirse en un reto diario cuando los colegios no cuentan con las infraestructuras necesarias para su alumnado. La situación se agrava en el caso de tres niñas en silla de ruedas que van al CEIP José Pérez y Pérez, en Las Palmas de Gran Canaria. A pesar de ser un centro preferente para discapacidades motoras, nunca ha tenido un ascensor en condiciones: llevan 20 años dependiendo de un montacargas que se estropea de forma recurrente y que no funciona desde febrero, impidiendo que las niñas reciban clases con sus compañeros en igualdad de condiciones. Esto no solo afecta a las tres menores en silla de ruedas, sino también a otros estudiantes que utilizan andador o tienen movilidad reducida.
Respuesta institucional
La Consejería de Educación aclara que el proyecto para instalar un ascensor se encuentra en fase de licitación, cuya implementación definitiva podría demorarse "unos meses". En cualquier caso, el gobierno autonómico señala al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria como responsable del mantenimiento de las instalaciones, ya que se trata de un centro de titularidad municipal. El Consistorio, por su parte, no ha ofrecido declaraciones al respecto.
Años de parches sin soluciones definitivas
Los padres y madres de los menores llevan años movilizándose para exigir soluciones a largo plazo y un ascensor que cumpla con la normativa. Hasta ahora, aseguran que solo se han puesto parches que podrían alimentar la segregación de los niños y niñas con discapacidad, ya que en algunos casos se les está dando clases por separado, en la sala de profesores o en el aula de psicomotricidad.
Cristina Alejandro Batista e Iván Carlos Jiménez Santana son los padres de una de las usuarias de silla de ruedas. Desde que no funciona el montacargas, Cristina acude al centro tres días a la semana para subir y bajar a su hija en brazos por las escaleras, varias veces al día, para que pueda recibir clases e ir al recreo con los demás. "Traigo a mi hija a otro colegio separada de sus hermanos y encima no puede estar con sus compañeros", subraya la madre.
Sin baños adaptados en la planta baja
Al igual que la hija de Cristina, los niños de Yanira Kassen González y Carolina Karsties Barbieri acuden a este centro porque los colegios que les corresponden por zona no reúnen las adaptaciones necesarias para atender a menores con discapacidad motora. Matizan que "hay calidad humana y el equipo directivo se ha movido una barbaridad", por lo que el único problema es el montacargas "obsoleto", cuyas averías se dilatan cada vez más en el tiempo ante la dificultad para conseguir recambios.
El ascensor es especialmente necesario para las sillas eléctricas –que pueden llegar a pesar unos 120 kilos– porque no hay baños adaptados en la planta baja. Esto implica que un niño o niña con problemas de movilidad tenga que aguantar sus necesidades un tiempo excesivo mientras se realizan aparatosos traslados a las plantas superiores.
Segregación por la falta de accesibilidad
Las medidas provisionales que se han tomado hasta ahora conllevan la pérdida de espacios necesarios para el centro, como es la sala de psicomotricidad, mientras se acentúa el aislamiento de los menores con discapacidad. Además, las madres destacan que se estuvieron barajando otras alternativas que serían aún peores, como habilitar Aulas Enclave en módulos diferenciados. "No puede ser que tengamos a unos niños apartados. La inclusión es obligatoria", sentencian.
A la espera que de que se resuelva la situación, las madres relatan que sus hijos se han quedado "muchas veces sin hacer actividades con sus compañeros", a lo que añaden: "La accesibilidad es muy importante porque dejan de ir a los patios, dejan de hacer actividades y dejan de estar integrados con su grupo".
Una situación "insostenible"
Este es un problema que esperaban haber solucionado hace meses, pero la incertidumbre continúa alargándose. De hecho, rememoran que este año no hubo campus de verano porque estaba previsto que, durante esos meses, se realizarían las obras para instalar el ascensor.
Tras años acumulando parches y "haciendo de tripas corazón", aseguran haber llegado a un punto "insostenible" que no saben cuándo se resolverá: "Estamos demandando una solución duradera que implique unas garantías de seguridad. Es muy triste que tengamos que exponernos para que se entere el Ayuntamiento de que lo que estamos pidiendo no es un lujo; estamos pidiendo un derecho de nuestros hijos".
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